viernes 29 de febrero de 2008

Qué es la Sociedad, Género y TIC

QUE ES LA SOCIEDAD
Marta Harnecker ha dedicado su vida al estudio, la investigación y la divulgación de la teoría marxista de la sociedad. Sin embargo, ella se siente, por sobre todo, una pedagoga popular. Una prueba de esto son los famosos Cuadernos de Educación Popular durante el gobierno de la Unidad Popular en Chile. Según las palabras de Harnecker “se trató, en primer lugar, de un esfuerzo pedagógico por entregar a los trabajadores el conocimiento del marxismo-leninismo con una exposición tan clara y razonada que impidiera la memorización y la repetición mecánica de los conocimientos adquiridos”.
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Género y Tecnologías de la Información y la Comunicación
Las percepciones comunes acerca de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), especialmente Internet, son sumamente positivas en aquellos casos en que tienen sólo implicaciones técnicas y no sociales. La realidad es que grandes cantidades de personas están excluidas de los beneficios de estas tecnologías, en particular quienes carecen de la necesaria infraestructura, de habilidades, instrucción y conocimiento del idioma dominante en Internet–el inglés. Las mujeres y las personas pobres y de áreas rurales tienen más probabilidades de estar ubicadas en este grupo. Aun así, ha habido intentos orientados a hacer que los beneficios de las TIC sean más ampliamente accesibles, utilizar las TIC para empoderar a las mujeres y otras personas, como también familiarizarse con el entorno político que establece los términos para el control de estas tecnologías. En esta Colección son introducidos esos intentos en relación con el género.
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Imaginemos una Vida sin Violencia
Un monzón en el desierto. A través de fuertes vientos y remolinos de arena, vemos la imagen de una recién nacida. La imagen va cambiando para convertirse en la de una niña, luego en la de una mujer joven y después en la de una mujer de edad avanzada. La mujer nos mira a los ojos al tiempo que el narrador se pregunta: “¿Por qué? Si en todas las partes del mundo las mujeres son más numerosas que los hombres, ¿por qué en el sur de Asia ya han desaparecido 74 millones de mujeres...?“ La imagen es impactante, las estadísticas espeluznantes. Y, en sólo treinta segundos, este Anuncio de Servicio Público resalta de manera conmovedora y dramática, el elevado número de mujeres que en esta parte del mundo no llegan a completar su ciclo de vida porque son víctimas de la violencia contra la mujer.
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miércoles 27 de febrero de 2008

Mediocracia...

Cómo nos afecta la Mediocracia
Neto Rivas Gallont

Solamente COLATINO ha publicado algo sobre la conferencia que el pasado viernes dio el Dr. Ángel García Castillejo sobre el efecto de la mediocracia en las democracias latinoamericanas, en la Universidad Nacional, invitado por la APES.

García Castillejo ha sido consejero de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones de España y asesor del Secretario de Estado de Comunicación (España) en materia de medios de comunicación.

La “mediocracia”, sostuvo el conferencista, es “el poder de los propios medios de comunicación… una versión actualizada de la oligocracia, el poder de unos pocos respecto de las mayorías”, que puede afectar la democracia de un país.

Refiriéndose a El Salvador, dijo que hay “…una posición bastante beligerante de los medios de comunicación mayoritariamente en manos de lo que tradicionalmente han sido las oligarquías, las burguesías locales y que de una forma se posicionan y se alinean con aquellas formaciones políticas con las cuales se sienten más afines”, lo que permite entender la existencia de medios, en particular prensa escrita, que están en manos de los sectores empresariales, con una línea editorial “conservadora o neoliberal”.Parecería que el Dr. García Castillejo tiene razón en su evaluación de los medios en el país. En otros lados, Venezuela por ejemplo, la discusión se ubica en el ámbito de la relación entre el poder político y los medios de comunicación y ante una realidad actual donde mediocracia y democracia convergen en la búsqueda del poder.

Ese no es el caso en El Salvador, donde hay marcada afinidad entre los grandes medios, sobre todo escritos, con el gobierno. En la radio y televisión existe un mayor grado de independencia.

Este innegable predominio e influencia de los medios de comunicación que trasciende lo mediático y se proyecta a lo económico y lo político provoca que la democracia en nuestros días se denomine mediocracia.

Buscando en Internet encontré interesantes las afirmaciones del columnista Pablo Antillano cuando distingue entre democracia y mediocracia. Paso a referir algunas de ellas al entender que sobrepasan todos los límites políticos y geográficos:- En democracia, la justicia la imparten los jueces y los tribunales; en la mediocracia, son los medios los que absuelven y condenan.-En la justicia de la democracia, el acusado tiene derecho a un defensor y es inocente hasta que se pruebe lo contrario; en la mediocracia, la imagen es acusadora, prueba y verdugo, y la condena es irreparable e inapelable.- En la democracia los medios dicen lo que los ciudadanos piensan; en la mediocracia, los ciudadanos dicen lo que los medios piensan.-Para la democracia, los individuos son ciudadanos; para la mediocracia, son audiencias.- En la democracia se valoran los contenidos; en la mediocracia, los titulares.- En la democracia la información es una cosa, la opinión es otra y la propaganda otra; en la mediocracia no hay fronteras.

Para ser sincero, en mi evaluación de los medios, las percepciones de Pablo Antillano no se aplican, salvo en uno o dos medios escritos, de televisión y radio. Hay también marcadas preferencias mediáticas hacia la izquierda. A ellos también se les aplica el término.

El advenimiento de Internet y sus derivaciones, como son los Blogs, se han abierto ventanas que nunca antes existieron desde las que cualquiera con acceso a Internet puede opinar. Y ya se ha visto cómo esas opiniones se escuchan en los lugares donde se toman las decisiones importantes para el futuro del país.

Pero también en los Blogs hay algunos a quienes la concepción de mediocarcia de Antillano se puede aplicar. El nuestro, afortunadamente, no es uno de ellos.



García Castillejo: La “mediocracia” está afectando a Latinoamérica

Ángel García Castillego, expone el tema La Democracia y Libertad de Expresión, en el local de la APES. Foto: Beatriz Menjívar.

Iván Escobar
Redacción Diario Co Latino

La falta de medios de comunicación públicos que permitan informaciones a sus audiencias equitativa y transparente; y el aumento de la “mediocracia” en América Latina, son algunos de los problemas que las sociedades del continente enfrentan. Esta es la conclusión a la que llega, Ángel García Castillejo, doctor en jurisprudencia y experto en derechos de libertad de expresión e información.

García Castillejo ha sido consejero de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones de España; asesor del Secretario de Estado de Comunicación (España) en materia de medios de comunicación, durante la presidencia del gobierno de abril de 2004 a diciembre de 2005.

La semana pasada estuvo en El Salvador como profesor invitado en el doctorado de comunicación de la Universidad de El Salvador (UES). El viernes, García Castillejo participó en un conversatorio con docentes universitarios, estudiantes y periodistas. “Democracia, libertad de expresión y elecciones. Regulaciones en Europa a la campaña electoral”, fue el título del foro organizado por la Mesa de Comunicación del Diálogo Social Abierto, la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) y el Sindicato de Periodistas y Similares de El Salvador (SINPESS).

Serafín Valencia, presidente de APES, destacó la importancia de esta actividad, en momentos en que El Salvador vive un ambiente electoral de cara los comicios de 2009, y en donde la prensa forma parte importante en este proceso democrático.

García Castillejo enfatizó que uno de los grandes problemas en el continente Americano, en materia de libertad de expresión o los llamados “derechos y libertades de comunicación pública”, es por la “mediocracia”, que dice es “el poder de los propios medios de comunicación… una versión actualizada de la oligocracia, el poder de unos pocos respecto de las mayorías”, que puede afectar la democracia de un país.

En un análisis general y de acuerdo a la situación actual que los medios de comunicación juegan en las sociedades y en particular en aquellas, que están envueltas en procesos electorales, García Castillejo destaca la necesidad de un periodismo menos ideologizado y que la sociedad luche por sus derechos. El problema, insiste, es la existencia “de una oligocracia muy ligada y detentora, propietaria de los grandes medios de comunicación que conforman la opinión pública, la opinión política de nuestros países, es un grave riesgo, para la salud democrática de nuestros países…”.

Por lo tanto, agrega que “…en el caso del periodismo y la comunicación nos encontramos en una situación (en que) la independencia de la prensa, de los medios de comunicación se termina concretando en el periodista individualmente visto”. Lo cual plantea un reto “que los periodistas se vean protegidos constitucional y legalmente para que sea efectivo el ejercicio libre e independiente de su profesión”.

De ahí la importan de normativa legal que acuerpe al comunicador, como en Europa, donde hay toda una legislación y normas sobre las cuales los profesionales desarrollan su función.
Esa debe ser la aspiración en estos países, como El Salvador, donde si bien hay una Constitución de la República, que garantiza el derecho de Libertad de Expresión, poco o nada se hace por garantizarlo. Además, dijo que “hay algo que frente a la realidad de los medios en Europa, es un denominador común en América, pero con una especial coincidencia en Latinoamérica, la carencia de medios de comunicación público…”.

García Catillejo reiteró que mientras en Europa, “seguimos disfrutando” de radios y televisiones públicas, “que ofrecen y garantizan un medio de comunicación para el conjunto de la ciudadanía, para el conjunto de las opciones con posiciones neutrales e independencia respecto de los gobiernos de turno y garantizan un acceso a medios de comunicación tan influyentes como son la radio y la televisión al conjunto de las distintas opciones sociales y políticas de cada país, en América … nos encontramos grupos o empresas de comunicación de radio y televisión de carácter público, pequeños o en muchos casos reducidos al ámbito de la televisión o de la radio educativa, con niveles de audiencia bajos y medios precarios”.

Con respecto a El Salvador, dijo que hay “…una posición bastante beligerante de los medios de comunicación mayoritariamente en manos de lo que tradicionalmente han sido las oligarquías, las burguesías locales y que de una forma se posicionan y se alinean con aquellas formaciones políticas con las cuales se sienten más afines”, lo que permite entender la existencia de medios, en particular prensa escrita, que están en manos de los sectores empresariales, con una línea editorial “conservadora o neoliberal”. “Por otro lado, en el sector de la radio y televisión, no nos encontramos con la presencia de empresas públicas, de capital independiente no dependiente de los gobiernos y de todo ello, se termina configurando una situación de fuerte descompensación en el sistema de medios que no se corresponde a las realidades sociales y políticas”, expresa.

Todo esto considera que son elementos que no permiten dar elementos a la sociedad para que sea ésta quien tome sus propias decisiones.


Mediocracia y hermenéutica
Escribe: Enrique Dussel A.

Hermenéutica en griego significa "interpretación". En política la interpretación del sentido de la acción de un político o una obra del mismo permite formarse una opinión sobre dicho actor. La opinión llega a concluir que es una acción justa, una institución necesaria, un personaje honesto, o lo contrario. Gracias a esa interpretación el ciudadano puede tomar sus decisiones de elegir o no a un candidato, de aprobar o desaprobar una acción política o la obra de un gobernante. En la tradición política dicho juicio interpretativo político se llamaba la "opinión pública".

A finales del siglo XVIII también en México surgieron gacetas, pequeños periódicos y diarios donde dicha "opinión pública" enfrentaba a las monarquías absolutas en nombre de la burguesía creciente, y gracias a ello se formuló el derecho a la "libertad de prensa". El movimiento obrero usó también de inmediato ese medio para luchar por sus justos intereses. Dicho derecho a la libertad expresaba un momento central de la naciente democracia burguesa que enfrentaba al Estado, que frecuentemente ejercitaba el poder de manera despótica. La "libertad de prensa" era una garantía de los derechos ciudadanos.

Hoy la situación se ha invertido. Estando los medios de comunicación (televisión, radio, prensa) en gran medida en manos de capitales privados o de trasnacionales de la comunicación, para las cuales el objetivo de los medios es el "divertimento" (el pan y circo para un pueblo romano en tiempos del imperio), y no la "educación", porque el contenido de la comunicación no es considerado un medio de cultura, sino una mercancía que se vende al mejor postor. En realidad, la gran televisión vende tiempo de programas en gran medida superficiales y fetichizados que son pagados como propaganda por los capitales en competencia para informar o formar la opinión de los compradores en el amplio mercado que abren dichos medios de comunicación. De manera que éstos han dejado de ser expresión de la "opinión pública" (y mucho menos política), para transformarse en formadores o conformadores de la "opinión pública", pero no como una comunidad política, sino como una pluralidad de compradores, es decir, mercado.

En otro tiempo el ciudadano enfrentaba al Estado gracias a la "libertad de prensa". Ahora la "libertad de los medios de comunicación" ataca a la "opinión pública" (como mercado) conformando sus juicios, sus interpretaciones, sus gustos a los productos del mercado de los capitales que pueden pagar la propaganda (en la que consisten los programas de televisión, radio, etcétera). ¿Y quién defiende ahora al ciudadano, a la comunidad, al pueblo? ¿Quién expresa la opinión de los ciudadanos?

Pero la situación empeora cuando los medios de comunicación comprenden que para mejorar su negocio necesitan ayuda de los gobiernos. Los medios se lanzan a la obtención del poder político como un medio para asegurar el monopolio (ante otros competidores como los medios alternativos, las universidades, etcétera) para aumentar sus ganancias. Así nace la mediocracia (el poder político de los medios), que en vez de enfrentar al Estado en nombre de los ciudadanos, enfrenta ahora a los ciudadanos (como mercado) con la complicidad del Estado (cuando el gobierno no representa a los ciudadanos, sino a las elites políticas en complicidad con el gran capital).

¿Qué pueden ofrecer los medios a los políticos corruptos? Pueden ofrecer, nada menos, la posibilidad de formar o conformar la "opinión pública" (que de política es tratada como mercado). La mercadotecnia que impone a la Coca-Cola sobre la Pepsi-Cola puede igualmente imponer un partido sobre otro, un candidato sobre otro, piensan ellos.

Como la política, en última instancia, es interpretación (hermenéutica) de los hechos, de las acciones, de las personas, de las instituciones políticas, es decir, son juicios de valor políticos, quien gana la interpretación de la realidad triunfa en política. Si se logra relacionar la imagen de un candidato, y es muy fácil y frecuente hacerlo, con otra imagen autoritaria, con un acto de corrupción, con lo demagógico, etcétera (simplemente colocando su imagen junto a otras imágenes, sin que sea necesario agregarle ninguna expresión verbal que habría que probar), al final receptor, televidente, público (mercado político) se forma por contigüidad, por semejanza o causalidad (diría D. Hume) un juicio de valor negativo sobre tal persona. Las imágenes culpabilizan sin necesidad de probar el juicio de valor subyacente. Así, los medios se transforman en mediocracia, porque constituyen el juicio de los ciudadanos sobre todos los eventos políticos.

Cuando la mediocracia es además monopólica en el proceso hermenéutico político, se transforma en un superpoder que controla a todos los poderes. Cuando el Estado le concede ese monopolio para garantizar que dicho superpoder se use para cumplir con fines de una elite en el poder no sólo se corrompe el Estado, sino que igualmente se pervierten los medios de comunicación. Lo peor es que el ciudadano ya no goza de los beneficios de la "libertad de prensa", tan justa y necesaria, sino que es usada en su contra.

Por ello nace ante nuestros ojos un nuevo derecho que hay que luchar por su reconocimiento. Lo denominaré "el derecho a la información veraz". Es decir, el ciudadano, la comunidad política, el pueblo, tiene derecho a ser "bien informado". Tiene derecho a tener diversas fuentes de información sin monopolios de algunas trasnacionales del negocio de la comunicación. Tiene derecho a tener medios de comunicación alternativos que se propongan la finalidad ética, honesta y justa de la comunicación: la educación del pueblo, con programas atractivos y de excelente nivel, con debates de altura, con intervención de las universidades en su programación (como las televisiones en Alemania, Francia e Inglaterra, donde los medios de comunicación son mayoritariamente públicos, donde la propaganda es mínima, donde la información de los partidos políticos es proporcional, en horas estelares y gratuita).

Entregar la tarea de la interpretación política a la mediocracia en manos de corporaciones, cuya finalidad es el lucro, es el suicidio político y cultural de un Estado, de un pueblo. ¡Los que por objetivos de corto plazo propagandístico entregan a la mediocracia el monopolio de la educación del pueblo y el manejo de la interpretación del acontecer político de un país, además de inmorales, son corruptos, y no podrán esperar que las generaciones futuras recuerden sus nombres honorablemente!

Tomado de La Jornada, 30/03/2006.

Una rigurosa investigación que descubre el complot de la prensa española contra Venezuela

Pascual Serrano
Rebelión

Hace ya un par de años, un académico venezolano me comentaba que un periodista extranjero le había preguntado si existía libertad de expresión en su país insinuado así su crítica al presidente Hugo Chávez. El académico le respondió: "No, no la hay, la han secuestrado los medios de comunicación".

Y es lo que yo creo que está pasando en cada vez más países con la libertad de expresión y el derecho a la información. No lo hay, lo han secuestrado los medios de comunicación.

Por eso yo creo que el principal reto para enfrentar esa situación es desnudar sus mentiras. Como además en algunas cuestiones sus campañas de intoxicación llegan hasta la éxtasis, debemos señalar todo lo fuerte que podamos con nuestro dedo acusador dónde están mintiendo. Eso, algunos lo intentamos hacer con guerra de guerrillas. Un texto de urgencia al día siguiente de un editorial miserable y falso, media docena de perlas que es como sacarles la lengua y decir “te pillé”... Es algo así como ir por la vida con una honda y cuando podemos les tiramos un cantazo ideológico lanzado con la fuerza de la verdad, siempre con la fuerza de la verdad, porque es el arma que a nosotros nos sobra y ellos no utilizan.

Luego están los tipos serios que investigan, siguen durante años los comportamientos informativos, van tomando notas y notas, fuentes, citas, fechas, cuadros comparativos. O sea, hacen un riguroso trabajo de investigación que dejará una cicatriz en la credibilidad de los medios para toda la vida. Eso es lo que ha hecho Manuel López Calvo con este libro. Un trabajo serio, y no lo que hacemos los periodistas, que, o mienten al servicio de sus empresas de comunicación, o sólo lanzamos un canto en la honda con la fuerza de la verdad de vez en cuando.

Y es que el caso de Venezuela, lo he dicho en muchas ocasiones, es el más clamoroso. Allí, a los medios de comunicación, les ha pasado como al criminal que se confía tanto que al final terminan pillándole. Y Manuel López Calvo les ha pillado. Por eso hay que hablar de este libro, y publicarlo por supuesto, como ha hecho la Diputación de Málaga, porque hay que decir a los cuatro vientos que les hemos pillado.

Existe una versión precipitada de esta obra y también una versión venezolana de esta obra. La primera sería “Periodismo y crimen. El caso Venezuela Abril 2002”, editado por Hiru. Una recopilación de textos urgentes editada a los pocos día del golpe de Estado del 2002, destapando el papel de los medios de comunicación. La versión venezolana se titula "Venezuela golpeada. Mediocracia contra democracia", del académico venezolano Luis Britto García. Otra persona que hace cosas serias como Manuel, porque no es periodista. En él explica cómo se informaba en Venezuela de todos estos acontecimientos. Yo decía hace un año sobre este libro, el de Luis Britto, que en Venezuela se ha acentuado hasta la exageración lo que nos puede suceder con la libertad de expresión y el derecho a la información en los países bajo regímenes de democracia representativa y economía de mercado: su secuestro por las elites mediáticas al servicio de una oligarquía empresarial local y un conglomerado de multinacionales. Y Manuel López Calvo lo que demuestra es que no es que pueda suceder, sino que está sucediendo.

Esta obra, como supongo que ya sabrán, es el seguimiento de la prensa española en cinco periódicos, tres nacionales y dos de difusión local, sobre los principales acontecimientos venezolanos que han llevado a este país a protagonizar la agenda informativa: el intento de golpe de Estado del 11 de abril del año 2002, el paro petrolero del final de ese año y el referéndum revocatorio de agosto de 2004. Un seguimiento que desvela la manipulación, la mentira, el engaño y la miseria constante –y sonante porque hay muchas razones económicas de por medio- que deben sufrir los españoles cuando se les dice informar sobre Venezuela y el gobierno de Hugo Chávez.

El resultado del panorama informativo es "el intento de sustituir la democracia por un nuevo modelo político, en el cual los mediadores son suplantados por los medios". Ese es el modelo ya dominante en Venezuela y fuera, lo que sucede es que en la cuestión venezolana ha llegado hasta la caricatura. En nuestros países son los medios los que marcan la agenda de actualidad, los discursos predominantes, los enfoques oportunos, los líderes políticos adecuados, los líderes de opinión seleccionados y las movilizaciones populares convocadas y, posteriormente, informadas. Sobra el ciudadano, el político y el intelectual. O mejor dicho, no sobran, ellos los elegirán. Es lo que según afirma el columnista Pablo Antillano se llamaría "mediocracia". Vale la pena reproducir algunos fragmentos de los "profundos cambios hacia la mediocracia que se van produciendo en la sociedad que conocemos", según Antillano:

"- En la democracia, la justicia la imparten los jueces y los tribunales; en la mediocracia, son los medios los que absuelven y condenan.
- En la democracia, la verdad surge de los hechos y el análisis; en la mediocracia, la verdad la tiene el que muestre más vídeos.
- En la justicia de la democracia, el acusado tiene derecho a un defensor y es inocente hasta que se pruebe lo contrario; en la mediocracia, la imagen es acusadora, prueba y verdugo, y la condena es irreparable e inapelable.
- En la democracia, los líderes son construidos a punta de obras y valores, en la mediocracia son construidos por asesores de imagen.
- En la democracia, los líderes van a las comunidades; en la mediocracia, van a los programas de opinión.
- En la democracia, los medios dicen lo que los ciudadanos piensan; en la mediocracia, los ciudadanos dicen lo que los medios piensan.
- Para la democracia, los individuos son ciudadanos; para la mediocracia, son audiencias.
- En la democracia se valoran los contenidos, en la mediocracia, los titulares.
- En la democracia la información es una cosa, la opinión es otra y la propaganda es otra; en la mediocracia no hay fronteras.
- Para la democracia una masacre es un hecho luctuoso; para la mediocracia, es un espectáculo interactivo, una telenovela por entregas.
- En la democracia, los periodistas van tras los personajes; en la mediocracia, los personajes persiguen a los periodistas.
- En la democracia, un golpe toma Miraflores (palacio presidencial venezolano); en la mediocracia toma una señal de televisión.

(Pablo Antillano: "La mediocracia")

El autor de estas reflexiones dejó de tener cobertura por los medios de comunicación a principios del 2003, varios meses después de escribir esto.

Pero además este es un libro inacabado porque, como se ha podido observar con las elecciones legislativas de este mes de diciembre, la campaña contra Venezuela sigue. Y los periodistas alternativos también continuaremos con nuestra honda lanzado acusaciones y desvelando mentiras, y Manuel López, tomando notas claro está, para hacer un libro serio.

Y aún así, Manolo ha sido muy buena persona, porque hay una prueba que deja a los medios más en evidencia, que es la noticia comparada. Algo que no le ha sido necesario utilizar a Manuel López en este libro porque las mentiras se ven solas. Por ejemplo ahora se puede contrastar lo que se dice de las elecciones egipcias con partidos políticos prohibidos, mil detenidos, una decena de muertos por la policía y lo que se decía de las venezolanas. O como se laminan y derrocan gobiernos en Serbia, Georgia, Ucrania y Kirguizistán mediante “revoluciones coloristas” teledirigidas desde Washington.

Y mientras se satanizan gobiernos como el sirio, el iraní, el venezolano o el cubano, se aplauden el paquistaní, el jordano o el marroquí.

Fijaos como en el Líbano matan a un periodista, sale durante tres días el asunto en televisión, entierro incluido, se le echa la culpa al gobierno del país del al lado (Siria) y se pide una investigación de la ONU. En Colombia los periodistas mueren por decenas, nunca hemos visto el entierro de uno de ellos en televisión, no se hace ninguna referencia a la relación del gobierno colombiano con los paramilitares que los asesinan y, por supuesto, nadie nombra ninguna investigación de la ONU. El colaborador de Rebelión Koldo, recurre con frecuencia a una ficción muy elocuente que suele titular “Si hubiera sucedido en Cuba”. Imagínense si en Cuba murieran decenas de presos en un motín como sucede todos los meses en el resto de países de Latinoamérica, si hubiese una manifestación reprimida por la policía como en cualquier lugar del planeta, si allí los policías fueron con esa apariencia de ninjas que tienen los del resto del mundo. O si La Habana amaneciese con una docena de pintadas contra Castro como aparecen todos los días en todas las grandes capitales del mundo contra sus gobiernos.

Miren el escándalo de las declaraciones del presidente de Irán, que lo que ha dicho es que si tanto remordimiento tiene Europa por el trato que le dio a los judíos en el holocausto, pues que hubieran creado una nación judía en Europa y no en el corazón del mundo árabe.

Y voy de nuevo a Venezuela y a Cuba. Lo tengo que relacionar con Cuba porque los que vilipendian y llaman dictador y déspota a Chávez, son los que acusan a Cuba de no celebrar elecciones y no tener pluralidad de partidos, ni medios de comunicación privados. Todo eso lo tiene Venezuela y le caen las mismas tortas, luego no es eso lo que les molesta. Les moleta que esas empresas dueñas de medios de comunicación vía accionariado o vía anunciantes, no puedan hacer allí los negocios que hicieron en Argentina, en Chile, en México y en todos los países donde gobiernan los amigos del neoliberalismo. Esto también lo cuenta en su brillante y amplia introducción Manuel López Calvo. Porque este libro no es una crítica de los medios de comunicación solamente, es una disección de cómo funciona la economía mundial y cómo hace funcionar a los medios.

Pero yo soy de los que piensan que una vez que analicemos la sinvergüencería que hay en estos medios de comunicación, la denunciemos y la desnudemos, tenemos que lograr no salir deprimidos. Y creo que también el caso venezolano nos es de gran ayuda. La gran pregunta es, ¿cómo les ha ido en estos años a los medios en su operación contra Venezuela?

Nuestro libro analiza los tres momentos históricos que hemos señalado anteriormente: golpe de Estado, paro petrolero y referéndum revocatorio.

Sin duda el gobierno de Hugo Chávez no sólo ha vencido en cada una de esas embestidas sino que ha salido más reforzado dentro de su propio país. Pero es que yo diría que fuera, y a pesar de las campañas que tan detalladamente se diseccionan en el libro de López Calvo, el proyecto bolivariano se ha crecido en cada uno de estos combates. Por ejemplo, en las fechas del golpe, el conocimiento de la política gubernamental venezolana era mínimo entre la izquierda internacional. Yo recuerdo que publiqué en diciembre del año 2001 algo en Mundo Obrero y mis compañeros me ponían cara de decirme de dónde sacaba yo que ese militar golpista de Venezuela era de los nuestros. Incluso no hubo una reacción rápida al golpe entre la izquierda española, el comunicado de IU, por ejemplo, fue muy tibio. Sin embargo, al desvelarse aquella trama, ver quien lo apoyó y descubrirse la movilización en defensa de Chávez, la izquierda mundial empezó a entender algo de lo que estaba sucediendo. La prueba más palpable es que un año después se conmemoraba la victoria sobre el golpe en lo que se llamó I Encuentro de Solidaridad con la Revolución Bolivariana y allí estaban Jaime Caycedo (secretario general del Partido Comunista Colombiano), Gladys Marín (secretaria general del Partido Comunista de Chile), Evo Morales (líder del MAS boliviano), Ricardo Alarcón (presidente del Parlamento cubano), Cahutemoc Cárdenas (PRD mexicano), Shafick Handal (secretario general del Partido Comunista de El Salvador), Daniel Ortega (secretario general del Frente Sandinista) y muchos más. IU tenía representantes y desde Francia vino el disidente del partido socialista Jean-Pierre Chevènement. Entre los intelectuales, James Petras, Heinz Dieterich, Marta Harnecker y muchos más. Ese nivel de adhesión manifiesta no hubiera existido sin el golpe.

Y algo parecido sucedió con las otras dos embestidas. Por ejemplo, el referéndum revocatorio, avalado por los observadores internacionales, zanjó una discusión eterna que, como bien señala Manuel López, no cesaba de plantear en los medios que todas las encuestas revelaban que Chávez no contaba con suficiente apoyo y debía dimitir. Incluso fue el propio presidente el que se dio cuenta que era mejor que los opositores ganasen la recogida de firmas y que hubiese referéndum que no hacerlo. Eso de adscribirse los medios en sus afirmaciones la opinión mayoritaria de la sociedad es muy habitual. Yo recuerdo las risas de algunos en la redacción de ABC, cuando veamos esos grandes titulares que decían “Un clamor ciudadano pide que se aumenten las penas de prisión para... “, “Un clamor pide en la calle la dimisión de...”. En la calle no había ningún clamor, ni la gente iba clamando nada por las ciudades, ni había ninguna encuesta para eso, simplemente el director de turno había pensado que debían aumentar las penas para un determinado delito o dimitir algún cargo político.

Pero no solamente fracasan en Venezuela los tres intentos de desalojar a Chávez. En España fracasan las campañas de satanización en la medida en que cada vez va avanzando entre la población española la verdad sobre Venezuela. Lo cual quiere decir algo mucho más importante si cabe, que los medios se van deslegitimando en cada una de esas fracasadas cruzadas. He dicho en varias ocasiones, con motivo de reflexiones sobre los medios de comunicación y el papel de los medios alternativos, que si bien estos últimos no tienen suficiente calidad, constancia y rigor, hay algo en lo que se ha avanzado a un nivel sin precedentes históricos. Y es en dejar en evidencia la mentira de los grandes medios. Esa es una batalla ganada excepcional. Venezuela no es consciente de lo que ha ayudado en todo eso, y proyectos como este libro dejan a los grandes medios tambaleándose.

Pero hay que ir a más. Porque más grave que el extraordinario poder de los medios, es la impunidad absoluta en la que se escudan argumentando la sacrosanta libertad de expresión. Una libertad y un derecho a la información que, como decía el académico que he citado al principio, ellos están prostituyendo constantemente. Para enfrentar esa situación hay que reivindicar el papel de los medios públicos, los cuáles es más fácil someter a sistemas de control democrático, y ojo que he dicho someter. Someter a la voluntad de la ciudadanía. Y no permitir llamar a los privados independientes y a los públicos gubernamentales. Los medios siempre serán dependientes, o de los ciudadanos y de quienes los mantengan económicamente.

Por eso, hay que empezar a apostar por mecanismos de control ciudadano sobre los medios. Ese planteamiento de muchos periodistas que tras nuestra dictadura decían que la mejor ley de prensa es la que no existe, yo no lo comparto. Si algo podemos controlar todavía los ciudadanos en una democracia es la elaboración de las leyes y su acatamiento a ellas de todos los sectores. Los medios privados venezolanos están indignados porque en la Constitución del país se establece el derecho ciudadano “a la información oportuna, veraz e imparcial sin censura”. Organizaciones internacionales al servicio del gran poder como Reporteros sin Fronteras o la Sociedad Interamericana de Prensa están molestos con la presencia de ese derecho. Si hasta Reporteros sin Fronteras expone en sus informes que está preocupado por la libertad de expresión de los medios de comunicación en Venezuela y por la agresividad verbal del presidente Chávez. O sea que la única libertad de expresión que les molesta a ellos y sobre la que hay que intervenir es la del presidente. El Estatuto del Periodista aprobado en España a iniciativa de Izquierda Unida tiene preocupados a los dueños de muchos medios. Afirman que están en contra de ese Estatuto “porque en una sociedad democrática los periodistas deben quedar fuera de la regulación política”. En democracia regulación política es la legislación. Lo que proponen es que los periodistas estén fuera del imperio de la ley, sólo bajo el imperio de sus empresas claro. Porque, por supuesto, también está en contra de la existencia de un consejo de información en el que estén representados los sindicatos y los trabajadores. En cambio no se escandalizan porque exista un sistema de licencias y autorizaciones para poder poner en funcionamiento una emisora de radio o televisión. Pero es que la tendencia será a concentrar poder absoluto en los medios de comunicación. Un poder que sólo obedecerá a un sector social y a un modelo económico y que, además, en nombre de la libertad de expresión será impune. Están creando un monstruo, y además para su exclusivo servicio. Al que le ordenarán que nos amanse cuando les interese con telenovelas o programas del corazón o que no soliviante cuando haya un movimiento de rebeldía que ponga en peligro el sistema. Por eso dicen que les preocupa tanto la libertad de expresión en países donde la gente no come, no tiene educación, no tiene sanidad y vive en la indigencia. El colmo fueron unas declaraciones del entonces ministro de Relaciones Exteriores Josep Piqué tras el retorno al poder de Chávez una vez fracasado el golpe de abril del año 2002. La reacción del ministro Piqué es la de pedir que se "garantice la libertad de prensa". Después de un golpe en el que se viola y destituye la Presidencia del país, la Constitución democrática, la Asamblea Legislativa, los 20 jueces del Tribunal Supremo, el fiscal general, el Defensor del Pueblo, el Consejo Nacional Electoral sin crítica alguna por el gobierno español, al ministro lo que le preocupa cuando se recupera el orden constitucional es... "el respeto a la libertad de prensa".

La libertad de expresión y el derecho a la información es algo suficientemente importante como para no dejarlo en manos de los dueños de los medios de comunicación. Fíjense que no he dicho en manos de los periodistas, ellos sólo son operarios al servicio de quienes mantienen económicamente un medio. Y mientras llega eso, la ciudadanía debe por principio desconfiar de los medios. La primera pregunta es de qué vive ese medio, quienes son sus accionistas, en qué otros sectores tienen inversiones, quiénes se anuncian y, por tanto, mantienen ese periódico o esa televisión. Y por supuesto recurrir a periodistas alternativos, académicos y profesores que, como Manuel, cumplan esa función de Observatorio de Medios que vigile los contenidos, los analice y los exponga a la sociedad para poder comprobar cómo han cumplido esa función a la que dicen dedicarse, la de informar.

“América Latina a través del espejo mediático español. El caso de Venezuela (2002-2004)”. Manuel López Calvo. Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA).


Hay que construir un nuevo orden socialista mundial de la comunicación y la información

Hace menos de una semana, la editorial canadiense Thomson Corp. acordó adquirir Reuters por unos 17.200 millones de dólares, con lo cual están creando el mayor grupo de noticias y datos financieros del mundo. Con un 34 por ciento del mercado de información financiera, superará a Bloomberg LP, que tiene el 33 por ciento, según la publicación del sector Inside Market Data.

Tom Glocer, presidente ejecutivo de Reuters, quien liderará al grupo combinado, dijo que Thomson-Reuters tendrá ingresos por más de 11.000 millones de dólares, un 60 por ciento de su negocio de información financiera y de noticias, que se llamará Reuters, y un 40 por ciento de sus mercados legales, tributarios y científicos, que se llamará Thomson-Reuters Professional.

Este es apenas el más reciente episodio en el proceso de monopolización de los medios de comunicación e información, casi siempre invisible a los ojos del público. Si en vez de la gran variedad de colores y formatos que vemos en los puestos de periódicos y revistas, en las librerías o en canales de televisión por cable, así como películas y grabaciones musicales en decenas de lenguajes, pudiéramos ver en su lugar las firmas corporativas de sus dueños, el paisaje cambiaría radicalmente con los nombres de unas pocas empresas multinacionales (a veces unos apellidos) que ahora dominan este campo.

Para el año 2000, eran ocho las corporaciones transnacionales que regían los medios en el mundo, de apenas unas 50 que llegan a participar en el mercado global. Todas realizaron alguna fusión, siendo las principales las siguientes:

· 1989 Time Inc. / Warner Communications
· 1993 Viacom Inc. / Paramount Communications
· 1995 Walt Disney Co. / Capital Cities/ ABC
· 1996 Time Warner / Turner Broadcasting
· Viacom Inc. / Blockbuster Entertainment
· 1998 MCI / World Com Sprint
· 1998 SBC / Communications Ameritech Corp.
· 1999 ATT / Media One Group
· 1999 ATT / TCI Tele-Communications Inc.
· 1999 Viacom Inc. / CBS Corp.
· 2000 AOL / Time Warner
· 2000 Vivendi S.A. / Seagram S.A.

También se debe resaltar, que no se trata de galaxias solitarias en el espacio de la comunicación sino de todo un cártel. Cada una de estas ocho megacorporaciones tiene acciones o acuerdos con por lo menos seis de las otras. Es decir, no son realmente competencia: gane quien gane, todos ganan.

En la lista de las 50 grandes transnacionales de la comunicación y la información, de dudoso honor para sus integrantes, aparecen cuatro grupos latinoamericanos: · Clarín - Argentina; · Cisneros – Venezuela; · Globo – Brasil; y · Televisa – México

Veamos un solo caso, como ejemplo del control oligopólico que ejercen estas empresas: Luego de su fusión, Time Warner y AOL controlan 28 Editoriales de libros, 38 Canales de Televisión (entre estos HBO, Cinemax, CNN, Cartoon Network y TNT), 15 empresas de Producción y distribución de televisión, 79 Revistas, además de diversos sitios de Internet (como AOL, Cumpuserve y Netscape), 170 tiendas de productos Warner en 30 países, parques recreativos, 2 productoras cinematográficas, y servicios telefónicos y de seguridad residencial y comercial por monitoreo.

Esquemas similares se imponen en cada uno de los países latinoamericanos, donde unos pocos grupos dominan totalmente el ámbito comunicacional.

¿De qué democracia, de qué diversidad en el pensamiento se puede hablar ante semejante panorama? Lo que impera hoy en el mundo es una feroz dictadura mediática, la principal y más contundente herramienta en la guerra imperialista por el control y el dominio de nuestras mentes, nuestros deseos y nuestros valores. Dijo el gran luchador sudafricano Steve Biko, que "El arma más potente en manos del opresor es la mente del oprimido".

Es por ello que todas estas corporaciones mundiales ambicionan controlar cada paso del proceso informativo, desde la creación del "producto" hasta los distintos medios a través de los cuales la tecnología hace llegar los mensajes al auditorio. "El producto", son las noticias, la información, las ideas, el entretenimiento y la cultura popular; el auditorio es el mundo entero.

Podemos decir, entonces, que la realidad puesta en evidencia en 1980 por el Informe McBride, que desmontó la falacia de la libertad de expresión y la mostró como una institución de control de la dictadura mediática de las corporaciones, es ahora mucho más grave y de mayor alcance: números en mano, podemos constatar que, hoy, el 85% de los contenidos a los que tiene acceso la población del planeta está en manos del complejo financiero de EEUU. Y la mayoría de productos nacionales repiten las mismas fórmulas, amplifican los valores capitalistas y consumistas y repiten sus posiciones ideológicas.

Veamos algunos otros datos contundentes:

· Los 8 estudios cinematográficos más grandes de Hollywood se reparten el 85% del mercado mundial de cine (ocupan 98% de la oferta en América Latina).
· 4 corporaciones estadounidenses se reparten el 85% del mercado mundial de la edición de discos.
· De los 10 escritores más traducidos en el mundo, 9 son de habla inglesa.
· A su vez, EEUU tiene un sofisticado sistema de protección en materia cultural: apenas importa en este sector un 2% de su consumo total.

Ya el Informe McBride señalaba que "la industria de la comunicación está dominada por un número relativamente pequeño de empresas que engloban todos los aspectos de la producción y la distribución, están situadas en los principales países desarrollados y sus actividades son transnacionales". Nada ha cambiado desde entonces.

Es plenamente vigente la denuncia realizada en Argel, en 1973, por el Movimiento de Países No Alineados, cuando subrayaba que "La acción del imperialismo no se ha limitado a los dominios político y económico, sino que comprende igualmente los dominios cultural y social, imponiendo así una dominación ideológica extraña a los pueblos en vías de desarrollo".

Para transformar esta situación, McBride proponía un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación, que acabara con las asimetrías en el flujo informativo entre el primer y el tercer mundo y a lo interno de las naciones, y que garantizara la igualdad en el acceso y difusión de la información y el compromiso de los países más poderosos para revertir esta situación de inequidad en la comunicación. Este Nuevo Orden, basado en la igualdad de condiciones, debía contribuir al desarrollo de las naciones y pueblos.

Aunque concordamos con el objetivo, nos parece inviable el método de cambios jurídicos que propone el Informe McBride para tal fin: los monopolios comunicacionales son producto, en primer lugar, de la propia dinámica capitalista, que inevitablemente conduce a la concentración del capital en pocas manos, como ya lo explicaran Marx, Lenin y, sobre todo, Rosa de Luxemburgo. En segundo lugar, porque esos monopolios comunicacionales son herramientas indispensables para la dominación imperialista y, evidentemente, el imperio no renunciará a ellas pacíficamente.

Como dijera Emir Sader: "El orden capitalista requiere el silencio de los discursos alternativos, requiere que todos los que se manifiesten, lo hagan dentro del universo de sus discursos, en sus términos y sus alternativas, es decir, dentro del sistema de poder que dirigen." Además, estas grandes corporaciones mediáticas no son independientes: operan políticamente al servicio de los intereses de los grandes grupos económicos que los controlan. No hay libertad de expresión de la sociedad, sino libertad de manipulación para los propietarios de los medios, que actúan en razón de los intereses de las corporaciones que los dirigen.

Por eso, es insuficiente analizar el monopolio de medios sólo desde la perspectiva de la concentración mediática y de su impacto sobre el acceso a la información. Cuando se lucha contra la concentración de medios no se adversa sólo al conglomerado de canales, radiodifusoras y prensa, se adversa la corporación industrial y financiera que soporta y defiende el monopolio y el conjunto de intereses. Se adversa a las grandes potencias.

Los monopolios de la comunicación son estrategias complementarias orientadas a garantizar el control de los mercados, pero también de las sociedades, los procesos sociales, políticos, económicos, los gobiernos, las mentalidades. Con mucha claridad, señaló Alfredo Jalife-Rahme que "Una televisora es un proyecto político de la más alta jerarquía, en el que se juegan los destinos de las naciones."

Los medios hegemónicos desinforman y desactivan la capacidad de interpretación crítica de la realidad. Descomponen culturas e identidades, porque promueven valores ajenos a las culturas propias, reproducen valores y modelos de los países hegemónicos, buscan convertir al espectador en mero consumidor. Desarticulan, separando los intereses de los trabajadores, de los pueblos y de los movimientos sociales. Es por ello que consideramos esencial entender que estamos inmersos en una Guerra, una guerra de liberación ante el proyecto hegemónico imperialista, en la cual la comunicación es uno de los principales campos de batalla.

En el estadio actual de la globalización la estrategia comercial es la guerra, las tropas imperiales son la plantilla laboral de la empresa, la dirección es el gobierno imperial tomado por las corporaciones. El objetivo es movilizar al aparato bélico, cuya meta es la dominación del territorio y sus habitantes, el control de los recursos.

Para ello, hay que garantizar el control de la información. Cuando el imperialismo toma la decisión de aniquilar la soberanía de los pueblos, también aniquila sus medios de comunicación, o los medios independientes. Durante la Guerra contra Yugoslavia, bombardearon TV de Serbia; en Irak, asesinaron a periodistas y expulsaron a través del gobierno de ocupación a Al Jazeera; en Líbano, bombardearon la sede de TV Al Manar.

Como han venido denunciando desde hace más de 20 años diversos estudiosos, como Noam Chomsky y Howard Zinn, la estrategia estadounidense de agresión a los países que no cumplen sus designios, se construye necesariamente a partir del control de la opinión de los ciudadanos de ese país. Para Estados Unidos, la primera acción de cualquier guerra se inicia en sus laboratorios de control de la opinión. Eso ya lo sabían desde el siglo XIX, cuando invadieron Cuba, y, hasta Vietnam, nunca fueron derrotados en su control de las mentes de los propios ciudadanos estadounidenses. EEUU siempre prepara sus invasiones con una fiera campaña de propaganda, enfocada en alguna idea-fuerza que, tras una larga reiteración, produzca las condiciones necesarias para controlar las mentes y voluntades de sus ciudadanos.

Esta estrategia fue utilizada en varias ocasiones para justificar la intervención norteamericana: Invasión a Cuba en el siglo XIX, bajo la justificación de la barbarie española contra mujeres indefensas que llegaban a Nueva York denunciando tal barbarie, aunque para declarar la guerra tuvieron que provocar o aprovechar la voladura y hundimiento del Maine responsabilizando a los españoles. Durante la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos movilizó sus recursos propagandísticos para poder justificar ante su pueblo su participación en la guerra, así que, de pronto, empezaron a llegar cables con fotografías de niños belgas maltratados por los "malvados" alemanes". En Vietnam fingieron el ataque a uno de sus barcos. A la Democracia Popular en Chile del compañero-presidente Allende la sometieron a una brutal y abierta campaña de destrucción informativa y guerra sucia que abonó el "estado de ánimo" de la opinión pública chilena y mundial para el golpe fascista de Pinochet, y en dicha estrategia se explotaron hábilmente los sentimientos conservadores de un sector de la clase media y de los empresarios chilenos. A la Nicaragua sandinista la sometieron a un asedio constante, mientras la propaganda señalaba que este país era un peligro para la Seguridad Nacional de EEUU. En Granada, la propaganda se enfocó en un aeropuerto civil necesario para incrementar las demandas del turismo, como efectivamente hoy lo hace; esa obra, que construían trabajadores cubanos y era financiada por varios países europeos, algunos de ellos aliados de EEUU, fue la excusa perfecta para atacar a esa pequeña isla, que según la propaganda imperialista, atentaba contra la Seguridad Nacional de EEUU.

Es la misma estrategia que han aplicado contra Venezuela, junto a sus lacayos locales, hasta el punto de tratar de justificar el golpe de abril 2002, el sabotaje petrolero 2002-03, las guarimbas y todo tipo de agresión al gobierno revolucionario. Ahora mismo, a raíz de la soberana decisión del Estado venezolano de no renovar la concesión a una televisora que sólo ha servido a los intereses del más inhumano capitalismo, a los intereses de las transnacionales y sus socios locales de la oligarquía criolla, Venezuela se enfrenta a una feroz campaña satanizadora en los medios de comunicación masiva nacionales e internacionales.

¿Qué hacer frente a esto? Retomando una idea expresada anteriormente, confrontemos esta problemática en términos de una guerra de liberación, en la cual debemos colocar todos nuestros esfuerzos y capacidades.

En palabras de Michell Collon, "Es necesario organizar un frente antiimperialista, para defender la soberanía de los pueblos y organizar una red internacional de contrainformación para desbaratar las mentiras que monta el imperio". Más aún, suscribimos el llamado de Fernando Buen Abad de generar un Nuevo Orden Socialista Mundial de la Información y de la Comunicación, acorde con los retos políticos, económicos e ideológicos que se han venido trazando –en primera instancia- los pueblos de buena parte de América Latina y El Caribe.

Dicho frente supone dos aspectos complementarios, sin los cuales no podemos avanzar: por un lado, los instrumentos, los medios y la plataforma tecnológica propia que nos otorgue real independencia (redes de transmisores, satélites, etc.), porque el dispositivo de dominación del capitalismo se garantiza también por el monopolio de la tecnología y el saber. Por otro lado, nuevos códigos, nuevos lenguajes que nos permitan romper con los paradigmas mediáticos construidos de acuerdo a los intereses de la fragmentación y la desinformación, es decir, formas que ocultan y desdibujan la realidad, descontextualizándola. Bajo esta orientación conceptual, en Venezuela se han venido desarrollando distintas iniciativas, desde las más pequeñas a aquellas de dimensión global. Así, en el Gobierno Revolucionario se ha impulsado la Comunicación Alternativa y Comunitaria, como una respuesta de nuestro pueblo al férreo monopolio y control de la información que ejercían (y en parte siguen ejerciendo) los grandes medios de comunicación privados.

Contamos hoy con 193 medios de comunicación comunitarios, habilitados por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), ente competente en materia de habilitaciones y administración del espectro radioeléctrico, y de cuyos informes se desprenden los siguientes datos de interés:

· 167 Habilitaciones corresponden a radios comunitarias;
· 26 Habilitaciones corresponden a televisoras comunitarias;
· El área de cobertura de los 193 medios comunitarios habilitados, es de 241 parroquias, ubicadas en 116 de los 335 municipios que tiene el país;
· La población con acceso a estos medios es de 11.962.227 habitantes, lo que representa un 46,08% con respecto al total nacional y,
· Los medios habilitados cubren una superficie potencial de 175.889 Km2, lo que representa el 19,19% de la superficie nacional.

Igual dinamismo y crecimiento se presenta en el sector de los medios impresos y digitales. Cientos de periódicos, boletines, tabloides, páginas Web, blog y listas de correos, surgen y desaparecen en el contexto nacional, regional y local. Son múltiples los perfiles de estos medios: periódicos dedicados al tema de la mujer, indígena, político, cultural, obrero, campesino. Actualmente, se editan sistemáticamente 164 medios impresos y están activos 117 medios digitales.

Estudiosos e investigadores, han calificado esta proliferación de medios populares en Venezuela de fenómeno inédito. Tal como lo explica el profesor Earle Herrera, "Los medios alternativos y comunitarios han brotado como flores silvestres por todo el país".

Desde el Estado, se ha modernizado la plataforma tecnológica del principal canal (VTV), que en los gobiernos anteriores se llevó a una total destrucción con miras a su privatización. Se creó hace ya tres años una televisora cultural-participativa de nuevo tipo, VIVE, y actualmente se está trabajando en el lanzamiento de un nuevo canal bajo el concepto de servicio público, TVES. Esfuerzos similares se aplicaron en materia radial, con RNV, que muy ponto lanzará un nuevo proyecto continental, RadioSUR.

En paralelo, junto a otros países de Nuestra América, especialmente Cuba, se impulsó en 2005 la creación de teleSUR, iniciativa de alcance mundial de la cual forman parte, por ahora, además de Venezuela y Cuba, Argentina, Bolivia y –la recientemente incorporada- Nicaragua, con la finalidad de reivindicar el protagonismo de los pueblos del Sur en el panorama informativo dominado por el Norte.

Luego de año y medio de operaciones, teleSUR, con doce corresponsalías en el continente, con la puesta en marcha de la señal para Europa prevista para los próximos meses, ya comenzó a romper el monopolio informativo del norte, construido durante décadas. Hoy teleSUR es, precisamente, la demostración de la factibilidad de un medio alternativo al mensaje hegemónico del Norte. Un medio masivo y no marginal.

En los próximos días, impulsada por el recién creado Ministerio del Poder Popular para las Telecomunicaciones y la Informática, estará en el aire la señal de ALBA TV, un canal alternativo de alcance latinoamericano. Se trata de una red internacional de televisoras comunitarias y movimientos sociales, indispensable para el éxito de la integración latinoamericana. En una primera etapa saldrán al aire a través de la señal de VIVE TV, y para septiembre ya esta televisora comunitaria latinoamericana podrá bajarse directamente del satélite. Pero esto no es suficiente, ni nacional ni internacionalmente. A lo interno, sigamos profundizando en la democratización del espectro radioeléctrico, en la transferencia del poder comunicacional a las comunidades y en la generación de medios del Estado con nuevos códigos y nuevos lenguajes.

Bajo la certeza de que la gran mayoría de los medios privados –tal como lo han demostrado reiteradamente- seguirán saboteando la gestión revolucionaria, para servir a la oligarquía y los intereses imperiales, avancemos entonces a su nacionalización progresiva –cuando se venzan sus concesiones o antes, si la situación lo amerita- y entrega de los mismos a los consejos comunales, consejos obreros, comités de usuarios y productores independientes.

No nos llamemos a engaño: enfrentamos medios que, como incluso lo ha reconocido un ente nada progresista como el Consejo de Asuntos Hemisféricos, "son un cerrado monopolio en el que los dueños conservadores… deciden qué puede ser discutido y qué será ignorado en las autoritarias estaciones de televisión y radio... Para decirlo simplemente, se trate de lo que se trate, todo lo que hace Chávez está siempre mal".

Ya lo dijo el comandante Fidel Castro en su entrevista a Ramonet: "Si usted llama libertad de prensa al derecho de la contrarrevolución y de los enemigos de Cuba a hablar y a escribir libremente contra el socialismo y contra la Revolución, calumniar, mentir y crear reflejos condicionados, yo le diría que no estamos a favor de esa "libertad". (…) En esos medios "libres", ¿quién habla? ¿De qué se habla? ¿Quién escribe? Se habla lo que quieren los dueños de los periódicos o de las emisoras de televisión. Y escribe quien ellos deciden. Usted lo sabe bien. Se habla de "libertad de expresión", pero en realidad lo que se defiende fundamentalmente es el derecho de propiedad privada de los medios de divulgación masiva".

Esto no debemos perderlo de vista precisamente ahora, cuando nuestro pueblo optó claramente por el camino del socialismo, tal como se vio expresado en el resultado electoral del pasado 3D. Si hasta ahora los intentos de desestabilización han sido de la magnitud que todos conocemos, no esperemos menos en el futuro: ni el imperio ni el capitalismo se suicidan ni suben tranquilamente al cadalso.

En materia internacional, además de seguir avanzando con lo ya existente, debemos construir nuevos mecanismos, nuevos instrumentos, tales como una o varias agencias de noticias del Sur, enlazadas, a su vez, con las iniciativas contrahegemónicas existentes, como Al Jazeera y Prensa Latina. Tenemos que construir y poner en funcionamiento satélites propios (Venezuela lanzará el satélite Simón Bolívar en 2008, pero es insuficiente), generar plataformas tecnológicas de Internet que nos den real autonomía.

En concreto, tal como lo ha sugerido Buen Abad, hacemos un llamado a que de este evento nazca una Corriente Internacional de la Comunicación hacia el Socialismo, que convoque a los cientos de miles de comunicadores de nuestro continente y el mundo, para generar una verdadera y gigantesca articulación entre los distintos espacios y expresiones comunicacionales anti-imperialistas. Las condiciones están maduras, debemos actuar antes que se pudran. Lo único que nos falta es atrevernos.

Yuri Pimentel


Venezuela: mediocracia y libertad de expresión

Luis Hernández Navarro
La Jornada

A confesión de parte, relevo de pruebas. El 11 de abril de 2002, unos cuantos días después del fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez, el vicealmirante Víctor Ramírez Pérez, uno de los organizadores de la conspiración, declaró a la cadena Venevisión: "nosotros contábamos con un arma mortal: los medios". No mintió. Los medios de comunicación desempeñaron un papel fundamental en la aventura golpista. Y lo siguieron teniendo después, al alentar el paro petrolero de 2002-2003 y el referendo revocatorio para tratar de destituir al presidente electo en 2004.

Ante una oposición partidaria pulverizada, enfrentada entre sí y con pésima reputación, los medios de comunicación, principalmente los electrónicos, han asumido el papel de organización ideológica dirigente de la coalición antichavista, esto es, de suprapartido político. Los dueños de los consorcios informativos y de entretenimiento, sus creativos y publicistas elaboran plataformas políticas y campañas, construyen el discurso para enfrentar al presidente, movilizan a la población en su contra y escogen a los líderes opositores.

Son ellos quienes deciden cuáles personajes aparecen ante la opinión pública como los representantes opositores. Basta con que sus noticieros y mesas de análisis político los presenten como tales, bloqueando el acceso a la televisión y la radio de quienes resultan inconvenientes, aun si pertenecen a sus mismas filas.

Las grandes cadenas de televisión y sus audiencias han sustituido así la clásica relación entre partidos, afiliados y votantes, creando un nuevo modelo de representación política, no sólo al margen de las instituciones, sino en su contra. Se han convertido en una verdadera mediocracia, que rebasa, con mucho, el papel tradicionalmente asignado al cuarto poder.

Parte de su estrategia consiste en fabricar con falsas apariencias una Venezuela mediática existente en las pantallas de televisión y en los programas de radio, sin conexión con la Venezuela real. Inventan un país virtual al gusto de los miedos y fantasías de su auditorio, cubriendo mentiras con el ropaje del discurso de la verdad.

Cualquiera que haya visto la televisión opositora en tierra venezolana puede constatar la enorme distancia que hay entre la realidad que se vive todos los días en las calles y los contenidos que esos medios divulgan. No es exageración. Durante mi último viaje a ese país vi en uno de esos programas a una mujer indignada, diciendo que su nación era una dictadura, que allí no había democracia ni libertad de expresión. La entrevistada acusó a Hugo Chávez de ser un agente del castro-comunismo, peor que Adolfo Hitler, un gorila al que había que sacar de cualquier manera del Palacio de Miraflores para liberar a la patria. Por supuesto, ni esa persona ni el canal de televisión sufrieron ninguna represalia por lo que ella dijo.

Este enfrentamiento entre la mediocracia y la revolución bolivariana no siempre existió. El triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 estuvo estrechamente ligado a la profunda descomposición y descrédito que vivían tanto la clase política como las instituciones gubernamentales. En el proceso de demolición de las mediaciones políticas tradicionales y de crítica a las administraciones ineficientes desempeñó un papel nada despreciable Marcel Granier, director general de RCTV (Radio Caracas Televisión).

Cuando en 1995, después de salir de la cárcel, Hugo Chávez comenzó a hacer política abierta, la relación entre varios de los barones de los medios y el teniente coronel era cordial y amistosa. El director de El Nacional lo hospedó en su casa, al tiempo que prensa, radio y televisión no escatimaron abrirle espacios. Esta luna de miel terminó, sin embargo, a raíz del proceso de transformación impulsado por el mandatario. La abolición de poderes acordada por la Asamblea Constituyente, la instauración de la quinta república, la reforma agraria y la redistribución de la renta petrolera hacia la población más necesitada provocaron el rompimiento.

Con amargura y desesperación, la mediocracia descubrió que el mandatario no era un guiñol que pudiera manejar. Y comenzó a disparar contra él descargas de artillería, construyendo la caricatura de Hugo Chávez que se difunde por todo el mundo. En lugar de recular, el presidente dobló la apuesta. Dotado de una eficaz capacidad para comunicarse directamente con los sectores populares, denunció el papel faccioso que jugaban los medios. Simultáneamente emprendió reformas legales para democratizar el acceso a la información y fomentó la creación de medios de comunicación alternativos no marginales.

La confrontación subió de tono. Convencidos de que Venezuela es de ellos, los consorcios informativos tomaron como bandera para proteger sus intereses particulares la libertad de expresión y el derecho a la información. Su vocación oligárquica se envolvió con el ropaje de las reivindicaciones universales.

La última batalla de esta guerra -que no la final- ha sido la decisión gubernamental de no renovar la concesión a RCTV. Se trata de una medida soberana que nada tiene que ver con la libertad de expresión. La televisora puede seguir transmitiendo a través de cable y satélite. Sus integrantes pueden seguir diciendo lo que quieran, dentro del marco legal existente. El consorcio claramente ha incumplido con las normas básicas del interés público. El espectro radioeléctrico es un bien gestionado por el Estado. Es competencia del gobierno renovar o no la concesión que regula su uso. La concesión llegó a su término. RCTV se quedó sin ella. Punto.

No hay que hacerse bolas. Confundir los intereses particulares de la mediocracia con la libertad de expresión y el derecho a la información es una trampa. La información es un bien público, no una mercancía. Los dueños de las televisoras y las radiodifusoras no son la libertad de expresión; son, tan sólo, propietarios de los medios.

Época de desastres: la mediocracia

Rafael Bautista S.
Rebelión

Un cambio de época no sucede por inercia; sucede, más bien, a pesar de ella. Porque la resistencia no viene del cambio: viene de la tozuda conservación de lo establecido. En 180 años de res-pública lo establecido ha sido la usurpación privada de la cosa pública, en 23 años de democracia la exclusión paulatina y sistemática del sujeto gracias al cual se define: el pueblo. El afán agazapado en los desvelos de quienes defienden lo establecido siempre ha sido el mismo: la mendicidad genera beneficios formidables en quienes la administran. Por eso nunca tuvieron proyecto de país y todo consistió en cómo someterse a las necesidades de afuera. Por eso ahora se resisten a todo cambio y procuran, con indumentaria "democrática" , ocultar su mísera idiosincrasia colonial y dependiente. No en vano se aglutinan en esas agencias de reciclaje (PODEMOS y UN) quienes son los epígonos del entreguismo colonial. Por eso legalizaron previsoramente el mejor modo de enfrentar un posible gobierno popular desde presuntos logros "democráticos" (elección de prefectos, referéndum autonómico, etc.), para así inviabilizar cualquier posible cambio de estructuras en nuestro país. Bajo estas nuevas "reglas de juego", cualquier gobierno con pretensión popular iba a tener que enfrentar la fragmentación del poder y la ausencia de hegemonía política: aquello de lo cual gozaron los gobiernos neoliberales (que posibilitaron su proyecto pensado afuera) no podían tolerarlo en un gobierno popular. El Goni podía manipular a los "medios", podía gobernar por decreto, Dabdoub podía ser ministro del Jaime, la CAINCO podía invitar al Tuto a su feria, el Samuel podía ser ministro y luego rey del cemento, los cívicos podían callar mientras se rifaban nuestras riquezas, el Tuto podía ir a suplicar a los chilenos aceptar las ventajas del gas, podía otorgarles cedeim a las petroleras, y los "medios" podían obviar todas estas cosas, porque así estaba establecido todo, porque, como decía Mesa (alumno del Goni): "somos un país mendigo", o sea, entre miserables, ¿qué más se podía esperar? Esto: que ahora vengan a presumirnos de lo que carecen, o sea, que vengan a enseñarnos lo que es democracia.

Y esa "enseñanza" se la operativiza gracias a la mediocracia. Este concepto no estima sólo el poder económico que poseen los "medios". Indica más bien el poder de manipulación que hacen de la opinión pública. La producción dirigida de esta provoca no sólo certidumbres sino miedos y odios, prejuicios políticos. Enmascaradas en la "neutra objetividad" , lo que muestran como hechos son en realidad "interpretaciones" , mostradas como "la" realidad, es decir, "su" parecer se impone como "la" verdad. La deformación que sufre la opinión pública no es de ningún modo casual sino que viene patrocinada por este poder mediático; que no es sólo interés oligopólico, a este se añaden prejuicios y monomanías conservadoras que siempre se amparan en privilegios supuestamente sagrados, cuyos derechos no se discuten sino que se ejercen de modo absoluto. Hegel tenía razón: definir la libertad de prensa como un hacer lo que se quiere es correlativa al capricho libertino del díscolo.

Por eso la crítica se dirige a la mentalidad mediática, aquella que se pone como el ojo de dios: que ve sin ser visto, juzga sin ser juzgado. Su infalibilidad es su ausencia; aquella operación mágica que hace ver un dictamen interesado como "objetividad" periodística. Por eso es falaz su consigna: "nosotros informamos, usted opina". Porque esa información ya ha sido previamente recortada, compuesta, editada; se muestra la apariencia y se oculta el fondo, lo que en realidad interesa. Como no sólo se informa sino que se juzga, esta aparece como opinión autorizada y su función es reafirmar lo que se quiere mostrar. Se conforma así una corporación de opinadores, cuyo celo santifica los titulares y les da apariencia de cientificidad. De este modo se especifica el modelo de receptor pasivo y obediente que producen los "medios": su público es un mero espectador, pues el dictamen es tarea de especialistas y la legitimación de esa manipulación se hace por sumisión. De ese modo la opinión pública queda domesticada y obedece a los dictámenes de la imagen, cuyos titulares deciden siempre su sentido; el cual es siempre unívoco. Frente a la verdad queda la mentira y el espectáculo que monta para ocultarse a sí misma. Así inventan la democracia y la política a su antojo. Así bautizan sus nuevos escudos: autonomía, dos tercios, respeto a las minorías. Así producen enemigos en el imaginario social: los indios. Y así reinventan a la clase media, como la supuesta víctima de todo esto.

Rafael Bautista S. es autor de "OCTUBRE: EL LADO OSCURO DE LA LUNA" Editorial "Tercera Piel", La Paz, Bolivia rafaelcorso@ yahoo.com

Para Pensar más allá de los medios.

gobiernoenlinea.ve

Un maestro francés de la comunicación, Ignacio Ramonet*, ha explicado que en general la población antes experimentaba en la comunicación mediática 3 esferas autónomas: la de la Información –cuando son reseñados hechos-, la de la comunicación Publicitaria –cuando es inducido el consumo- y la de la cultura de Masas –cuando son inducidos hábitos de sentir, pensar y actuar-. Estas últimas esferas fueron sometidas al "mercado". Tales esferas, antes independientes, se están fusionando actualmente, ya que la esfera del campo Publicitario ha estado absorbiendo a las demás, de forma tal que los principios de la comunicación publicitaria han sido impuestos tanto en la Información como en la cultura de Masas: se comunica de la misma manera cuando se informa, se publicita o se hace cultura de masas. Al hacerlo, los Medios privilegian la rapidez, la simplificación y la "diversión".

*Vease: http://www.lahaine.org/internacional/medios/infantilizacion_informacion.htm)

Así, lo que "circule" en la comunicación mediática -publicidad, información, texto- "debe ser" rápido y corto, con Títulos directos publicitarios; lo que al Cristianismo le llevó 5 Siglos, ahora le lleva a los Medios unos pocos días, pues el cambio tecnológico le imprimió "velocidad". La "comunicación" pasa a ser veloz y recargada, y a ser una "mercancía", por lo que obedece más a las leyes del "mercado" que a la de la Información, sometiéndose a una regulación de tipo mercantil más que informativa (por ello, los que dirigen las empresas de información no suelen ser periodistas, sino Empresarios cuya principal preocupación es el lucro).

En tal Esquema, Informar puede ser dominar, pues el sistema mediático puede muchas veces imponer una "verdad mediática" la cual opera de la siguiente forma: Cuando todos los medios de información "dicen que un hecho es verdad", tal afirmación se impone aunque sea FALSA. Esto significa que, cuando la prensa dice que algo es verdad, "eso es verdad", según la falsa premisa que sostiene: "Repetir es demostrar". En el pasado, "cuanta más información había, existía más libertad"; sin embargo, tal "ecuación" se ha modificado, pues ahora la Información es sobreabundante, y sin embargo, el pueblo no está convencido de que haya "más libertad" que en aquellos períodos en los que la Información no era tan abundante. También algunos creyeron la "idea" que los medios eran los que "protegían" al ciudadano contra el abuso de otros poderes, Ideología que encubre la realidad de que hoy los Medios constituyen precisamente uno de los Poderes de los que hay que protegerse –cosa ya advertida por la UNESCO (Informe Mac Bride, 1976-77)-.

Los Medios masivos buscan que la llamada "Opinión Pública" sea el reflejo de la opinión de los dueños de los medios. De la mayoría de los problemas difundidos por los Medios, éstos buscan que cada persona no tenga ninguna experiencia concreta, sino tan solo una experiencia de carácter "virtual" que sea repetición residual del mensaje "previamente recibido". Con ello tratan de moldear a dicha "opinión pública", construyéndola: son "fabricas" unilaterales de opinión, ya que son muchas las cosas que no se ven, porque grupos de presión de las elites dominantes "no autorizan" a los/as periodistas progresistas, independientes o pluralistas a cubrir los hechos, quienes incluso han sido expuestos/as a amenazas de muerte. En el caso que alguno/a lograra cierta cobertura de los hechos, sus imágenes -y textos- luego han sido fragmentadas, mutiladas, filtradas, censuradas, situación ya padecida durante las dictaduras en Argentina y Rumania, o en la cobertura independiente ante invasiones e intervenciones imperialistas en Somalía, Panamá, Golfo Pérsico y Kosovo.

En ese sentido, según Ramonet, "la Censura en una sociedad democrática ahora no funciona con la supresión de Información, sino con la acumulación" de la misma, pues se provee "Información" con un sistema de instantaneidad que nadie puede verificar –brindan tanta masa de información para "consumir" que la misma oculta otras informaciones-, asfixiando con la misma al pueblo para que se olvide de buscar la verdadera información, concreta y vivencial. Muchas veces la "información" que es recibida es totalmente falsa, elaborada con documentos falsos -así como "personajes" y "escenas" que no existieron nunca- añadiendo "información extra" a presuntas "noticias" que tratan de inducir determinadas "creencias" en la "opinión pública". Un ejemplo de ello ha sido presentado en las guerras e invasiones contemporáneas, como fueron los conflictos belicistas sobre Irak.

La "tiranía del espectáculo",** basada en "representaciones" (teatralidad, escenificación, espectáculo) para "llamar la atención", busca una efectividad emocional" que active más que el sentido interno" (la conciencia) a los "sentidos externos (vista y oído), mediante mensajes rápidos y superficiales en los que se unen la "imagen" y el "entretenimiento". El espectáculo para la política (o la "política para el espectáculo") moldea la capacidad de juicio de los ciudadanos explotando estratégicamente sus percepciones, y no le importa que esas imágenes se sustenten o no en la acción política" (Thomas Meyer). Con ello, un simulacro de acción política es lo que polariza las energías y la inteligencia.

**(Victoria Camps, www.apfilosofia.org/documentos/pdf/doc_003.pdf)

Con tal tiranía, ocurre un empobrecimiento de las capacidades para conocer del ser humano, ser viviente que es reducido a ubicarse en una mera "realidad virtual", en la que sólo es real lo que aparece en la pantalla del televisor o del ordenador: "En dicha realidad, las impresiones visuales, y en especial las imágenes, reemplazan a la información" (Giovanni Sartori). La imagen pretende sustituir al razonamiento, al concepto, argumento o discurso, e incluso al debate político.

La teatralidad reduce nuestro mundo cotidiano y político a unos rasgos parciales y exagerados, haciendo al comunicador social un mero "empleado de la propaganda informativa", convirtiéndolo en un "prisionero de la imagen", a la que debe hacer "hablar" como sea, mediante imágenes "inventadas", ideas preconcebidas, clichés y estereotipos sociales previamente existentes. Ante tiempos "fugaces" y una competencia "voraz", tales Medios tratan de "captar la atención" con información entretenida, ya que no lo lograrían con la sola voluntad de informar bien. En el caso de la Prensa, ella hace su espectáculo a partir de sus "atrayentes Titulares".

Para seducir con el "Entretenimiento", todo acaba infantilizándose: son exageradas las quejas, reducidas las cuestiones a una polaridad del "ganar o perder", utilizado un lenguaje difamante, intolerante o exagerado para llamar la atención de "su público". Por ello abundan noticias "negativas", las cuales son consideradas por los Medios como las "buenas noticias", como lo único noticioso y noticiable. Es una infantilización que tiene un efecto anestesiante, pues el público no acaba de creer lo que ve, volviéndose crédulo, o al contrario, cínico, descreído. Cuando la rapidez, la simplificación y la "diversión" son presentadas en los Medios como las cualidades que constantemente se repiten, las mismas conducen inevitablemente a una concepción muy infantil del pensamiento, derivando en un proceso de infantilización de los mensajes y de quien consume los mismos por dichos Medios.

No es posible formar un pueblo con lúcida capacidad de reflexión crítica, si el mismo acepta ser convertido en una "masa de individuos", homogéneamente mediocrizados tras nutrirse de información proveniente exclusivamente de "carteles" mediáticos –estrategia en la cual se unen a un mismo y único coro todos los medios comerciales de la televisión, la radio, la prensa y la red Internet-. La reducción de la democracia genuina a una monopólica "Mediocracia" –donde una élite empresarial "comunicacional" domina el espacio de debate publico-, ubica al intelecto en un pensamiento "fugaz" y una cultura "instantánea". Dicha élite no quiere la "Información como tal": la quiere convertida en Propaganda. Por ello, al pueblo consciente, lo quieren volver una mera "Masa" que sea fácilmente manipulable con símbolos, única forma rápida de convencer de aquello que es difícil de aceptar –en una especie de "manufactura del consenso" (W. Lippmann), pues le interesa la "acción irracional", no que la misma sea comprendida.

La oscilación entre, por un lado, una actitud reservada, desconfiada y prejuiciada, y por otro, la "des-personalización" en actitud "corporativa", masiva e indiscriminada (ambas mediatizadas por una actitud impersonal, indiferente, insensible, desalmada, desafecta, "objetiva"), llevan a una falta de compromiso sensible, real e histórico con la criatura humana de carne, hueso y sentimiento, propende a la disociación de la persona, quien proyecta irresponsablemente todos sus problemas personales no resueltos –generalmente de carácter inaceptable- hacia "el afuera", convirtiéndose en "observadores no participantes", meros "consumidores pasivos", que no quieren correr el riesgo de percibir y aprehender a otra persona en su totalidad, distanciándose como seres emocionales, oscilando entre un vacío emocional y una vida superficial sin sentido, y una seudo – sentimentalidad dramática que requiere de emociones "Extremas" e intensas condicionadas por un medio grupal dominante y conservador.

Este estado de puerilidad conlleva una regresión psicológica para tales grupos y sus miembros/as, a quienes les son presentados/as estímulos subliminales para que terminen tomando sus "deseos por realidades", y que sus delirios los lleven a debilitar –e incluso abolir- la frontera psicológica entre lo imaginario y lo real, pues lo que tales Medios buscan es que dichos grupos se adapten a "modelos ficticios", elaborados desde estereotipos y temores sociales previamente establecidos, los cuales son aprovechados en la publicidad política y comercial. Por ello, los Medios -y la población adicta a ellos- insisten en el culto "masivo" a la persona individual e individualista que se sumerge en una adolescencia honoraria (G. Devereux), donde predomina una práctica del fetichismo e idolatría por la apariencia y el comportamiento "juvenil", el cual promueve que "sintamos, pensemos y actuemos" como infantes, que la persona Adulta -responsable y democrática-, sea conducida mediante la mencionada "regresión" a un infantilismo precoz, para que desemboque en aquella "personalidad estúpida" –fácil de manipular y mandar por su credulidad acrítica-, la cual es la requerida para su utilización por los grupos fascistas de la Extrema Derecha anti-venezolana.

lunes 25 de febrero de 2008

Sociologías...

Estructura y función de la comunicación en la sociedad
Harold Lasswell

El acto de la comunicación
Una manera conveniente de describir un acto de comunicación es la que surge de la contestación a las siguientes preguntas:

¿Quién

dice qué

en qué canal

a quién

y con qué efecto?


El estudio científico del proceso de comunicación tiende a concentrarse en una u otra de tales preguntas. Los eruditos que estudian el «quién», el comunicador, contemplan los factores que inician y guían el acto de la comunicación. Llamamos a esta subdivisión del campo de investigación análisis de control. Los especialistas que enfocan el «dice qué» hacen análisis de contenido. Aquellos que contemplan principalmente la radio, la prensa, las películas y otros canales de comunicación, están haciendo análisis de medios. Cuando la preocupación primordial se encuentra en las personas a las que llegan los medios, hablamos de análisis de audiencia. Y si lo que interesa es el impacto sobre las audiencias, el problema es el del análisis de los efectos.

La utilidad de estas distinciones depende, por completo, del grado de refinamiento que se considere apropiado para un objetivo científico o administrativo dado. A menudo, es más sencillo combinar el análisis de audiencia y el de efecto, por ejemplo, que mantenerlos separados. Por otra parte, puede interesar concentrarse en el análisis de contenido, y con este fin subdividir el campo en dos zonas distintas: el estudio de los datos, centrado en el mensaje, y el estudio del estilo centrado sobre la organización de los elementos que componen el mensaje.

Estructura y función
A pesar del atractivo que pueda ofrecer tratar estas categorías con mayor detalle, el presente comentario tiene un objetivo diferente. No nos interesa tanto dividir el acto de comunicación como contemplar el acto en su totalidad, en relación con todo el proceso social. Todo proceso puede ser examinado bajo dos marcos dc referencia, a saber, estructura y función, y nuestro análisis de comunicación versará sobre las especializaciones que comportan ciertas funciones, entre las cuales cabe distinguir claramente las siguientes: 1) la supervisión o vigilancia del entorno, 2) la correlación de las distintas partes de la sociedad en su respuesta al entorno, y 3) la transmisión de la herencia social de una generación a la siguiente.

Equivalencias biológicas
A riesgo de suscitar falsas analogías, podemos lograr una adecuada perspectiva de cualquier sociedad humana cuando estudiamos la comunicación como una característica de la vida en todos sus niveles. Un ente vivo, ya esté relativamente aislado o bien en asociación, tiene procedimientos especializados en cuanto a la recepción de estímulos a partir del entorno. Tanto el organismo monocelular como el grupo de múltiples miembros tienden a conservar un equilibrio interno y a responder a los cambios que se produzcan en el entorno a fin de mantener dicho equilibrio. El proceso de respuesta exige maneras especializadas a las partes del todo para conseguir una acción armoniosa. Los animales multicelulares especializan sus células para la función del contacto externo y para la correlación interna. Así, entre los primates, la especialización viene ejemplificada por órganos tales como el oído y el ojo, y el propio sistema nervioso. Cuando las pautas de recepción y diseminación de estímulos funcionan de manera adecuada, las diversas partes del animal actúan concertadamente con respecto al medio ambiente («alimentarse», «huir», «atacar»).

En algunas sociedades animales, ciertos miembros desempeñan misiones especializadas y vigilan el entorno. Los individuos actúan como «centinelas», separados del rebaño o manada y creando un estado de alarma cada vez que ocurre un cambio alarmante en los alrededores. El trompeteo, cacareo o chillido del centinela basta para poner a todo el grupo en movimiento. Entre las actividades emprendidas por «líderes» especializados se cuenta la estimulación interna de «seguidores» para adaptarse ordenadamente a las circunstancias pregonadas por los centinelas.

En un organismo individual, altamente diferenciado, los impulsos que llegan y los que salen de él son transmitidos a lo largo de fibras que establecen una conexión sináptica con otras fibras. Los puntos críticos en el proceso se encuentran en las «estaciones de relevo», donde el impulso que llega puede ser demasiado débil para alcanzar el umbral que hace entrar en acción el vínculo siguiente. En los centros superiores, corrientes separadas se modifican unas a otras, produciendo resultados que difieren en numerosos aspectos del resultado final, cuando cada una puede continuar por un camino propio. En toda estación de relevo hay carencia de conductibilidad, conductibilidad total o conductibilidad intermedia. Las mismas categorías se aplican a lo que ocurre entre miembros de una sociedad animal. El astuto zorro puede acercarse al gallinero de tal modo que procure unos estímulos demasiado leves para inducir al centinela a dar la alarma, o bien cabe que el animal atacante elimine al centinela antes de que éste pueda proferir más que un leve gemido. Evidentemente, existen todas las gradaciones posibles entre conductibilidad total y ausencia de conductibilidad.

El caso de la sociedad humana
Cuando examinamos el proceso de comunicación de cualquier lugar o estado de la comunidad mundial, observamos tres categorías de especialistas. Un grupo vigila el entorno político del estado como un todo, otro correlaciona la respuesta de todo el estado al entorno, y un tercero transmite ciertas pautas de respuesta de los viejos a los jóvenes. Diplomáticos, agregados y corresponsales extranjeros representan a quienes se especializan en el entorno. Editores, periodistas y locutores son correlatores de la respuesta interna. Los pedagogos, en familia y en la escuela, transmiten el legado social.

Las comunicaciones que se originan fuera pasan a través de secuencias en las que diversos emisores y receptores están vinculados entre sí. Supeditados a modificación en cada punto de relevo en la cadena, los mensajes originados a partir de un diplomático o de un corresponsal en el extranjero pueden pasar a través de despachos editoriales y llegar finalmente a muy amplias audiencias.

Si nos imaginamos el proceso de información a nivel mundial como una serie de marcos de atención, es posible describir la frecuencia con la que un contenido es puesto en conocimiento de individuos y grupos. Podemos investigar el punto en el que deja de haber «conductibilidad», y podemos examinar la gama entre «conductibilidad total» y «conductibilida mínima». Los centros metropolitanos y políticos del mundo tienen mucho en común con la interdependencia, diferenciación y actividad de los centros corticales y subcorticales de un organismo individual. Por tanto, los marcos de observación hallados en tales puntos son los más variables, refinados e interactivos entre todos los marcos de la comunidad mundial.

En el otro extremo se encuentran los marcos de observación de los habitantes de regiones aisladas. En general no se da el caso de que las culturas primitivas estén totalmente vírgenes de la civilización industrial. Tanto si nos lanzamos en paracaídas sobre el interior de Nueva Guinea, como si aterrizamos en las vertientes del Himalaya, no encontraremos una tribu totalmente desconectada del mundo. Los largos hilos del comercio, del cielo misionero, de la exploración aventurera y del estudio científico, así como los de la guerra a escala mundial, llegan a los puntos más distantes. Nadie se encuentra totalmente al margen de este mundo.

Entre los primitivos, la forma final asumida por la comunicación es la balada o el cuento. Sucesos lejanos al mundo moderno, sucesos que llegan en forma de noticia a las audiencias metropolitanas, quedan reflejados, por débilmente que sea, en el material temático de cantantes y recitadores de baladas. En estas creaciones, remotos líderes políticos pueden aparecer repartiendo tierras entre los campesinos o restableciendo la abundancia de la caza en las montañas.

Cuando remamos agua arriba en el flujo de la comunicación, observamos que la función de relevo para los nómadas y los tribeños más alejados es realizada a veces por los habitantes de poblados sedentarios con los que aquéllos entran en contacto. El agente del relevo puede ser el maestro de escuela, el médico, el juez, el recaudador de impuestos, el policía, el soldado, el vendedor ambulante, el vagabundo, el misionero o el estudiante, y en cualquier caso es un nudo en la red de noticias y comentarios.


Equivalencias más detalladas
Los procesos de comunicación de la sociedad humana, una vez examinados detalladamente, revelan numerosas equivalencias con las funciones especializadas que se encuentran en el organismo físico y en las sociedades animales inferiores. Así, por ejemplo, los diplomáticos de un estado se encuentran esparcidos por todo el mundo y envían mensajes a unos pocos puntos focales. Evidentemente, estos informes proceden de muchas fuentes y sólo llegan a unos pocos, donde se relacionan entre sí. Más tarde, la secuencia se amplía en abanico bajo la pauta de unos pocos en dirección a muchos, como ocurre cuando un ministro de Asuntos Exteriores pronuncia un discurso en público, cuando se publica un artículo en la prensa, o cuando es distribuido un noticiario en los cines. Las líneas salientes del entorno exterior del Estado son funcionalmente equivalentes a los canales aferentes que envían los impulsos nerviosos entrantes al sistema nervioso central de un solo animal, y a los medios con los que se disemina la alarma en un rebaño. Los impulsos salientes, o eferentes, presentan unos paralelos correspondientes.

El sistema nervioso central del cuerpo sólo en parte está implicado en el flujo total de impulsos aferentes-eferentes. Hay sistemas automáticos que pueden actuar unos respecto a otros sin afectar en absoluto a los centros «superiores». La capacidad del entorno interior es mantenida principalmente por medio de las especializaciones vegetativas o autónomas del sistema nervioso. Similarmente son muchos los mensajes que, en el interior de cualquielr Estado, no pasan por los canales centrales de comunicación sino que surgen en el seno de familias, vecindarios tiendas, equipos de trabajo y otros contextos locales. En su mayor parte, el proceso educacional es llevado a cabo del mismo modo.

Otra serie de equivalencias significativas están relacionadas con los circuitos de comunicación, que son predominantemente de un sentido o de dos sentidos, según el grado de reciprocidad entre comunicadores y audiencia. O bien, para expresarlo de otra manera, hay comunicación en dos sentidos cuando las funciones de enviar y recibir son efectuadas con la misma frecuencia por dos o más personas. Suele suponerse que una conversación es una pauta de comunicación en dos sentidos (aunque los monólogos son bien conocidos). Los modernos instrumentos de comunicación de masas otorgan una ventaja enorme a quienes controlan los talleres de impresión, equipos de radiodifusión y otras formas de capital fijo y especializado. Pero debería tenerse en cuenta que las audiencias «replican» (lalk back), tras una cierta demora, y muchos «controladores» (gate-keepers) de mass-media emplean métodos científicos de sondeo de opinión a fin de acelcrar este cierre del circuito.

Los circuitos de contacto en dos direcciones se hacen presentes particularmente en los grandes centros metropolitanos, políticos y culturales del mundo. Nueva York, Moscú, Londres y París, por ejemplo, se encuentran en intenso contacto de doble dirección, incluso cuando el volúmen del flujo es drásticamente reducido (como ocurre en Moscú y Nueva York). Incluso hay puntos relativamente insignificantes que se convierten en centros mundiales al ser convertidos en capitales (Canberra en Australia, Ankara en Turquía, o el Distrito de Columbia en Estados Unidos). Un centro cultural como la Ciudad del Vaticano mantiene una intensa relación de dos direcciones con los centros dominantes de todo el mundo. Incluso centros de producción especializada como Hollywood, pese a su preponderancia en cuanto a material saliente, reciben un enorme volumen de mensajes.

Cabe establecer otra distinción entre control de mensajes y centros o grupos de manipulación de mensajes. El centro de mensajes en el vasto ediíicio del Pentágono, en el Departamento dc Guerra de Washington, transmite -sólo con algunos cambios accidentales-los mensajes entrantes a otros destinatarios. Tal es la misión de los talleres de impresión y de las distribuidoras de libros, la de los expedidores, operadores y mensajeros relacionados con la comunicación telegráfica, y la de los técnicos relacionados con las emisoras de radio y televisión. Estos expedidores de mensajes contrastan con quienes de alguna manera modifican el contenido de lo que se ha dicho, función que es propia de editores, censores y propagandistas. Al hablar de los especialistas del símbolo en general, los dividimos, por consiguiente, en manipuladores (o controladores) y expedidores; el primer grupo sucle modificar el contenido, cosa que no hace el segundo.

Necesidades y valores
Que hayamos señalado varias equivalencias funcionales y estructurales entre la comunicación en las sociedades humanas y la comunicación en los organismos vivos no significa que podamos investigar provechosamente el proceso de comunicación en Eslados Unidos o en el mundo a través de métodos especialmente apropiados para investigar animales interiores u organismos físicos individuales. En psicología comparada, cuando describimos parte de los entornos de una sala, un gato o un mono (es decir, una parte del medio ambiente que atrae la atención del animal), no podemos hacerle preguntas a la rata y utilizamos otros medios de percepción inferente. Cuando son seres humanos los objetos de nuestra investigación, podemos entrevistar al gran «animal parlante» (No se trata de que tengamos que aceptar todo al pie de la letra A veces, concluimos lo opuesto de lo que una persona dice que intenta hacer En este caso, dependemos de otras indicaciones, verbales y no verbales )

Tal como hemos dicho, es posible estudiar las formas vivas como agentes modificadores del entorno en proceso de satisfacción de necesidades y, por tanto, de mantener un estado firme de equilibrio interno alimentos, sexo y otras actividades que implican el medio ambiente pueden ser examinados sobre una base comparativa puesto que los seres humanos muestran reacciones de habla, podemos investigar muchísimas más relaciones que en las especies no humanas gracias a los datos aportados por el habla (y otros actos de comunicación). Es posible investigar la sociedad humana en términos de valores, es decir, con respecto a unas categorías de relaciones que son objetos reconocidos de gratificación. En Estados Unidos, por ejemplo, no se requiere una elaborada técnica de estudio para discernir qué poder y respeto son valores; nos es posible demostrarlo escuchando testimonios y observando lo que se hace cuando se presenla una oportunidad.

Es posible establecer una lista de los valores comunes a cada miemlbro del grupo elegido para la investigación, y además podemos descubrir el orden de importancia con que tales valores son percibidos. Es posible clasificar a los miembros del grupo de acuerdo con su posición en relación con los valores. En lo que a la civilización industrial se refiere, no vacilamos en afirmar que poder, riqueza, respeto, bienestar e inteligencia se cuentan entre los valores. Si nos paramos en esta lista, que no es exhaustiva, nos cabe describir, en base a los conocimientos disponibles (por fragmentarios que éstos puedan ser), la estructura social de la mayor parte del mundo puesto que los valores no están equitativamenle distribuidos, la estructura social revela mayor o menor concentración de poder, de riqueza y de otros valores en unas pocas manos. En ciertos lugares, esta concentración pasa de una generación a otra, formación de castas en vez de constituir una sociedad móvil.

En toda sociedad, los valores son modelados y distribuidos de acuerdo con unas normas más o menos distintivas (instituciones). Las instituciones incluyen comunicaciones que son invocadas como apoyo de la red de acción como un todo Estas comunicaciones son la ideología. Por lo que se refiere al poder, cabe distinguir entre la doctrina política, la fórmula política y la miranda.. En EstadosUnidos, el individualismo representa la doctrina, los párrafos de la Constitución, la fórmula, las ceremonias y leyendas de la vida pública, las mirandas. La ideología es comunicada a la joven generación a través de agentes especializados como el hogar y la escuela.

La ideología sólo es una parte de los mitos de una sociedad determinada. Pueden existircontraideologías dirigidas contra la doctrina, las fórmulas y las mirandas dominantes Hoy en día, la estructura del poder en las políticas mundiales se halla profundamente afectada por el conflicto ideológico, así como por el papel desempeñado por dos potencias gigantes, Estados Unidos y la Unión Soviética Las élites dirigentes se consideran unas a otras como enemigos potenciales no sólo porque las diferencias entre Estados pueden cristalizar en una guerra, sino también, en un sentido más apremiante, porque la ideología del otro puede atraer a elementos disidentes en un país y debilitar la posición de poder interno de cada clase dirigente.

Conflicto social y comunicación
En estas circunstancias, un elemento dirigente se muestra receloso del otro y confía en la comunicación como medio para conservar el poder. Por tanto, una de las funciones de la comunicación es la de facilitar información acerca de lo que está haciendo la otra élite, así como sobre su poderío dado el temor de que los canales de información estén controlados por los otros, con el fin de retener y deformar, existe la tendencia a recurrir a una vigilancia secreta. Por consiguiente, el espionaje internacional se intensifica por encima del nivel usual en tiempo de paz, y además se hacen esfuerzos para "enmascarar" la propia identidad a fin de contrarrestar la vigilancia del enemigo potencial. Por otra parte se emplea la comunicación con el propósito de establecer contacto con audicncias situadas dentro de las fronteras de la otra potencia.

Estas diversas actividades se manifiestan en el empleo de agentes abiertos o secretos para investigar al otro bando, en tareas de contraespionaje, en censura y restricción dc viajes, y en emisiones de radio y otras actividades informativas a través de las fronteras.

Las élites dirigentes están también sensibilizadas respecto de potenciales amenazas en el entorno interior, aparte de emplear fuentes de información abiertas, también se adoptan medidas secretas, se toman precauciones para imponer «seguridad» a tantas cuestiones políticas como sea posible. Al propio tiempo, la ideología de la élite es reafirmada y las ideologías contrarias son suprimidas

Los procesos aqui esbozados son paralelos a fenómenos que cabe observar en el reino animal, se emplean agencias especializadas para mantenerse alerta frente a las amenazas y las posibilidades de acción que suministra el entorno exterior. Paralelamente la vigilancia se ejerce también sobre el entorno interior, puesto que entre los animales inferiores es posible encontrar ciertos pastores de rebaño que dan muestras de temer tanto a los ataques del interior como del exterior, manteniendo una mirada intranquila sobre ambos entornos. Existen medios de vigilancia preventiva, ciertas especies disponen de medios bien conocidos, por ejemplo la pantalla de humo líquido emitida por el calamar o la coloración del camaleón. Sin embargo, no parece posible la equiparación con la distinción entre los canales «secreto» y «abierto» de la sociedad humana

Dentro de un organismo, el paralelo más próximo a la revolución social sería el crecimiento de nuevas conexiones nerviosas con aquellas partes del cuerpo que rivalizan con las estructuras existentes de la integración central, y que pueden ocupar el lugar de éstas. ¿Puede decirse que esto ocurre al desarrollar el embrión en el vientre de la madre? 0 para tomar un proceso destructor, ¿podemos decir, con razón, que se da una vigilancia interna con respecto al cáncer, si los cánceres compiten por los suministros alimenticios del cuerpo?

Comunicación eficiente
El presente análisis implica la existencia de ciertos criterios de eficiencia o de ineficacia en la comunicación. En la sociedad humana, la eficacia del proceso depende de las posibilidades de juicio racional que ofrece. Un juicio racional implica objetivos de valor. En las sociedades animales, la comunicación es eficiente cuando ayuda a sobrevivir o en cualquier otra necesidad específica del grupo y cabe aplicar el mismo criterio a un organismo individual.

Una de las tareas de una sociedad racionalmente organizada es la de descubrir y controlar todo factor que se interfiera con una comunicación eficiente. Ciertos factores limitativos son psicotécnicos. Las radiaciones destructivas, por ejemplo, pueden estar presentes en el medio ambiente y sin embargo pasar desapercibidas debido a las limitadas posibilidades del organismo carente de medios para detectarlas.

Pero incluso las insuficiencias técnicas pueden ser superadas por el conocimiento. En los últimos años, las emisiones de radio en onda corta han sido interferidas por alteraciones que, de no ser superadas, obligarán a prescindir de esta modalidad de emisión. Durante los úllimos años, sin embargo, se han conseguido progresos en cuanto a facilitar sustitutos satisfactorios para una audición o una visión defectuosas. Un avance menos espectacular, pero no menos importante, ha sido el descubrimiento de cómo corregir unos hábitos inadecuados de lectura.

Hay, desde luego, obstáculos deliberados en el camino de la comunicación, como son la censura y la drástica supresión de los viajes. Hasta cierto punto, los obstáculos pueden ser soslayados mediante una hábil evasión pero es indudable que a la larga será más eficiente librarse de ellos por medio del consentimiento o de la coacción.

La ignorancia es un factor persistente cuyas consecuencias nunca han sido adecuadamente investigadas. Aquí, ignorancia significa ausencia, en un punto determinado del proceso de la comunicación, del conocimienlo disponible en otro punto cualquiera de la sociedad. El personal destinado a reunir y diseminar la información, carente de una formación apropiada, tergiversa o descuida continuamente ciertos hechos, si definimos los hechos como lo que el observador objetivo y adiestrado podría hallar.

La falta de cualificación puede, también, contribuir a la ineficacia de la comunicación. Con excesiva frecuencia el comunicador consigue su prestigio gracias a la utilización de hechos deliberadamente falsos o deformados. En pos de la «primicia», el reportero da un cariz sensacionalisla a una anodina conferencia internacional y contribuye a la imagen popular de la política internacional como conflicto intenso y crónico, o poco menos. Los especialistas en comunicación con frecuencia no logran mantenerse al día con las nuevas técnicas; piénsese, por ejemplo, en la reticencia con la que han aceptado los nuevos procesos audiovisuales. Y a pesar de las investigaciones que se han hecho sobre el lenguaje, son muchos los comunicadores de masas que utilizan equivocadamente las palabras. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando un corresponsal se deja absorber por el ambiente extranjero y olvida que la audiencia de su país no posee una equivalente experiencia directa en lo tocante a «izquierda», «centro» y otros términos semejantes.

Aparte de los factores de habilidad o capacidad, el nivel de la eficiencia se ve a veces afectado por la estructura de la personalidad. Una persona optimista y decidida puede seleccionar los hechos que presentan una visión de los acontecimientos no matizada y, por tanto, exageradamente optimista. En cambio, personas pesimistas y excesivamente cautelosas seleccionan elementos muy distintos y que vienen a confirmar sus malos «presagios». Hay también discrepancias importantes entre personas de diversa lucidez y energía.

Algunas de las más serias amenazas contra una comunicación eficiente para la comunidad considerada como un todo se relacionan con los valores del poder, la riqueza y el respeto. Es muy posible que los ejemplos más notables de distorsión de poder se ofrezcan cuando el contenido de la comunicación es deliberadamente ajustado para que se amolde a una ideología o a una contraideología. Las distorsiones relacionadas con la riqueza no sólo proceden de intentos para influenciar el mercado, por ejemplo, sino también de unas concepciones rígidas del interés económico. Un ejemplo típico de ineficiencias relacionadas con el respeto (clase social) se presenta cuando una persona de clase superior sólo se relaciona con otras personas de su mismo estrato y olvida corregir su perspectiva al entrar en contacto con miembros de las demás clases.

La investigación en la comunicación
La anterior lista de ciertos factores que interfieren la eficiencia de la comunicación indica los tipos de investigación que cabe realizar fructíferamente en eslabones representativos de la cadena de comunicación. Cada agente es un vértice de factores ambientales que se entrecruzan de forma aleatoria. Todo el que efectúe una función de relevo puede ser examinado en términos de input y ouput. ¿Qué datos son sometidos a la atención del eslabón de relevo? ¿Qué es lo que éste transmite al pie de la letra? ¿Qué es lo que descarta? ¿Qué es lo que reelabora? ¿Que es lo que añade? ¿Cómo se relacionan las diferencias en input y output con la cultura y la personalidad? Al contestar a estas preguntas, es posible sopesar los diversos factores en conductibilidad, ausencia de conductibilidad y conductibilidad modificada.

Además del eslabón de relevo, debemos considerar el primer eslabón de la secuencia de comunicación. Al esludiar los centros de interés del observador principal, se ponen en evidencia dos series de influencias: los datos a los que está expuesto, y los hechos de su entorno. Un agregado diplomático o un corresponsal extranjero está expuesto a los mass-media y a la charla privada; asimismo, pueden contar soldados, medir emplazamientos de cañones, anotar horas de trabajo en una fábrica, y ver la mantequilla y el jamón que hay en cada mesa.

En realidad, es útil considerar el marco de atención del escalón de relevo, así como del eslabón primario, en términos de exposición a los medios y a los no-medios. E1 papel de los factores exteriores a los medios es muy débil en el caso de muchos operadores de relevos, mientras que adquiere indudable importancia en lo que se refiere al observador principal.

Masas y públicos
Hay que señalar que no toda persona es miembro del público mundial, aunque pertenezca, hasta cierto punto, al grupo de «observadores» del mundo. Para pertenecer a esta masa basta con poseer unos símbolos de referencia comunes. Todo el que tenga un símbolo de referencia para Nueva York, Norteamérica, el hemisferio occidental o el globo, es miembro, respectivamente, del grupo de observación de Nueva York, Norteamérica, el hemisferio occidental y el globo. En cambio, para ser miembro del público de Nueva York, es esencial participar de la actividad pública en Nueva York, o que afecte expresamente a Nueva York.

El público de Estados Unidos, por ejemplo, no se limita a residentes y ciudadanos, ya que los no ciudadanos que viven más allá de la frontera pueden tratar de influenciar las políticas norteamericanas. En cambio, no todo el que vive en Estados Unidos es miembro del público norteamericano, puesto que se necesita algo más que una atención pasiva. Un individuo deja de ser miembro de la masa y se convierte en publico cuando aspira a influenciar en la vida pública.

Grupos de sentimiento y públicos
Es preciso tener en cuenta otra limitación antes de poder clasificar correctamente a un grupo o a una persona dada como miembro de un público. Las demandas respecto a la política pública pueden ser objeto de debate. El público mundial es relativamente débil y subdesairollado, en parte porque suele estar subordinado a unas zonas de sentimiento en las que no se permite debate alguno sobre las cuestiones políticas. Durante una guerra o una crisis bélica, por ejemplo, los habitantes de una región se ven abrumadoramente obligados a aceptar ciertas imposiciones políticas. Puesto que el desenlace de un contlicto depende de la violencia, y no del debate, en tales condiciones no hay público. Hay una red de grupos unidos por el sentimiento que actúan como multitudes y, por consiguiente, no toleran disensiones.

A partir del citado análisis, está claro que hay observación, público y áreas de sentimiento con diversos grados de influencia en la política mundial. Estas zonas están relacionadas con las características estructurales y funcionales de la sociedad mundial, y especialmcnte del poder mundial. Es evidente, por ejemplo, que las pofecías más fuertes tienden a estar agrupadas en la misma área de atención, puesto que sus élites dirigentes se miran entre sí como una grave amenaza potencial. Las potencias más fuertes prestan, proporcionalmente, menor atención a las potencias más débiles que éstas a las primeras, ya que las potencias más fuertes suelen ser fuentes más importantes de amenaza, o de protección, para las más débiles, que éstas para las más fuertes.

La estructura de observación dentro de un Estado es un índice valioso del grado de integración del Estado. Cuando las clases dirigentes temen a las masas, los dirigentes no comparten la visión de la realidad del ciudadano medio. Cuando la imagen de la realidad que tienen los reyes, presidentes y gabinetes no puede circular a través de todo el Estado considerado en su conjunto, el grado de discrepancia muestra hasta qué punto los grupos dirigentes basan su poder sobre la distorsión de la realidad.

O bien, para expresar la cuestión de otro modo: si la «verdad» no es compartida, los elementos dirigentes esperan un conflicto interno, antes que una acomodación armoniosa al entorno exterior del Estado. Por consiguiente, los canales de comunicación son controlados con la esperanza de organizar la atención de la comunidad en general, de tal modo que sólo lleguen respuestas consideradas como favorables para la posición de poder de las clases dirigentes.

El principio del conocimiento equivalente
Se dice a menudo, en teoría democrática, que la racionalidad de la opinión pública depende de sus conocimientos. No obstante, hay una gran ambiguedad en cuanto a la naturaleza del conocimiento, y a menudo se da a este término una equivalencia con el conocimiento perfecto. Una concepción más modesta e inmediata no sería hablar de ilustración perfecta sino de ilustración equivalente. La estructura de observación de una política dada por un especialista totalmente entregado será más elaborada y refinada que la del lego, y podemos tener la seguridad de que esta diferencia siempre existirá. Sin embargo es muy posible que el especialista y el lego se muestren de acuerdo en los términos amplios de la realidad. Uno de los objetivos que podría fijarse la sociedad democrática sería el de conseguir un conocimiento equivalente entre el del experto, el del dirigente y el del ciudadano.

Experto, dirigente y ciudadano pueden tener la misma apreciación aproximada del crecimiento de la población en el mundo. Pueden compartir las mismas ideas generales sobre la probabilidad de una guerra. Nada tiene de fantástico imaginar que los controladores de los massmedia de comunicación se situarán en cabeza para aportar un elevado grado de equivalencia en la sociedad entre la imagen del profano sobre las relaciones importantes, y la imagen del experto y del dirigente.

Resumen
El proceso de la comunicación en la sociedad realiza tres funciones: a) vigilancia del entorno, revelando amenazas y oportunidades que afecten a la posición de valor de la comunidad y de las partes que la componen; b) correlación de los componentes de la sociedad en cuanto a dar una respuesta al entorno; c) transmisión del legado social. En general, cabe encontrar equivalentes biológicos en las asociaciones humanas y animales, y en la economía de un organismo individual.

En la sociedad, el proceso de comunicación revela características especiales cuando el elemento dirigente teme al ambiente interior, así como al exterior. Al calibrar la eficacia de la comunicación en cualquier contexto dado, es necesario tener en cuenta los valores en juego, así como la identidad del grupo cuya posición se está examinando. En las sociedades democráticas, las opciones racionales dependen del conocimiento, el cual, a su vez, depende de la comunicación y, muy en especial, de la equivalencia de observación entre dirigentes, expertos y profanos.




Talcot Parsons: El sistema social

Talcott Parsons, desarrolló el sistema del funcionalismo estructural, para cuya comprensión es indispensable su esquema denominado AGIL.
Las siglas AGIL se corresponden con lo que Parsons consideraba cuatro imperativos funcionales necesarios en todo sistema:
- A: Adaptación; todo sistema debe abarcar las situaciones externas. Debe adaptarse a su entorno y adaptar el entorno a sus necesidades.
- G (Goal attainment): Capacidad para alcanzar metas; un sistema debe definir y alcanzar sus metas fundamentales.
- I: Integración; El sistema debe regular la interrelación entre sus componentes. También debe controlar la relación entre los otros imperativos funcionales; A, G y L
- L: Latencia (mantenimiento de patrones); un sistema debe proporcionar , mantener y renovar la motivación de los individuos y las pautas culturales que lo integran.
El sistema de la acción social de Parsons, muy influído por weber (véase biografía), se divide en cuatro subsistemas que se corresponden con las partes del esquema AGIL:
1. Sistema social (Integración)
2. Sistema cultural (Latencia)
3. Sistema de la personalidad (Capacidad para alcanzar metas)
4. Organismo conductual (Adaptación)
En su análisis, los sistemas inferiores proporcionan las condiciones que requieren los sistemas superiores, y los sistemas superiores controlan al los que están en un nivel inferior en la jerarquía. El funcionalismo estructural se establece con los siguientes supuestos:
- Los sistemas tienen como característica el orden e interdependencia de las partes
- Tienden hacia un orden o equilibrio que se mantiene por sí mismo
- Los sistemas pueden ser estáticos o entrar en un proceso ordenado de cambio.
- Un parte del sistema influye en la forma que adoptan las otras partes.
- Los sistemas mantienen límites con sus ambientes.
- La distribución e integración son procesos fundamentales para el equilibrio de un sistema
- Los sistemas tienden al automantenimiento.

El sistema social
Parsons contempla el sistema social como un sistema de interacción, como unidad básica del sistema utiliza el concepto rol-estatus. El estatus hace referencia a una posición en el sistema estructural y el rol a lo que hace el actor en esa posición. Se considera al actor como un conjunto de estatus y roles. Parsons definió una serie de prerrequisitos funcionales de todo sistema social:
1. Los sistemas sociales deben estar estructurados de manera que sean compatibles con otros sistemas
2. El sistema social debe contar con el apoyo de otros sistemas
3. Debe satisfacer una parte significativa de las necesidades de los actores
4. Debe fomentar en sus miembros una participación suficiente
5. Debe ejercer control sobre las conductas potencialmente desintegradotas
6. Si surge un conflicto lo debe controlar
7. Requiere un lenguaje para poder sobrevivir
Para la integración del sistema social es necesario que se internalice en el individuo una serie de normas y valores, por medio de las cuales se realice un proceso eficaz de internalización que llegue a convertirse en parte en la conciencia de los actores. De este modo, cuando los actores persiguen sus intereses particulares, sirven a la vez a los intereses generales.
La socialización se define como un proceso conservador en el que las disposiciones de necesidad unen a los niños con el sistema social. Parsons considera esta socialización como una experiencia que dura toda la vida, aunque debe complementarse con experiencias socializadoras más específicas. Además de la socialización, el control social constituye un sistema de defensa complementario del sistema social; aunque un sistema funciona mejor cuanto menos recurre al control social.. El sistema debe tolerar cierta desviación para así proporcionar oportunidades de rol que permita expresar una serie de personalidades sin amenazar la integridad del sistema.
Un sistema social muy importante es la sociedad, que para Parsons tiene cuatro subsistemas que emanan de las unciones AGIL:
- La economía (A); es el subsistema que cumple la función de la adaptación de la sociedad al entorno mediante el trabajo, la producción y la distribución
- La política (G); busca el logro de metas mediante la persecución de objetivos sociales y la movilización de recursos para este fin
- La comunidad societal ( I ); realiza la función de integración, se ocupa de coordinar las partes de la sociedad.
- El sistema fiduciario (L); es decir, las instituciones socializadoras, cumple la función de latencia al ocuparse de la transmisión de la cultura, las normas y los valores.
Todos estos sistemas y subsistemas conforman la sociedad, considerada como una colectividad relativamente autosuficiente cuyos miembros pueden satisfacer todas sus necesidades individuales y colectivas y vivir dentro de su marco.



Estratificación social en EE.UU.

1ª Parte: Clases sociales y su historia
En la última década, los Estados Unidos de América vuelven a ser la potencia económica y militar dominante en el planeta; sin embargo ha aumentado considerablemente su nivel de desigualdad social. Esta circunstancia no impide que la idea que se tiene dentro y fuera del país sea que la igualdad es la nota dominante.
En relación con esta idea de igualdad, fue Tocqueville ( La democracia en América) el primero en manifestarla; quizá por contraste con la rigidez de clase y la desigualdad económica que conoció en Europa, le sorprendió la informalidad del trato y el alto grado de igualdad y democracia que encontró en las ex colonias. No obstante, ya existía entonces un alto grado de desigualdad en cuanto a poder y riqueza. La esclavitud y los privilegios estaban sancionados por leyes. Existe otra corriente de pensamiento, la marxista, que denuncia el desarrollo de "una aristocracia de los negocios" que formaba un grupo relativamente pequeño en el siglo XIX y que prosperaba a costa de un proletariado creciente. La crítica marxista pasa por alto la formación de una clase media entre ambos, lo que unido a la relativa ausencia de una conciencia de clase entre los trabajadores, hace que el funcionamiento de la sociedad norteamericana haya sido distinto al de las sociedades europeas.


Historia del sistema de clases en Norteamérica.

Las colonias de Norteamérica fueron fundadas por refugiados religiosos, protestantes que creían en la independencia personal y el individualismo; como sabemos, dos condiciones importantes del protestantismo son el "libre examen" y la "salvación por las obras". La expansión hacia el Oeste reforzó el individualismo, ya que los colonos tuvieron que romper con sus lazos anteriores y valerse por sí mismos en los territorios de frontera en igualdad de oportunidades. El resultado de este proceso histórico llegaría a recogerse en el "Credo americano" cuyos valores son la libertad, el igualitarismo, el individualismo, el populismo y el" laissez faire". Estos dos últimos valores se orientan a objetivos políticos: la población tiene que ser una fuerza que controle al gobierno y este debe influir en el menor grado posible sobre la vida de la población.
Estudios comparados con otras naciones actuales muestran que los norteamericanos siguen teniendo en el individualismo y el lassez faire. De los países estudiados, es la población americana la que menos apoya acciones del gobierno para solucionar los problemas sociales o para reducir la desigualdad.
El igualitarismo americano contempla una igualdad de oportunidades: todos los ciudadanos pueden competir en igualdad de condiciones, y los que tienen más talento tienen el derecho a destacar por encima del resto; esta idea permite a la elites justificar las diferencias sociales.

El sistema de clases norteamericano se puede desglosar del siguiente modo:
Clase alta
Se trata de grupos familiares que descienden de individuos que tuvieron éxito hace varias generaciones. Están en la cúspide de la jerarquía social y llevan un estilo de vida particular: clubes privados y comportamientos definidos. Los individuos mantienen relaciones endogámicas y tienen una clara conciencia de clase.
En relación con la economía, ocupan los cargos directivos de las grandes empresas y los altos cargos de la administración.
Dentro de las clases altas, la clase corporativa se define como un grupo de personas que ocupan posiciones clave de autoridad en las principales corporaciones. Son ricos, pero su influencia no se basa en la riqueza sino en el control de los recursos corporativos. Los individuos están unidos por intereses económicos comunes y pueden reconocer dichos intereses (tienen conciencia de clase). Suelen formar parte de varios consejos de administración de empresas y han ocupado altos cargos en el Estado. Sus intereses se encuentran en todo el sistema empresarial. Aunque sus rangos son accesibles, forman parte, como el resto de la clase alta, de clubes y escuelas exclusivas.
La concentración económica que favorece a esta clase social presenta los siguientes rasgos:
- El gran tamaño de las principales corporaciones y su capacidad de dominio en el mercado.
- Concentración del control de unas corporaciones por otras.
- Una red de consejos directivos interrelacionados que une a los miembros de esta clase. Quizá el dato más relevante a este respecto es que en EE.UU. hay más de doscientas mil corporaciones, el 75% de las acciones de estas corporaciones se encuentra en manos de unas cien empresas.
Un estudio del senado norteamericano de 1980 revela que todas las grandes empresas, bancos y compañías de seguros están vinculados de alguna manera a través de sus consejos de administración. El comité del senado encargado de esta investigación concluye que estos vínculos limitan la competencia, aumentan la concentración económica y la influencia en el gobierno.
La elite de esta clase es denominado "grupo interno de la clase corporativa"; los miembros de este grupo se caracterizan por tener más puestos dentro de los consejos de administración; suelen representar a los grandes bancos en estos consejos y representan los intereses corporativos en instituciones como las universidades y el gobierno.

Clase media y clase trabajadora
En los últimos cien años se han producido importantes cambios en la estructura de clases norteamericana y se están volviendo a producir en su parte intermedia. Mientras a principio del S. XX el 18% de los trabajadores eran de "cuello blanco" y el resto de "cuello azul", en 1970 el porcentaje había pasado a ser de 50 y 50. El aumento de la desigualdad en este sector se debe a los cambios en la estructura ocupacional. Se ha producido una fuerte disminución de puestos de trabajo cualificados y un aumento de trabajos de escasa cualificación y bajos salarios. También se produce un aumento en las posiciones de autoridad desde 1960.

La nueva clase media
A pesar de las críticas recibidas, la obra de W. Mills sobre la nueva clase media se la puede considerar como la más relevante que se ha producido hasta la fecha.
La vieja clase media se caracterizaba por la libertad de que gozaban sus miembros, ya que estos solían sus propios jefes, por el pequeño tamaño de sus empresas y por ser propietarios de los medios de producción.
Si a principios del S. XX el 80% de los trabajadores tenían propiedades y estaba muy extendida la pequeña empresa, este tipo de sociedad de pequeña empresa casi ha desaparecido a causa de las grandes concentraciones empresariales y del aumento de la economía a escala.
La nueva clase media está formada por especialistas, técnicos, organizadores y oficinistas que manejan la burocracia empresarial en esta economía compleja y masificada. Salvo excepciones, son todos asalariados de grandes empresas.


2ªParte: Consecuencias de la estratificación por clases.

Estabilidad y cambio en la clase trabajadora.
Con la aparición del capitalismo agrario durante la revolución industrial, los campesinos abandonaron sus tierras para formar parte de la mano de obra de la industria.
Gran parte de la fuerza de trabajo la formaron mujeres y niños hasta que el aumento del desempleo masculino obligó a crear leyes sobre el trabajo infantil y a crear otros tipos de industrias, con lo que la mano de obra pasa a ser mayoritariamente masculina.
Se desarrolla un fenómeno denominado economía dual o mercado de trabajo dual; en él las industrias se dividen en centrales -La industria petrolera, acererías etc- y periféricas - como grandes almacenes, cadenas de restaurantes, etc.- Las industrias centrales se caracterizan por tener mayores beneficios, productividad más alta, concentración corporativa, producción intensiva en capital y menor competencia económica. Las industrias periféricas tienen las características opuestas.
Las consecuencias para los trabajadores son que en las industrias centrales los salarios son más altos y las condiciones de trabajo son mejores y otras ventajas complementarias respecto a las periféricas.
Sin embargo, a causa del aumento de la competencia comercial extranjera y del descenso de la economía norteamericana en los años setenta y ochenta, las diferencias de ingrasos entre trabajadores centrales y periféricos se han ido nivelando a la baja.
En las últimas décadas se reducen los trabajos cualificados en las industrias centrales y aumentan los trabajos poco cualificados en el área de servicios de la industria periférica. Aumentan los empleos de profesionales y directivos en industrias de tecnología punta que requieren alta especialización. Disminuyen los sueldos medios al tiempo que han aumentado en un 50% los trabajadores cuyos sueldos están por debajo del umbral de pobreza. Las causas de esta situación se encuentran en un aumento de la competencia económica de otras potencias, aumento de estos países en alta tecnología, reducciones de plantilla y producción ligera.

Consecuencias de la posición de clase.
Ha aumentado la desigualdad de rentas debido al incremento de puestos de trabajo con salarios altos y la disminución de salarios en los estratos bajos, a esto hay que añadir las diferencias de renta dentro de una misma clase en caso de que el trabajador pertenezca a una industria central o periférica. Por otra parte, un estudio de Parcel descubrió que los sueldos de las industrias periféricas dentro del área de una industria central (proveedores de una petrolera, por ejemplo) son superiores a las de otros sectores periféricos.
La alineación (Marx) de los trabajadores aumenta a medida que se desciende en las posiciones ocupacionales. Este fenómeno se produce en diversos países estudiados incluidos los EE.UU.
En relación con las condiciones físicas del trabajo, obviamente la diferencia se establece entre trabajo manual y no manual. Aunque los trabajadores de cuello azul y los de cuello blanco pueden estar sometidos a las mismas condiciones psíquicas, los trabajos de cuello blanco son generalmente más seguros, a excepción de los que realizan los técnicos y científicos que trabajan con altas energías o sustancias peligrosas.

Socialización infantil.
La socialización de los niños varía dependiendo de la clase a que pertenecen, está orientada a la reproducción social. Así, los padres de clase media fomentan la confianza de los niños en si mismos, razonando los mandatos, explicando el por qué de estos. Los padres de clase trabajadora suelen fomentar la obediencia, dándoles órdenes sin explicaciones. Donde más se aprecia le diferencia es precisamente en el propio sistema educativo.

Participación política.
Cuanto más baja es la clase social, menor es el porcentaje de votantes, aunque se ha apreciado un aumento de voto en las minorías. Las razones de esta desidia son varias: imposibilidad de faltar al trabajo para votar, ya que las elecciones se suelen realizar en días laborables, sentimiento de alineación de las clases bajas y, sobre todo, el desinterés de las elites políticas por captar el voto de los trabajadores, ya que implicaría prometer mayor igualdad, mejoras sociales y aumento de impuestos a las clases altas (que son las que pagan las campañas)

Los sindicatos.
En comparación con otros países, la afiliación sindical en EE.UU. es muy baja, entre otras razones están la doctrina individualista, que hace que las personas busquen sus mejoras laborales por su cuenta y riesgo en lugar de hacerlo colectivamente, también influyen las divisiones étnicas de los trabajadores, y sobre todo el apoyo que recibe la clase capitalista del estado frente las reivindicaciones sindicales..

La pobreza en los EE.UU.
El nivel de pobreza en Estados Unidos es muy superior al del resto de los países desarrollados. La Oficina del Censo utiliza una definición de pobreza, para esto realiza una estimación de lo que le cuesta a una familia la compra de los productos básicos. Para 1998 el umbral de pobreza se estimó en 16.050 $ para una familia de cuatro miembros. Para esa fecha el nivel de pobreza es de un 13% (más de treinta y dos millones de personas). Las familias que viven de un trabajo no cualificado cobrando el salario mínimo se encuentran por debajo de dicho nivel de pobreza. Se da la paradoja de que, pese a no haber apenas desempleo, una parte de los trabajadores es pobre.
Las ayudas estatales para los pobres se han ido recortando hasta un 50% a principios de los años noventa. Desde la IIª Guerra Mundial, la pobreza en Estados Unidos se redujo paulatinamente hasta solo un 11% en la década de los 70´, para de nuevo aumentar a un 15% durante la era Reagan, debido sobre todo a los recortes en materia asistencial.
Otro dato a tener en cuenta es el aumento de la pobreza en hogares monoparentales encabezados por mujeres y el aumento de la pobreza infantil; en 1980 el 38% aproximadamente de estos hogares vivía en la pobreza; en 1992 ya era el 48% de los hogares de este tipo. Para esas fechas, la pobreza infantil representaba el 18% y el 22% respectivamente. Entre los niños la pobreza es mucho más grave, ya que deja secuelas físicas permanentes que se pueden transmitir a la siguiente generación.
Entre los más pobres, la pobreza ha aumentado entre 1975 y1990 en un 10% en la población que se encuentra por debajo del 50% del umbral de pobreza.
Finalmente, la población norteamericana que pasa hambre aumenta de 20 millones de personas para finales de los 80´ a 30 millones a mediados de los 90´, Una de las razones se encuentra en el recorte de los vales de comida entregados por el Estado a los más desfavorecidos durante la era Reagan; un vale de comida no llega a valer 50 ctvs.


3ªParte: Estratificación por raza, etnia y género

Estados Unidos es una de las naciones con mayor diversidad étnica y racial del mundo. Es una amalgama de euroamericanos, asiáticoamericanos, latinoamericanos, además de amerindios.

Los nativos americanos
Llegaron de Asia y ocuparon América hace unos diez mil años. Cuando los europeos llegaron al continente, las relaciones con los nativos fueron al principio relativamente cordiales, pero se deterioraron paulatinamente debido a guerras, servidumbres impuestas y otros motivos. La situación llegó al paroxismo con la política de exterminio más o menos sistemático realizada por el gobierno para facilitar a los colonos la ocupación de nuevas tierras en su marcha hacia el Oeste. En 1850 los blancos ya ocupaban los territorios al Este del Missisipi; hacia 1890 llegan al Pacífico. En esta fecha ocurre la batalla más importante entre blancos y nativos, en ella se masacra a unos trescientos sioux. Se estima que cuando llegaron los blancos a Norte América vivían allí unos 850.000 amerindios; en 1860 apenas quedaban unos 250.000. Hoy la mayoría de los nativos que quedan pertenecen a las minorías más pobres del país.

Afroamericanos
Llegaron a América como esclavos, en un número aproximado de 8.000.000. En EE.UU. fueron vendidos unos 400.000, reproduciéndose hasta alcanzar la cifra de 4.000.000, todos esclavos. Fueron utilizados como mano de obra agrícola; a diferencia de los esclavos de la antigüedad, o de los que estaban en la América hispano-lusa, carecían completamente de derechos, no podían emanciparse ni casarse con quién eligieran Etc. Para justificar este sistema esclavista los blancos desarrollaron una serie de creencias racistas sobre la base teórica de que los individuos de raza negra eran "infrahumanos".
Alcanzaron la plena emancipación después de la guerra civil, sin embargo en los estados del Sur se estableció una legislación (Jim Crow) que promulgaba la segregación, negaba el derecho al voto y el acceso a los tribunales a la población de raza negra.
A principios del siglo XX se inician los primeros movimientos pro-derechos civiles, que culmina en la década de los 60 con el Movimiento Por los Derechos Civiles. Algunos factores que aceleraron este proceso fueron la inmigración de la población de color del Sur hacia el Norte y de áreas rurales a urbanas, que propiciaron la concentración, organización y publicidad del movimiento. Otros factores fueron las iglesias negras (Luther King era pastor religioso), y la necesidad de votos por parte de los políticos.

Hispanos
Es la minoría que aumenta con mayor rapidez. Por naciones, los más numerosos son los mexicanos, que en buena parte viven desde siempre en los territorios usurpados por EE.UU. a México en la Guerra de 1848. El resto son inmigrantes actuales en buena parte ilegales (los llamados "espaldas mojadas"). Otros grupos son exiliados de naciones en guerra civil o con dictaduras, al margen de exiliados económicos.

Asiáticos
El mayor contingente lo forman ciudadanos chinos, muchos de ellos descendientes de los inmigrantes que llegaron para trabajar en el ferrocarril a finales del s. XIX. A partir de 1890 comienzan a llegar japoneses. Estos, aunque disponian de mayor riqueza que los chinos fueron igualmente discriminados. Se les negó el derecho a tener tierras y el de ciudadanía y en 1920 se aprobaron leyes que prohibían en la práctica la inmigración de asiáticos. En la IIª guerra mundial los japoneses fueron internados es campos de concentración. Los asiáticos que llegaron posteriormente a Norteamérica fueron camboyanos y vietnamitas que huían de las guerras del Sudeste asiático. Los primeros en llegar de estas poblaciones eran de clase media y formación cualificada; a finales de los años 70 llegaron poblaciones de clase baja y sin cualificación que no huir al principio.

Euroamericanos
Hasta 1860 los grupos de raza blanca fueron bastante homogéneos; en su mayor parte los inmigrantes eran ingleses, irlandeses y alemanes, que se integraron bastante bien con los ya establecidos. Después de la guerra civil y hasta 1920 entran en EE.UU. unos treinta millones de inmigrantes procedentes del centro y del Este de Europa que son en principio discriminados por los otros blancos, aunque los descendientes de estos se acaban integrando, sin embargo, aun quedan comunidades cerradas de polacos e italianos en las ciudades.
El grupo más poderoso lo forman anglosajones protestantes (WASP) que predomina en las elites corporativas, licenciados en universidades de prestigio y altos cargos políticos.
La comunidad judía tiene menos poder de lo que se suele pensar; solo destacan en las elites de los medios de comunicación, con un 25% de participación.



Género, raza y desigualdades étnicas

Desigualdades de género.
La desigualdad entre hombres y mujeres respecto a la renta se va reduciendo, aunque todavía sigue siendo bastante acusada en relación con otras naciones industriales; sobre todo en las ocupaciones más elevadas. Uno de los motivos de esta nivelación es la bajada de los salarios de los hombres: los empleos con mayores salarios se van reduciendo y están ocupados en su mayoría por varones y los empleos peor pagados no han subido. En cuanto a diferencias de género por etnias, la desigualdad entre hombres y mujeres blancos es muy superior que en negros e hispanos.

Desigualdades de género comparadas.
Según el Indice de Desarrollo Humano de la ONU, concretamente el aplicado a las mujeres y que tiene en cuenta indicadores de renta, empleo, educación y otros, de 33 países que fueron estudiados, la mayor diferencia entre hombres y mujeres corresponde a Corea del Sur, y la menor a Suecia. A EE.UU. le corresponde el decimotercer puesto.
Otra cuestión es la incidencia de la maternidad en la vida laboral de las mujeres; esta circunstancia retrasa su desarrollo laboral y puede producir la pérdida de empleo. En EE.UU. hasta 1994 no había ninguna garantía ocupacional durante el periodo de maternidad. En ese año se aprueba una ley que obliga a los empresarios a readmitir a las mujeres tras un pequeño periodo de baja por maternidad, aunque esta baja no es remunerada. En otros países la baja si es remunerada y dura desde las 8 semanas de Suiza a las 40 de Inglaterra.

Desigualdades raciales y étnicas
Entre 1967 y 1991 las minorías negras e hispanas han visto reducidos sus ingresos respecto a los blancos debido a que estas minorías se concentran en empleos no cualificados y de periferia, empleos que han aumentado al tiempo que ha disminuido su remuneración. Los empleos de tipo medio en industrias centrales se han reducido, hecho que ha afectado más a las etnias minoritarias.
Ha disminuido entre la población de raza negra el número de familias tradicionales (biparentales), aumentando las familias encabezadas por mujeres del 20% al 60% en 30 años; ello implica que en épocas de dificultades económicas no ha habido un segundo consorte que se haya incorporado al mercado de trabajo, con el consiguiente empobrecimiento de las familias monoparentales. La combinación de Desigualdad de sexo y raza llega al extremo de que un hogar encabezado por una mujer de raza negra solo alcanza el 38% de la renta del encabezado por una mujer blanca.
Otra diferencia en la renta viene dada por el recorte de los subsidios asistenciales en los años 80 y 90, que eran destinados en su mayor parte a las etnias minoritarias, las más pobres del país.


Estereotipos

Los estereotipos son creencias sobre colectivos humanos que se crean y comparten en los grupos y entre los grupos dentro de una cultura. El estereotipo puede considerarse “una forma inferior de pensamiento” si este es erróneo por no coincidir con la realidad, por obedecer a una motivación defensiva o por ser rígido o etnocéntrico (Miller). El estereotipo étnico (Brigham) es una generalización referente a determinado atributo de un grupo étnico que puede ser considerada como injustificada por parte de un observador objetivo. Según Tajfel, un estereotipo acerca de un grupo étnico se define en función de un consenso de opinión sobre los rasgos atribuidos a dicho grupo. Que el estereotipo se considere negativo se debe a que se base en conceptos aprendidos erróneamente; en sobregeneralizaciones o inexactitudes, o que sean excesivamente rígidos a pesar del transcurso del tiempo. Cuando hay consenso social sobre determinado estereotipo, a este se le añade el adjetivo “cultural”. Entre los rasgos que caracterizan a los estereotipos están los que definen al grupo y los que lo distinguen de otros colectivos. El estereotipo está relacionado con dos conceptos en el tratamiento de los grupos humanos; mientras el estereotipo sería el conjunto de creencias acerca de atributos asignados a un grupo, en un plano cognitivo, el prejuicio sería la evaluación negativa del grupo en un plano afectivo y discriminación sería la conducta desigualitaria en el tratamiento dado a individuos en virtud de su pertenencia a dicho grupo en el plano conductual. Por tanto, el estereotipo negativo podría servir para racionalizar y justificar los prejuicios. El estereotipo, además de una función cognitiva, cumplen una función defensiva, ya que es la proyección de determinados valores, estatus y derechos, manteniendo así determinados grupos su posición dominante sobre otros. El individuo, al enfrentarse a una evidencia que contradice determinado estereotipo, su reacción dependerá de la rigidez de sus creencias o de sus intereses en el objeto de contradicción. Si es rígido en sus creencias o su interés en mantener el status quo es alto, no habrá cambio; la contradicción será la excepción que confirma la regla. En cambio, un individuo de mente abierta puede llegar a perder en este caso la con fianza en las formas aceptadas de valoración. Allport vincula estereotipo y prejuicio; define al primero como una creencia exagerada asociada a una categoría. Su función es justificar una conducta respecto a esa categoría. En el estereotipo existe un proceso de categorización que sirve para formar agrupaciones de hechos y objetos que sirven de guía en la adaptación de los sujetos; asimila todo lo que puede a la categoría y permite identificar con rapidez los objetos asociados a dicha categoría, que a su vez satura todo su contenido con el mismo efecto emocional e ideal; todo este proceso puede ser racional en mayor o menor medida. Los errores asociados al uso de estereotipos son según Campbell el absolutismo fenoménico en la forma de caracterizar al exogrupo, al pensar que este es tal y como se percibe, sin considerar proyecciones y comunicaciones defectuosas, exagerando las diferencias intergrupales y la homogeneidad intragrupal; percepción causal errónea al atribuir diferencias a la raza en lugar de al ambiente; pretensión de que los rasgos negativos producen hostilidad, cuando la verdadera causa de esta puede ser el etnocentrismo, amenazas o desplazamiento de la agresión. Campbell en su contribución al estudio del estereotipo resalta la influencia del contexto comparativo en la selección de los rasgos que conformarán los estereotipos. Sitúa los orígenes de esa selección en la interacción entre grupos y sus respectivos papeles en la sociedad. Pone de manifiesto supuestos causales implícitos en algunos tipos de intervención para el cambio y mejora de estereotipos a través de la confirmación de rasgos. Atribuye importancia a explicaciones causales de las diferencias entre grupos.



Estructural funcionalismo vs. Materialismo histórico.
Juan Rodríguez Martínez.

Los matices del funcionalismo y del estructuralismo.

En esa línea de ideas, pues, el concepto de funcionalismo tiene matices diferentes: por una parte se le ve como una situación de equilibrio-armonía que permite a los elementos del sistema la resolución inmediata de los problemas de desequilibrio que eventualmente pudiese confrontar; por la otra, como una estandarización o modelo del que debe desprenderse la positividad de los actos que se realicen; y, finalmente, como sujeción o dependencia a los dictados de la sociedad mediante la adaptación plena de los integrantes del grupo y, por ende su condición de elementos indispensables para que el todo funcione a través de las partes.

Surgen entonces las nociones de reglismo o codificación, de moralidad social y convivencia pacífica, de juridicidad a ultranza y de valor personal. Pero la consecuencia inmediata de tales premisas es la adopción de tesis extrapoladas: la preeminencia de la cultura como factor de funcionalidad y de discernimiento sobre su observancia subjetiva, de tal forma que se integra al concepto de cultura la noción misma de civilización y se termina, como en el caso de Freud, por asimilarlas o entenderlas como si fuesen sinónimos, llegándose al extremo, como consecuencia lógica de tal apreciación, que la indispensabilidad del ser humano quede finalmente subordinada al interés colectivo y, por ende, se desplace la propensión humanista hacia la colectivista.

De ello termina por resultar que Merton hable de un análisis funcional en el que se consideran los estándares o parámetros a los que debe sujetarse el comportamiento humano, las actitudes y motivaciones que le son propias, las funciones mismas y sus contra funciones asumidas como consecuencias, las nociones de unidad ligadas a las de conglomerado y estratificación, la admisión de las necesidades y satisfactores humanos a título de exigencias sociales, los mecanismos, alternativas y contextos o coerciones que determinan la dinámica y el cambio sociales, así como los problemas experienciales e ideológicos que matizan el sistema.

En complemento de las nociones funcionales se habla de las estructurales o constructivas, que tienen múltiples connotaciones, y que compendiaron en mayor grado Levi-Strauss y Saussure en los ámbitos de la antropología y la lingüística prioritariamente.

El llamado estructuralismo es una tendencia metodológica con algunas relaciones tanto científicas como filosóficas. No es propiamente una doctrina científica o filosófica, ya que descansa, fundamentalmente en la teoría de la información, la lingüística y la cibernética. Pretende una ordenación -y de allí el concepto de estructura- tanto del saber como de su aplicación concreta. Pero sólo se ocupa de homologar la realidad de las cosas con el conocimiento de las mismas, o, lo que es lo mismo, convertir las ciencias humanas en ciencias convencionales, como las de la natura. Por razón de esa preeminencia de la lingüística dentro de su temática propia, necesariamente es vinculable al tema pedagógico, toda vez que de ella se desprende la comprensión de los modelos o paradigmas empleables en el proceso de aprendizaje y, por complemento, en la conformación conductual genérica de cualquier conglomerado.

Las nociones de Levi-Strauss, por ejemplo, sobre totalidad, transformación y autorregulación configuran la visión más elemental del tema, ya que se refiere, en esencia, a la conformación organizativa de cualquier cambio posible. Toda estructura, pues, entraña una lógica inmanente a su conformación, aun cuando se exprese como método o como fórmula, de tal manera que siempre es su expresión, o sea el lenguaje, lo que determina su configuración como sistema.

Sus limitantes, por otra parte, son obvias: se trata de un método científico que ya desde principios utilizado en el ámbito de la ciencia. Los estructuralistas contemporáneos han querido elevarlo al rango de disciplina filosófica, pero, evidentemente, sin justificación suficiente para ello. Adicionalmente debe observarse que, si bien es espectacular en cuanto a sus resultados al ser empleado únicamente como método, las conclusiones, en cambio, de su uso, han sido totalmente opuestas: sus cuatro representantes principales, Levi-Strauss, Lacan, Foucault y Althusser, asumen como conclusiones finales una percepción notoriamente depresiva sobre el futuro del hombre: Althusser lo cosifica; Lacan le niega toda esperanza; Foucault anuncia su fin y Levi-Strauss lo hace desaparecer. Pero tal apreciación seña lo de menos si existiese alguna congruencia entre esta corriente metodológica y la problemática de fondo tradicionalmente tratada por la filosofía, al menos para considerarla dentro de ella, pero el caso es que sus tópicos han sido esencialmente científicos y escasamente filosóficos. Antes bien, debiéramos concluir que su utilidad pedagógica está limitada a una mera concepción puramente sociológica que, en consecuencia, no podría desligarse de las visiones marxistas sobre lo socio-económico, tal como finalmente han confluido.


Estructuralismo y Marxismo.

Fue Althusser quien mejor emprendió la revaloración de la obra de Marx desde una perspectiva ciertamente epistemológica, pero esencialmente reestructurante de la perspectiva psico-filosófica del pensamiento de Marx. Analizó la trascendencia de las estructuras conformativas de la historia y sus efectos o impactos en los grupos sociales clásicos, de tal forma que la transición entre estructuras y superestructuras no únicamente resulta redimensionada a través de los modos de producción material, sino también en su perspectiva estructural y, por ende, dialectivo-metodológica en su máxima extensión.

Fue Schaff quien se vino a ocupar, posteriormente, de una especie de refundición de las nociones estructuralistas en términos metodológicos, destacando sus aspectos sistemáticos, finalísticos, coexistenciales e investigativos como prioridades comunes.

La integración de la dialéctica al estudio estructuralista, tanto a partir de Hegel como de las reconsideraciones de Marx y, sobre todo de Engels, ha significado para los estructuralistas una reflexión adicional sobre los procesos y funciones, así como de sus contenidos históricos y sociológicos.


Materialismo histórico.

La concepción del materialismo histórico en Marx y Engels ha sido tratada desde muy diversos puntos de perspectiva, pero seguramente ha sido George Lukacs quien ha mostrado mayor apego a la ortodoxia de la visión original. La tesis original consistía en entender la realidad social a través de su naturaleza, entendida como una unidad dialéctica de la base y la superestructura, de tal forma que el hombre inserto en la objetividad de las relaciones derivadas de ese contexto pudiese ser rescatado mediante una redención de sus condiciones a través de la toma progresiva del poder, cuando dependiese del trabajo, y mediante el desplazamiento de las clases dominantes que lo explotaban.

Si se entiende la realidad social como una relación dialéctica en la que a través de la historia se ha procedido mediante todas las formas imaginables de explotación, la lógica de la revolución se ve como un factor obligado para modificar tal condición. La vieja noción hegeliana de la dialéctica, entendida como un proceso cíclico de tesis, antítesis y síntesis viene a constituir el silogismo metodológico en el que debe sustentarse el proceso revolucionario, pero sólo a través de la comprensión de las superestructuras, sobre todo ideológicas, que se imponen a la sociedad, especialmente en sus sectores marginados o proletarios -proletario significa pobre- es como cabe derrocar la dominación burguesa que se sirve de la plusvalía en el proceso productivo para enriquecerse al extremo con el consecuente empobrecimiento progresivo de las masas trabajadoras, de tal forma que sólo mediante la inversión de tales condiciones puede resultar posible el retorno al equilibrio.

Ahora bien, lo que esencialmente importa de esta descripción original marxista sobre los fenómenos sociológicos que alteran las condiciones económicas de los marginados de la tierra es el impacto o consecuencia que tal actitud genera en el ámbito de la educación. Resulta obvio entender que la sociedad burguesa, según la concepción primigenia de Marx, se apropie de los mejores cerebros y de los mejores medios para mantener dominadas a las masas de los trabajadores. Las superestructuras vienen a consistir, desde el punto de vista más político que económico, la posesión o dominio, por parte de la burguesía, de los mejores recursos sociales para mantener su hegemonía clasista y, por ende, su dominio sobre las clases trabajadoras.

Esta perspectiva repercute, desde luego, en que la educación se mantenga en sus mayores niveles al servicio de la burguesía y, consecuentemente, que el proletariado no la reciba en forma alguna o deba conformarse con nociones adormecedoras de la realidad para sujetarlo en forma indefinida a los dictados del capital. Su expresión en el sentido de que la religión fuese el opio del pueblo parte precisamente de la idea de expresar con toda claridad el papel enajenante de tales elementos conceptuales para subordinar a los pobres. Obviamente, al expresarse así el dominio burgués, resulta claro entender que se procure una especie de oscurantismo o de negación al acceso de la pedagogía para mantener en la ignorancia a tales grupos sociales marginados y continuar su opresión o explotación.

La visión materialista deriva de la necesidad, pues, de evitar que las fantasías ideológicas o utopías en las que se pretendía envolver a los proletarios siguiesen adulterando sus expectativas reales de redención por la vía revolucionaria para tomar el poder y servirse de él como fórmula para abatir en definitiva el dictado del capital que les impedía superación alguna. Ese materialismo llegó a ser calificado como científico, pese a que careciera de la más elemental noción o justificación de ciencia, pero con ello quería explicarse desde un punto de vista más sociológico que exactista el propósito de explicar la realidad social como una condición injusta e igual que necesariamente ameritaba la corrección que sólo cabía realizar a través de la revolución.

Cabe concluir, pues, que las perspectivas sociológicas de la educación han descansado mucho más en el análisis de las perspectivas puramente socio-históricas de la realidad social y que, por ende, cuando las teorías estructuralistas y funcionalistas han querido describir esa realidad social para establecer los medios o factores de restauración del equilibrio, inevitablemente han tropezado con el precedente que ya Marx reseñaba, desde mucho antes, como una condición insalvable, a menos que se emprendiera el esfuerzo revolucionario. Lo lamentable es que la experimentación de las tesis marxistas en la antigua Unión Soviética fracasaron por la inversión leninista y stalinista de su pensamiento al convertir el comunismo en un mero capitalismo de Estado, tan nefasto como el capitalismo convencional o liberal, aunque en el fondo éste haya terminado por evidenciarse como neoimperialista o neocolonialista. El materialismo histórico ha terminado, también, por ser rebasado como expresión pragmática de la realidad de los tiempos de Marx mediante toda clase de sucedáneos y recursos del capitalismo convencional al procurar la fragmentación del capital, la reducción de la jornada laboral, la implementación de toda clase de medidas de previsión social, etc., de tal forma que hoy en día no únicamente se antoja anacrónico sino hasta intransitable desde el punto de vista doctrinario y pragmático.


jueves 21 de febrero de 2008

Manual urgente de comunicación urbana

Introducción

"Sólo con el corazón se ve, lo importante es invisible a los ojos” Saint Exuperi

Primero, antes de cualquier cosa, debo aclarar que con este trabajo no pretendo cambiar al mundo ni convencer a nadie de nada. Sólo es mi deseo desde una construcción minimalista, plantear interrogantes ante una carrera profesional y su función social, pues a pesar de toda la historia de esta profesión maravillosa, su inmensa dinámica y de su total similitud con el ser humano, con sus virtudes y defectos, los Comunicadores Sociales nos podemos dar el lujo de repensar todos los días nuestra profesión.
Esta breve redacción está dividida en tres partes: una dedicada totalmente al Profesional de la Comunicación y otra como una breve reflexión del deber ser de la comunicación dentro de la sociedad.
Y empiezo presentando una visión de lo que es la comunicación, a partir de diversas teorías que, aclaro, son más valiosas por su forma, como es típico de los Comunicadores, y luego paso a hablar de sus profesionales, para ir después al sentido que para mí, como responsable de este texto y abusando de la bondad de algunos autores en quienes me apoyo, tiene la comunicación dentro del contexto de construcción de sociedad.
Cuando mencionamos la palabra comunicación estamos aludiendo a significaciones que causan un verdadero caos a la hora de medir sus efectos. Saber a ciencia cierta qué es y quiénes son los responsables de ella, es decir, no sólo desde el punto de vista de los profesionales sino también del ciudadano común, nos ayudará a pensar sobre su verdadero papel dentro de la sociedad.
Sociedad entendida como un sinnúmero de visiones de mundo que se entrelazan y chocan entre sí partiéndose en pedazos y regenerándose en células nuevas, diferentes a la matriz original, que conforman un mosaico en el cual el ser diferentes es lo único que nos hace iguales en el interior de los conglomerados a los cuales llamamos ciudades que para bien o para mal nos toca compartir.
Y es en ese compartir donde está el secreto de la supervivencia de la humanidad, la cual, sin lugar a dudas lo único claro que tiene es la escasez de los recursos necesarios para la vida. Siendo ésta la única razón de fondo de todas las problemáticas por las cuales pasamos a diario. Si no tuviéramos que respirar para qué el aire, si no tuviéramos qué comer para qué la comunidad.
Y para que todo esto ocurra es necesario que exista un elemento cohesionador, conector y dinamizador encargado de juntarnos y hacernos saber los unos a los otros que existimos y que, querámoslo o no, estamos sobre el mismo planeta y tenemos el derecho a vivirlo y vivirlo en paz. Ese elemento no es otro que la Comunicación.


Primero: La Comunicación
¿Qué es la Comunicación?
Todavía los pensadores modernos se están dando “totes” en la cabeza para intentar explicar qué es la Comunicación, y por supuesto son muchos los puntos de vista desde los cuales se puede enfocar la cuestión. Abraham Moles en su Teoría Estructural de la Comunicación y la Sociedad[i] nos dice: “Para enmarcar el acto de la Comunicación partimos del hombre individual, aislando la mente en una especie de esfera personal a través de la cual pasan los estímulos del medio ambiente; ahí se sitúa para él “la frontera de su ser”.
Dentro de esta esfera el individuo recibirá los mensajes del mundo exterior que contribuirán a determinar su comportamiento y a suscitar reacciones. Estos mensajes - estímulos que golpean sus sentidos provienen de lugares distintos y se presentan bajo distintas formas.
El hombre construye su destino, su conocimiento del mundo, sus sentidos, sus significados y su cultura a partir de esa “mirada en perspectiva” acerca del medio que lo rodea.
Consideremos ahora a otro individuo que también tiene su esfera personal de sensaciones y acontecimientos. La Comunicación consistirá en el establecimiento de una concordancia entre las esferas de los dos seres, que se expresan el uno a otro mensajes que poseen un continente y un contenido”… hasta aquí esta muy bien. Nos estamos refiriendo a la vieja estructura donde se codifica y se decodifica, de emisor - perceptor, mensaje, perceptor - emisor, según la cual la Comunicación tiene entonces como raíz la idea de “poner en común”.
Sin embargo, podemos acudir a Lacán[ii] para demostrar que partiendo de la misma definición de Moles, la Comunicación como tal no existe.
Utilizando la misma estructura del signo lingüístico de Saussure, donde los códigos están compuestos por significante y significado, Lacán cambia el significado por el sentido: la experiencia de cada individuo, pues detrás de él está toda la formación histórica de ese individuo, su tradición y su inconsciente, entre otros; y al significante le da una orientación connotativa. Postulado con el que Carl Jung y Noan Chomsky están de acuerdo
La Comunicación no existe en cuanto en el campo de lo simbólico, de formación personal, no hay una concordancia exacta entre los significantes y los sentidos de dos individuos.
Pero si la Comunicación como tal no existe entonces en qué se fundamenta el “contacto” necesario para la construcción de sociedad?
Para comprender, o mejor, para responder esta pregunta empezaremos por decir que en razón de la supervivencia los hombres deben asociarse. Pero cómo se da esta asociación?
Para Juan Jacobo Rouseau[iii] es necesario que se elabore un “Contrato Social” en el cual los hombres nacidos libres renuncian a su libertad en pro de una voluntad general, haciendo cada cual su enajenación sin reservarse nada. La enajenación total de cada uno de los asociados con todos sus derechos, realizada a favor del bien común, porque en primer lugar, dándose cada uno en todas sus partes, la condición es la misma para todos y es la condición igual para todos... surge un pacto en el cual los asociados renuncian a sus libertades individuales a favor del conglomerado al cual pertenecen y éste delega en una persona elegida libremente. Cuando surge un contrato en estos términos, el hombre no sufre perjuicio alguno por cuanto “cada uno uniéndose a todos no obedece sino a sí mismo y queda tan libre como antes”
La unión es tan perfecta como puede serlo, sin que ningún socio tenga qué reclamar, pues si persistieren algunos derechos particulares, como no existiría un superior común que pueda fallar entre ellos y el público, siendo cada uno su propio juez en algún asunto, bien pronto pretendería serlo de todos, subsistiría el estado de la naturaleza y la asociación llegaría a ser tiránica o, o e, inútil.
Siendo que cada hombre renuncia por completo a su libertad, la obtiene pues asegura los mismos derechos y deberes del conglomerado al cual se ha asociado como parte indivisible de un todo.
Buena la teoría, aunque su gran falla es el exceso de racionalidad, los hombres no somos tan racionales, y que por supuesto ninguno de nosotros firma un contrato escrito, es un algo intangible impuesto por la sociedad y la cultura. La teoría de Rouseau, ni ninguna otra, sería posible, ni siquiera de pensar, por fuera del lenguaje, y es allí, en ese conglomerado donde se le realiza un encargo social a la Comunicación como expresión de ese lenguaje y como un elemento que nos junta, nos conecta - psicológicamente individuales - y nos sumerge dentro de un pacto colectivo que nos permite comprendernos y construir sociedad.
¿Entonces qué es la Comunicación? Es el elemento cohesionador que nos hace participes de una sociedad, de una cultura, de una civilización…
y es precisamente esa cultura la que le da vida a la comunicación, pues es ella la encargada de crear significados artificiales, que nos son comunes a todos los participantes de determinada y hace posible la interacción. Lo cual encierra un peligro en si mismo, y es que como los significados culturales son "creados" pueden ser destruidos y reemplazados por otros a imagen y semejanza de los intereses particulares, a través de los medios de comunicación.
Se debe observar también otro detalle, los seres humanos, a pesar de toda nuestra trayectoria, no nos hemos acostumbrado a la renuncia de la libertad como lo expone Rouseau; vivimos en un permanente duelo por la perdida y con la sospecha constante del deber ser de las cosas, lo cual nos pone en una situación de 50/50, a favor y en contra del sometimiento a las normas sociales. Esta situación realmente hace parte de la naturaleza del hombre y representa las lógicas posiciones contestatarias que configuran el dinamismo del sistema. Esto significa además que todos los aspectos de la rebeldía, aunque dolorosos y reprochables, según el punto de vista, son absolutamente necesarios para la continuidad de la sociedad.


¿Para qué sirve la Comunicación?
Nadie puede desconocer el valor el valor histórico y social que tiene el pensamiento de Rouseau. Pero tratémoslo visceralmente.
Desde que el hombre es hombre y por razones biológicas, empezó a vivir en pequeñas sociedades - familias, que compartían un mismo modo de expresarse, en un ambiente en el cual los recursos necesarios para la supervivencia eran muy difíciles de dominar y en ocasiones hasta escasos. La misma conformación agreste del entorno les obligó a juntarse para sobrevivir y satisfacer sus necesidades.
Tenemos allí dos elementos vitales y simultáneos. Nos juntamos para sobrevivir y sobrevivimos porque nos juntamos. (Aunque Freud nos ayuda diciendo que asociarse es una pulsión psicológica del hombre) La cosa no ha cambiado mucho durante toda la existencia de la humanidad.
Mencionemos, por ejemplo, algunas necesidades: Protección (casa y vestido), subsistencia (comer), trascendencia (la búsqueda de una fuerza superior), socialización (ser reconocido socialmente), ocio (recreación), trabajo, educación, salud, afecto y dinero. Estas necesidades nos demarcan la obligatoriedad de asociarnos con otros en un pacto que nos permita satisfacerlas y para lo cual debemos someternos a unos lineamientos y normas que pueden ser consuetudinarias o por escrito. Debemos llevar normas comunes, y para eso debemos conocerlas, aprehenderlas y aprenderlas. Para que exista esta educación debe haber contacto, comprensión, entendimiento, o sea Comunicación.
Pero este proceso nunca es fácil y encierra toda una construcción interactiva que como construye destruye: las relaciones de poder. Entendiendo poder como la capacidad de lograr que otros hagan lo que uno desea que hagan.

Relaciones de Poder
Toda persona en su interior esta formada a partir de diferentes factores a los cuales se han dedicado diferentes áreas del conocimiento. Nosotros los denominaremos filtros y son: La Historia, La Sociología, La Sociología, La Psicología, La Economía y La Política, con un campo macro que es La Cultura. Estos filtros dentro de la cabeza de cada persona (la esfera personal de Moles ) constituyen su lenguaje y se expresan mediante los códigos, los ritos y las costumbres, entre otros, y estos se materializan en el establecimiento de relaciones con sus semejantes. De estas nombraremos cinco por ser las más comunes:
1. De poder: la capacidad de demandar y obtener,
2. Afectiva: la capacidad de influir en otros mediante el afecto,
3. Económica: la capacidad de distribuir los recursos, no tiene que ver con su producción.
4. Política: la capacidad de defender las ideas, negociar las conveniencias y de participar.
5. Fuerza: la capacidad de tomar las cosas por encima de todos los demás, sin consentimiento y en ocasiones utilizando el terror y la violencia.

Es en estas relaciones entre el individuo y sus semejantes donde se materializa la Comunicación, dentro de un espacio y de un tiempo dado y desde las cuales se construye sociedad. Esta dinámica le da también un punto de partida, a la concepción de la Ética del hombre en su diario vivir y le da también un objeto de estudio a la Comunicación. Las relaciones entre el hombre y sus semejantes.
Reflejo de estas relaciones de poder se configuran, entre otras, tres dinámicas que movilizan desde la comunicación la reconstrucción permanente de la sociedad: El nivel de liderazgo, el nivel gregario y la escala de ambición.
En todo juego de poderes alguien gana y alguien pierde. Después de salir del regazo de nuestras madres, todos los seres humanos nos vemos enfrentados a nuestro entorno. El océano que representa la sociedad circundante. Ese enfrentamiento lo podemos asumir de dos maneras, tratar de dominar o encerrarnos en nosotros mismos para protegernos. Ambas posiciones no son otra cosa que fruto del miedo y el desasosiego involuntario por encontrarnos solos y sin más herramientas que nosotros mismos. Todo esto sucede, por supuesto, en nuestra consciencia. Aunque se conviva en familia nuestra mente es un recinto solitario.
Quien trata de dominarlo todo necesariamente esta abierto y expuesto a sucumbir frente a las fuerzas de la naturaleza cultural, pero su necesidad de hacer desaparecer la incertidumbre lo lleva constantemente a querer redefinir todas las realidades que le circundan, obviamente, esto sólo es posible mediante el lenguaje. Desarrolla para si la capacidad de influir sobre otros con sus visiones de mundo, y orienta cuanto puede para que "su mundo" se construya a "su manera".

Por otro lado, quien se encierra descubre pronto que debe moverse para subsistir, pero su mismo miedo ha coartado su iniciativa y se ve en la siempre perenne necesidad de ser guiado y de que constantemente le digan qué hacer para alcanzar su realización. También es aquel que cuando ve alterado su status quo reacciona, en ocasiones con violencia. Tan necesario es quien orienta como aquel a quien se orienta. Es necesario aclarar que en cada ser humano hay al tiempo porcentajes de ambas cosas, en mayor o menor grado, y que esta situación se puede modificar a consciencia.
Pero el subsistir por si sólo pocas veces basta. Como seres humanos somos perfectos inconformes, sobre todo en occidente, donde el reconocimiento y la superación está cifrada en el afán de acumular permanentemente, convirtiéndose en un juego diario donde además de existir deseamos más y más. Ambas cosas se ubican en una línea recta en la cual de un lado tenemos el ser y del otro encontramos el tener. A esto le denominamos la Escala de Ambición.
Todas la personas nos orientamos con un mayor porcentaje hacia uno o el otro lado de la línea y de acuerdo a esto generamos nuestros criterios, ética y forma de accionar en el diario vivir. Lo que se constituye en nuestra psiquis en una ideología, dándole a esto la profundidad del análisis de lo individual, tal como se le da a lo colectivo. Son formas de pensamiento, de modelos de mundo. Hasta aquí llega Jung cuando plantea el inconsciente colectivo.

1.1. Y se especifican:
a. El nivel de relevancia del mensaje para el sujeto (nivel cognoscitivo)
b. La Conducta a modificar.
c. La Conducta deseada.
d. Los Estímulos a aplicar. (Estos estímulos se encierran en muchas de las actividades del plan)


2. DISEÑAMOS DEL DISCURSO.
a. Una vez obtenida y analizada esta información, se cruzan los puntos 1 y 2 para dilucidar del resultado el contenido del discurso, no lo confunda con una exposición ante un público:
2.1. El discurso tiene las siguientes características:
a) Se estipula un dios, quien responde unas preguntas universales y a quien se le debe amor. Ese dios nos muestra una víctima y nos exige un sacrificio.
b) Es necesario reducir el discurso: 1) al nivel de un "credo" para que se grave en la mente de las personas con la reiteración, 2) a un tamaño manejable por los medios a utilizar.
En síntesis ¿para que sirve la Comunicación ?
En una palabra es para convivir, y convivir cómo? Éticamente.


Segundo: SUS PROFESIONALES


El Comunicador
La Comunicación como profesión se nutre de las innumerables relaciones que se establecen entre los distintos actores que componen una sociedad, pero siempre se queda en la superficie del intrincado tejido que supone una sociedad en la cual la diversidad es el único factor común.
El concepto de Comunicación, en su acepción más simple que es “poner en común”, es demasiado amplio pues parte de las relaciones en célula primaria como lo es la familia, hasta la conformación de una cultura transnacional en lo que Mc Luhan llama la “Aldea Global”. Esto ha causado que se inserten varias modalidades a la profesión diversificando el campo de acción profesional: La Comunicación Organizacional o Relaciones Públicas en las empresas, el Periodismo y los Medios de Comunicación y la llamada Comunicación Alternativa. Estos son sólo el simple ejercicio de la función comunicar.
Surgen entonces varias preguntas: ¿Quién es el Comunicador, qué hace y por qué lo hace? Y si pensamos en la definición de Comunicación que vimos al principio, nos preguntamos qué justifica la existencia de esta profesión como nos la plantean las Facultades de Comunicación del país.
Vimos que la Comunicación es el elemento cohesionador que nos hace participes de una sociedad. En este sentido no basta con que exista un contacto, es necesario también que haya un intercambio, pero qué se intercambia, la respuesta es simple: Información.
Desde aquí, desde el contrato de Rouseau, que nos iguala a todos que nos hace partícipes a todos, nos convierte a todos en Comunicadores, diferenciándonos sólo por el grado de destreza y por la preparación técnica en el manejo de la información y en los usos que de ella hacemos.
Esto nos convierte a quienes estudiamos esta carrera en profesionales de la información y nos establece una posición ética entre el deber ser de partiendo del punto de vista del concepto aquí mencionado de Comunicación, esto es, la construcción y la integración de la sociedad sin olvidar que partimos del individuo, logrando la convivencia de sus actores.
Pero bajémonos de la nube y veamos lo real. Por una parte se nos da el título de Comunicador Social, pero qué tanto hay de social en el Comunicador, para él qué significa y qué significa la existencia de este Comunicador para la sociedad. ¿Tiene lo social algo que ver con el concepto sociedad o es una simple nomenclatura para determinados grupos?
Es aquí donde el modelo de Rouseau ha perdido espacio entre los modelos de mundo y de sociedad que suponen la instauración de formas de orientación de los conglomerados como lo son el capitalismo y su expresión el imperialismo y el controvertido y aun no ausente el comunismo y su expresión el socialismo, cada cual estableciendo paradigmas para los proyectos de vida de cada persona.
Estamos hablando de la acumulación de riquezas a toda costa o de la supresión máxima de las “libertades humanas”(entendidas dentro del contexto Rousoniano) ambas atravesadas por un fenómeno del cual es muy difícil de escapar: EL CONSUMISMO.

Desde que se acuño la expresión “quien tiene la información tiene el conocimiento y quien tiene el conocimiento tiene el poder”, el ser humano está ávido de información, generando estructuras y generando políticas de mercado que exigían profesionales para hacerse cargo de dichas estructuras y para que obtener la información a como dé lugar, pero respondiendo más a sensaciones de placer, la perversión de la noticia (Freud) y de comodidad, o a la acumulación de capital dirigidos a la persuasión de “clientes”, a todo esto respondieron las universidades y sus currículos están orientados así.
Entonces qué es lo social para un Comunicador, es simplemente el espacio donde se producen informaciones que tienen la capacidad de generar algún poder (siempre para otros); y que es el Comunicador para la sociedad, es únicamente la persona que se UTILIZA para mediatizar una información de un estamento a otro.

El Periodista
Este es un caso bien interesante, puesto que está inmerso dentro de todas las concepciones que de Comunicación se tienen y casi que se piensa en él obligadamente cuando se habla de Comunicador.
Primero un Periodista es aquella persona que recoge y transmite una información dada, por un período de tiempo dado, de un lugar o hecho dado y por un medio de información colectiva. “si no hay noticias no hay periodistas” sentenció Arturo Giraldo, redactor del Periódico el Mundo de Medellín y profesor de la Universidad de Antioquia.
Pero vayamos un poco más allá. Si entramos en el campo de lo simbólico y de las estructuras urbanas y de la necesidad de intercambio de información para la conformación de referentes, para la circulación de imaginarios, indispensables para construir sociedad y por ende formar ciudadanía, en toda la expresión macrosocial sería casi imposible debido a los factores espacio tiempo, ante todo en las grandes urbes y con las nuevas generaciones. Esto hace que quienes son profesionales de la información a través de los Medios de Comunicación se conviertan en los sentidos de sus perceptores ( ojos y oídos) lo cual les permite, a estos perceptores, formar modelos de mundo y participar de la intrincada red que implica el tejido social. Muy ideal.
Pero no nos estrellemos otra vez. Primero revisemos el fondo histórico del asunto, lo concerniente al periodismo y más específicamente a los medios, en una sociedad como la nuestra, la colombiana. De donde nacieron estos medios y quiénes eran los periodistas.
Para nadie es un secreto que los periódicos, luego la radio y posteriormente la televisión han servido a los intereses de grupos políticos primero y económicos después. Desde sus inicios los Medios de Comunicación colombianos han sido los portavoces del pensamiento de unos cuantos que promulgaban por opacar lo social y lo cultural dentro del esquema político nacional.
Se había planteado ya el esquema de un periodismo nacional totalmente oficialista, en el cual la función de pensar la sociedad le fue castrada a los periodistas convirtiéndolos en simple repetidores de las fuentes oficiales, y dejando esta responsabilidad supuestamente a profesionales de otras áreas.
Se originó una mirada instrumentalista de la labor profesional desde el punto de vista de la sociedad: el Periodista debe escribir bien, redactar bien, preocuparse por la estética, la estructura, la gramática y la imagen de otros. Pero cuándo se le ha exigido al Periodista preocuparse por el contexto histórico, por las coyunturas sociales, por los efectos de las políticas en la sociedad, o, como mínimo, preocuparse por hacer respetar los derechos fundamentales del hombre.

Hasta se olvidó la propuesta de Shanon que no riñe con Lacán, acerca de la responsabilidad ética de la Comunicación de pensar en los efectos que sus mensajes producen en los perceptores.
Es por todo esto que debemos vigilar muy de cerca la proyección social del Periodista ( y también del Comunicador). El encargo social hecho a la Comunicación se cimienta en la persona, o mejor, en los contenidos que se meten en su personalidad a raíz de los mensajes reiterativos, de la influencia y de la presión que los demás, los Medios de Comunicación, ejercen sobre esta persona, por fuera de su esfera personal. Se está ante lo que Shanon denominó como los efectos del proceso comunicativo, es decir, en las modificaciones que un mensaje provoca en la formación de la personalidad del individuo. Contrario a la idea general de los Comunicadores y Periodistas, acerca de que la mayoría de los efectos que sus mensajes producen en las personas son conscientes. Nowcombe, Riso y Ascoagaz[iv] han demostrado que del cien por ciento de la información que llega a una persona, más o menos el 75 por ciento es procesada de manera inconsciente.
En conclusión, el manejo de la información, de los mensajes, necesarios para la formación de lo simbólico (personal), en el sentido macrosocial, y la formación de ciudadanía, es vital pues de estos dependen los efectos que ellos tengan en la personalidad de los humanos a quienes los profesionales de la información se dirigen.

LA CONFORMACIÓN SOCIAL DE LOS PROFESIONALES DE LA INFORMACIÓN.
Empecemos por decir de quien es tal o cual conformación social, pues cuando hablamos del Comunicador Social, el tópico se amplía notablemente, es decir: cuando hablamos del Periodista nos estamos refiriendo más a su trajinar por los Medios de Comunicación, mientras que cuando nos referimos al Comunicador, nos estamos adentrando en un ámbito que no es exclusivo de los Medios sino que su influencia se expande y va mucho más allá de todos los estamentos sociales, donde se desarrollan procesos comunicacionales y llega hasta la armonía con el universo. Este es también un punto de encuentro, lugar común que nos sirve para desarrollar el tema.
Son tres los aspectos más importantes a estudiarse en torno a la conformación social del profesional de la información.
La conformación conceptual y ética, la regulación de la labor a partir de los referentes colectivos y por último, la capacidad de visionar las consecuencias de su labor y, como resultado de las dos primeras, los criterios para las elecciones focales primarias en la ejecución de su trabajo. (desde dónde se mira tal cosa o tal otra).



LA CONFORMACIÓN CONCEPTUAL Y ÉTICA DEL PROFESIONAL DE LA INFORMACIÓN.
Si una cosa se ha discutido siempre es que al Periodista le hace mucha falta una estructuración humanística y teórica sobre aspectos referentes a su carrera. La información periodística tiene como característica la inmediatez y sólo se informa desde los hechos, olvidando todo el sustento universal que envuelve al ser humano; por eso la mayoría de las veces las noticias no tienen pasado ni futuro, sólo, quizá, tienen presente. Por supuesto aquí hacemos alusión a la labor de las universidades y su obligación de inculcar conocimientos mucho más allá de la técnica: consciencia de entorno, de universo, de humano, y de actitudes comprensivas de que la humanidad no se formó ayer, sino que tiene siglos de historia y de cultura y todos los eventos del hoy tienen mucho que ver con los ligamentos histórico - universales.
También es preciso volver a enunciar que la ética es universal - a pesar de su formación individual ( Rouseau) y que la moral es local, pero cuando se habla de la ética para los profesionales de la información nunca se realiza con la claridad conceptual necesaria.
La labor se viene practicando a partir de una moral individual inculcada con características culturales locales dejando de lado su objeto real de trabajo, el hombre y sus relaciones en la construcción de sociedad y todo lo que esto implica. Todo un universo de posibilidades enmarcadas en el Derecho Positivo.

LA REGULACIÓN DE LA LABOR A PARTIR DE LOS REFERENTES COLECTIVOS.
Para hablar de un caso concreto, en Colombia, hasta los años setenta, la práctica informativa tenía como ligadura insalvable las dos líneas políticas preponderantes en el país y el cambio se orientó hacia la dependencia de las potencias económicas; estas son verdades de perogrullo y que no se pueden negar. Se está partiendo siempre del interés privado dejando de lado toda la concepción social y sus implicaciones; por supuesto no vamos a decir que los Medios no se ocupan del acontecer diario en el cual las personas de todos los estamentos intervienen como protagonistas, pero son realmente pocas las veces en que un medio participa de las problemáticas sociales como fundamento de su función. De allí que una pregunta como ¿ Cual debe ser la función de un profesional de la información para influir en el rediseño de un nuevo proyecto de sociedad? O no tiene respuesta o se dicen cosas realmente inverosímiles.
Identifiquemos entonces el problema. Toda la labor de este profesional está mirada desde los Medios de Comunicación y no desde su función social. Es su labor en el medio lo que se evalúa y no sus posibles influencias y consecuencias, si es que la profundidad le alcanza.
Como dice María Teresa Herrán, se debe ejercer desde la sociedad, y más que desde la sociedad de las personas que la conforman. Todo un cúmulo de humanidad. Se debe orientar hacia la profundidad social.
la responsabilidad social del profesional de la información no debe ser entendida únicamente como las consecuencias de los que hace o dice sino desde la obligación de construir sociedad. Esto es también responsabilidad social.

LA CAPACIDAD DE VISIONAR LAS CONSECUENCIAS DE SU LABOR
Los criterios para las elecciones focales primarias.
Es en esta parte donde entra el criterio individual del profesional. a partir de los puntos anteriores, de su aplicación y hoy día a pesar de las circunstancias, los profesionales de la información deben estar en capacidad de prever los resultados de su intervención sobre la Opinión pública y la formación de Concepto Público; cuando se informa se debe elegir con un criterio adecuado la manera de abordar esta información, pero de dónde nacen estos criterios, de dónde se originan estos puntos de vista. Siempre lo debemos tener en cuenta. Esto más que responsabilidad social o ética es la simple consciencia de un trabajo bien hecho.
Esta capacidad de visionar va en íntima relación con el llamado paradigma de los Medios de Comunicación, del cual se dice que se trata de recrear, formar e informar, y por lo general todos se orientan a recrear pues es esto lo que vende.

UN UNIVERSO DE ILUSIONES
Sin embargo, si miramos desde la óptica de una proyección social constructora de sociedad en la cual es deber de la Comunicación ser un elemento conector y mediador entre los distintos sectores sociales, exige una revalidación de este paradigma en el sentido de que el profesional de la información ya no es un operador que recrea, informa y, si acaso, forma a un destinatario, sino que se amplía su campo de responsabilidad al hecho de dilucidar con el perceptor (el ciudadano) divulgar y fomentar los elementos y los instrumentos para la revaluación y reconstrucción de su propia realidad (la de ambos como pertenecientes a una sociedad) de manera que se conviertan tanto el profesional de la información como el ciudadano en verdaderos factores de construcción y de desarrollo de la sociedad[v].

Desde el punto de vista de la realidad, en el trabajo diario, sin soñar tanto y como propuesta práctica (esto no me lo estoy inventando yo), el aporte o la contribución que un profesional de la Comunicación puede hacer, se pueden resumir en unos pocos puntos:

· Dar a conocer al otro.
En una gran medida las fuertes diferencias sociales hacen que las personas sean contendientes anónimos operantes sobre supuestos estereotipos traídos o impuestos por agentes externos, por supuesto los Medios de Comunicación, y aunque muchas veces son basados en las estructuras sociales, pocas veces se compadecen con la realidad.
Por eso la mayoría de los problemas se dan por desconocimiento casi total de los distintos actores entre sí, inclusive en su interior ( Heidegger ), pues ni siquiera existen canales que les permitan un intercambio de realidades (los Medios de Comunicación no han servido por su labor fragmentaria). Nuestra sociedad está conformada por núcleos entrópicos que no admiten elementos de conformación diferente.

· Dilucidar con el perceptor, el ciudadano, las causas profundas de sus conflictos.
Aunque a simple vista, para cualquier persona, la mayoría de los problemas provienen de las deficiencias económicas y de las diferencias de clase, puede decirse, sólo para citar un ejemplo, que las confrontaciones se originan en las grandes incongruencias de los modelos de mundo correspondientes a cada sector social.
Modelos de mundo nacidos de los procesos históricos donde la acción política, social y económica, o la ausencia de ella, marcaron derroteros por los cuales se han movido varias generaciones. La labor del profesional de la información está en brindar los elementos de análisis de estos procesos históricos en sus manifestaciones diarias, para ayudar a comprender la realidad actual y así los ciudadanos puedan tomar las acciones necesarias para solucionar sus problemas.

· Dilucidar con el perceptor los elementos y los instrumentos para la revaluación y la reconstrucción de su propia realidad.
Un paso adelante del anterior, los elementos y los instrumentos para la revaluación y reconstrucción de su propia realidad, implica poderle llevar al ciudadano una visión científica de sí mismo, pero en los términos de la vida diaria. Es decir, poder ofrecer los elementos psicológicos, sociológicos y la comprensión de las lógicas comunicativas, por los cuales la sociedad se mueve y se puede convivir en ella, pero sin que se convierta en una emanación academista, respetando la cultura y la sabiduría popular pero orientando nuevas maneras de asumir la sociedad.
Todo esto significa estructurar toda una propuesta pedagógica desde la Comunicación y cubriendo toda la vida y todos los espacios del hombre, entendiendo que sin ella todo proceso educativo resulta una vil falacia, buscando “darle mucho más valor a los valores” para que así la dignidad, la ética y la convivencia humana estén por encima de todas las cosas, de todos los intereses.
· Divulgar los sentimientos y las expresiones de los distintos actores sociales.
En conformidad con los puntos anteriores, el desconocimiento del otro tiene origen, aparte del desconocimiento de sí mismo, en que quienes son los encargados de realizar la cohesión no logran concretar una mediación eficiente y comprensible para todos los puntos de vista. Es evidente que el profesional de la información debe ser un traductor entre los modelos de mundo.
Nuestra sociedad esta compuesta por núcleos cerrados que giran sobre sí mismos y los pocos intentos de Comunicación que se producen apenas si logran traspasar la barrera de su condición social y cuando esto sucede no presenta ningún interés para los demás sectores de la sociedad.
Al divulgar los sentimientos y la expresiones de un sector social, el profesional de la información debe tener en cuenta a quienes perciben el mensaje, no sólo para que les sea comprensible sino para que interactuen y propongan el diálogo.

· Promulgar el derecho a la diferencia y el respeto por el otro.
La nueva Constitución Colombiana hace un énfasis especial en la protección de los Derechos Humanos: “ La nueva Constitución se elaboró para que los Derechos Humanos no siguieran siendo un espejismo o una utopía. La Constitución proclamada el cuatro de julio de 1991 por la Asamblea Nacional Constituyente bien puede ser llamada con justicia la Constitución de la persona”[vi]. Entonces cuán importante es la labor de un profesional de la información para lograr una concepción ciudadana que permita que todas las personas se respeten y puedan de verdad ejercer el Derecho Positivo y, como mínimo, el libre desarrollo de la personalidad.
Realmente este es el gran punto donde todas las utopía parecen confluir. La aceptación de la diferencia podría ser la puerta de entrada a un mundo mejor donde cada uno pueda se él mismo.
Pero la realidad es otra, vivimos enfrascados en el tema de la tolerancia, la cual no es otra cosa que el grado máximo de aguante frente a algún fenómeno, y hemos desembocado a incrementar la apatía hacia el otro, reprimiendo las acciones de protesta que por lo menos se suscitaban. Vivimos en la sociedad del “no me importa lo que pase con el otro mientras no me suceda a mí” y cuando ya nos toca es demasiado tarde para mirar atrás.
Tan sólo con que los profesionales de la información se comprometieran a defender los Derechos Fundamentales instituidos en la Constitución, se lograría un cambio beneficioso en el acontecer público y por ende en los modelos de comportamiento de los ciudadanos. Esto como lo mínimo que se puede hacer.

· Propiciar los espacios de encuentro.
La verdad es que la profunda entropía de los núcleos ciudadanos, el individualismo como proyecto de vida y el sentido de competencia promovido por el sistema económico y social, ha logrado que cada ciudadano vaya por su lado sin preocuparse por el rumbo que pueda tomar una ciudad, pues esta perdió su carácter de comunidad y convirtió en un conglomerado en el cual apenas si se comparte el espacio.
Buscar nuevos espacios en los cuales la comunidad, cada individuo pueda cohesionarse e intercambiar con sus semejantes, es tarea no sólo de los arquitectos y urbanistas sino también de los profesionales de la información.
Encontrar nuevas maneras de vivir la ciudad y de orientar la praxis colectiva en los espacios referentes de encuentros y desencuentros es volverla a crear y por ende volver a redefinir la concepción de ciudadanía[vii].
Al propiciar estos espacios de encuentro se plantea la posibilidad de que los conflictos puedan ser superados y se pueda por fin lograr un acuerdo de ciudad comunicada.

· Servir de mediador - facilitador de los procesos de intercambio social.
No es sólo analizar el papel de los Medios de Comunicación en la resolución pacífica de conflictos[viii], es también pensar que el profesional de la información es un ciudadano y como tal está en la obligación de participar de los compromisos adquiridos por el hecho de pertenecer a una sociedad. Este punto de vista desborda los límites institucionales regularmente impuestos al ejercicio profesional y por supuesto pone por fuera del empleo los deberes adquiridos por un Comunicador Social.
Puede entonces el profesional, y es su obligación, embarcarse en los procesos sociales que estén dirigidos a conectar, concertar, entremezclar y lograr la convivencia y el diálogo de los diversos actores de la sociedad.
Entonces su labor sería la de servir como interprete de los diversos sentires y de las expresiones de todos los actores que intervienen, y que de uno u otro modo se verán afectados y movidos por el accionar de las estructuras comunicativas, lo cual conllevaría a lograr una ciudad comunicada.
Es muy difícil describir cuáles sería los momentos en que el profesional de la información sirva como mediador, pero no el es tanto prever el efecto que esto tendría.



Tercero: LA COMUNICACIÓN URBANA NO ES PARA PERIODISTAS.

No es mi idea, de ningún modo, realizar un texto científico para que a la gente, la que me interesa, le dé pereza leerlo. Intento poner en claro algunas ideas de las cuales partiré para orientar de aquí en adelante mi carrera profesional, en términos de la realidad.

LO URBANO.
Dentro del postulado “La Comunicación Urbana no es para Periodistas” sólo nos falta hablar del concepto de LO URBANO. Como dije arriba, no pretendo realizar un texto academicista y por eso me detendré muy poco a repasar los tópicos que lo urbano trae consigo. Además lo que me interesa es demostrar por qué la Comunicación que allí se da no es para Periodistas.
Consideramos lo urbano como las prácticas formadoras de civilidad y de ciudadanía y no solamente como un espacio físico[ix]. Al hablar de lo urbano estamos aludiendo a un término ideológico, producido y modificado por la historia social, política y económica de la “lucha de clases” y por la praxis cotidiana, enmarcado por una constante que se convierte en un criterio para mirar la cuestión. Observamos desde el punto de vista de la sociedad capitalista, de su estructura social y de su sistema político y económico, y desde las lógicas que esto implica. Manuel Castells[x] nos habla de tres fenómenos desde los cuales debemos mirar lo urbano.
· La especificidad de la estructura de clases, derivada de la dinámica del desarrollo desigual, consistente, sobre todo, en el proceso de sobrepoblación relativa, articulado estrechamente a la expansión del sector monopolista hegemónico ligado a la lógica del capital multinacional. “Tal es la problemática de la marginalidad”.
· Una especificidad del proceso de reproducción colectivo de la fuerza de trabajo, que determina la no exigencia estructural de la reproducción de parte de dicha fuerza, desde el punto de vista estricto de la acumulación de capital. La consecuencia es la urbanización salvaje” connotada por la marginalidad “biológica”.
· La asistencia pública, al nivel del consumo, para las masa populares de una estrategia populista de movilización social y originada por otros sectores, menos la comunidad.
Esto nos implica unas estructuras o unas lógicas por las cuales se movilizan las personas y se conforma lo que llamamos “”Sociedad Urbana”, definida ante todo como una cultura en el sentido antropológico del término, es decir, un sistema de valores, normas y de relaciones sociales que poseen una especificidad histórica y una lógica propia de organización y de transformación. Lo urbano se define entonces como un sistema de relaciones sociales, en la práctica, enmarcada por una concepción de mundo.
Es en ese sistema de relaciones sociales donde se inserta la Comunicación, desde el individuo en su diálogo interno, hasta las más altas tipologías de la sociedad.

LA COMUNICACIÓN URBANA
Como dice Ana María Miralles[xi]: “Para nosotros, la gran masa que comprende lo urbano nos envuelve como el aire, es tan macro su existencia que apenas si nos damos cuenta de ella”. El quehacer diario de una persona está enmarcado por lógicas comunicativas que le permiten vivir en sociedad; lógicas comunicativas que lo impregnan todo, desde la relación familiar hasta las calles y sus usos. Utilizando para ello todos los artificios que pueden constituirse como un medio de relación ( María Teresa Herrán).
Desde la estatua de la Gorda del Maestro Botero y los usos que la gente hace de ella (la dinámica de los referentes), hasta la configuración arquitectónica de las ciudades como proveniente y representativa de determinadas clases. Es a esto a lo que llamamos Comunicación Urbana.
No he querido hasta el momento hablar de “la ciudad”, por considerar que el término de lo urbano se entrelaza más por la civilidad que por el espacio físico, sin desconocer la obvia relación que se tiene con él, pues es allí donde se manifiestan las relaciones de comunicación o de incomunicación que se tengan: en las ciudades, el ciudadano , cada día más, se convierte en un anónimo público, pues empiezan a reducirse los reductos en los cuales podía ser reconocido sin perder su individualidad, lucha esta donde se enmarcan la mayoría de las dificultades: el proyecto occidental como un proyecto individualista en donde cada vez hay menos espacios y se manifiesta la transculturación. A pesar de lo extremadamente diferentes, tendemos a ser hegemónicos por categorías, esto implica la creación de submundos, subdimensiones que comparten el mismo espacio. Por lo general nos relacionamos con los de la misma “especie”.

EL PERIODISMO Y LO URBANO.
Como un gran elemento de la lógica periodística está el concepto de noticia: razón de ser de la existencia del Periodista, con todas las características que se pretende le son propias, las cuales nos son más que una falacia, sobre todo cuando hablamos del “interés general” y de su “importancia para la sociedad”[xii]. Esto es en realidad, y como lo es en la mayoría de las veces, el criterio de lo social para los Periodistas, es simplemente una mediatización y superposición de los intereses particulares sobre el general. La guerra de imagen entre los funcionarios es más importante que el alto índice de pobreza y sus niveles según Sisben. Lo que se transmite a través de los Medios de Comunicación poco o nada tienen que ver con el real interés de las comunidades - a menos que sea en pro de la imagen de algo o de alguien -. Para no ser injusto con los Periodistas de los Medios, basta con decir que las diferentes relaciones sociales que categorizan la Comunicación Urbana, por su cotidianidad, esta lejos de ser noticia de primera página, pues, como el aire, perdemos la noción de su existencia, no es algo novedoso, no se vende.

EL PERIODISTA COMO GENERADOR DE DESINFORMACIÓN Y DE VIOLENCIA.
Ya habíamos dicho, como lo ha dicho mucha gente, que lo existente en el intercambio, en el contrato social denominado Comunicación es la información, y en ella encontramos de todo, como en botica. El problema empieza cuando, siendo necesarios mecanismos para la circulación de información de una manera colectiva, estos están pensados desde el sistema económico y no desde el sistema social. Siendo como en Colombia, que los medios de Información dan cuenta del acontecer de determinados grupos, retroalimentando modelos de mundo ( Carlos Marx ) y generando un enfrentamiento entre las clases con base en estereotipos creados y matizados por el desconocimiento del otro; además de una educación negativa sobre el querer ser del hombre contemporáneo: el sueño americano, el consumismo...(Rusell Davenfort).
Hoy en día se ha producido un ciudadano muy particular: El Transnacional Individualismo. Dos conceptos que no se niegan ni se rechazan y que nos permite saber que está aconteciendo el mundo y en sistema político - económico oficialista del país y no conocer al vecino.
Desde este punto de vista se fundamentan grupos entrópicos, familiares por lo general ( si acaso) y grupales o barriales, en el mejor de los casos.
Todos estos factores han causado una tergiversación sobre una escala de valores en la cual irrestrictamente la vida iba primero y se ha volcado hacia un querer material y la satisfacción económica (sistema capitalista), por encima de cualquiera y de cualquier cosa, generando fenómenos como la corrupción exagerada y toda clase de vicios y de problemáticas sociales.
Todo esto por un lado, por el otro, para hablar específicamente de Colombia, los periodistas y los Medios de Comunicación, como portavoces de algunos actores que promulgan por opacar lo sociocultural propio de nuestra nación, y a lo largo de la historia, le han castrado al ciudadano su libertad de objeción (a pesar de que ahora nuestra Constitución la contempla) y de expresión sobre el acontecer del país. Nuestro ciudadano está ausente de contenidos ideológicos que le permitan estructurar una manera de pensar por fuera del consumismo, de tal modo que es hacia esto que orientan todas sus acciones. Siendo que la apatía política está muy arraigada en nuestro ser, no por ser así, natural, sino porque todas la voces son acalladas. Todos los días los Periodistas y los Medios de Comunicación repiten el esquema de una estructura (falsa) de sociedad, orientada hacia el fascismo y el autoritarismo enmarcado por un modelo artificioso de democracia.
Con el bombardeo constante de todos los esquemas históricos y ya mentales, los Medios de Comunicación y sus representantes, “ojos y oídos de la sociedad”, sólo generan divisionismo y estereotipos salidos de la realidad y que producen choques al momento de efectuarse la “convivencia ciudadana”. Se dan visiones amañadas sobre problemáticas y son capaces de poner en juego la vida de grupos humanos sólo por salvaguardar la imagen de un sector determinado.
Como dice Jerry Mander en su libro “cuatro buenas razones para eliminar la televisión”: los Medios de Comunicación nos hacen vivir un mundo que no es el nuestro.

EL CIUDADANO Y LA Comunicación
Creo que está claro a lo largo del texto que no pretendo en ningún momento ocupar el lugar de los sociólogos, simplemente estamos hablando de lo que es Comunicación y de cuando se produce, pues ese es nuestro objeto de trabajo, de los comunicadores. Quiero resaltar que los sociólogos hace tiempo que trabajan este tema y doy gracias a Dios que eso sea así, o sino quiénes llenarían el inmenso hueco en el conocimiento sobre el hombre que hemos dejado los comunicadores. Ahora una cosa si esta clara y es para acabar de rematar esta profesión. Nosotros somos los encargados, desde un punto de vista operativo, de comunicar a la sociedad con ella misma ( otro gran hueco) que apenas a finales de este milenio hemos caído en cuenta. Esta bien, nadie lo va a negar, tampoco Roma se hizo en un día.
Ahora si miramos el concepto de Comunicación, y sin reprocharle a nadie, observamos, como dijimos antes, que el ser humano es por esencia comunicativo, lo cual nos hace a todos comunicadores, y que lo único que nos diferencia es el grado de especialización sobre el uso y el manejo de la información. (Comunicadores y Periodistas). Sin embargo, esto no le quita la inherencia al hombre común de relacionarse con el otro. Así se construye la sociedad.

EL CIUDADANO
Empecemos por repetir que la Comunicación Urbana no se circunscribe a los Medios de Comunicación demasiado alineados, técnicos y masivos, y más bien tiene que ver con la practica cotidiana de la expresión de civilidad y de construcción de la sociedad.
Al hablar del ciudadano aquí, tampoco lo conceptuamos desde la idea de un habitante de un espacio físico, la ciudad, aunque su expresión sea en ella, sino como aquel inserto, perteneciente, connatural, a la idea de sociedad y de cultura, como una entidad viva que interactúa, mediatizado por lo simbólico, con sus semejantes.
Desde este punto de vista es válido entonces afirmar que ser ciudadano es ser Comunicador y ese simple hecho conlleva una gran cantidad de derechos y de deberes. El gran problema, como anotó el Periodista Javier Darío Restrepo en su conferencia “El periodismo en zonas de conflicto” (Apartadó, febrero de 1997) es que no se ejerce la ciudadanía, sólo, quizá, se ocupa un espacio. La verdad es que ni siquiera somos conscientes, no se nos educa para pensar ni para convivir, mucho menos para ser ciudadanos

CUANDO SE ES CIUDADANO Y LOS ESPACIOS PARA SERLO
Podemos decir que este punto es el meollo del asunto, y que para resolverlo se necesita una verdadera labor de pedagogía para la convivencia ciudadana como lo propone la Ex Alcaldesa de Apartadó (Urabá Antioqueño) Gloria Isabel Cuartas Montoya, pero también a ella es necesario hacerle saber que las palabras se las lleva el viento cuando no tienen asiento en la realidad.
Se es ciudadano cuando hacemos parte de un conglomerado, de una sociedad y cuando compartimos con los demás espacios para la cultura.
Siendo social la Comunicación se inserta necesariamente en la cultura, por que lo cultural impregna lo social y le da sustancia. Su ejercicio discurre en el ámbito de lo social y al ser así, queda inserta dentro del círculo de la cultura que prescribe los modos y formas de tal ejercicio. En cuanto la una se actualiza y hace reales las disposiciones de la sociabilidad, la Comunicación que esta en su origen vuelve a ser hallada de nuevo en su desarrollo y en sus consecuencias. Los roles y las guías de comportamiento sociales se originan por la cultura, el conjunto de pautas o normas sobre el vivir o el morir, en cuanto sirven de orientación común a un grupo cuyo punto de partida es tan válido como cualquier otro en cualquier otra cultura.
Estas prácticas están vigentes todos los días en la sociedad y lo están gracias a la Comunicación pues se transmiten, se revalidan todos los días y se participa de ellas todos lo días.
Nadie, de ningún modo se puede quitar el uniforme de ciudadano y por ende de Comunicador. Se es ciudadano siempre y se es Comunicador siempre (el autismo se está estudiando). Por eso, somos ciudadanos y comunicadores en todos los momentos de nuestra vida.

El primer espacio donde empezamos a vivir con estas tareas, la de ser ciudadanos y comunicadores es la familia. Es allí donde aprendemos los lineamiento que después nos ayudarán a obtener un mejor entendimiento con nuestros semejantes. La ausencia de estos elementos provoca que se produzcan altos niveles de violencia. Sin embargo, es tarea del estado, el propiciar la cualificación de esta primera célula de la sociedad, la cual está pensada a partir de una estructura occidental pero que en realidad puede tomar cientos de formas que van desde el concepto de manada hasta una conformación con elementos diferentes a los que por lo general concebimos, es decir, no siempre una familia tendrá padre, madre e hijos. Hoy por ejemplo tenemos un alto índice de Madresolterismo o de Mujer Cabeza de Familia, lo cual no significa forzosamente que no sea una familia, sino que esta estructurada de un modo diferente. Lo que si no puede faltar en un grupo familiar es la capacidad de comunicarse entre ellos, lo cual así sea una parte propia y natural del ser humano es posible de cualificarse.
Después de la familia vienen los grupos formales o informales que nos permiten desarrollarnos como personas y como participantes del juego que se llama sociedad. En este espacio también se dan los tipos de relaciones que anotamos cuando hablamos de para qué sirve la Comunicación. Y cuando una persona aprende a conocerse a sí mismo y a conocer a los demás sus relaciones mejoran, como consecuencia general. Estos grupos de los cuales estamos hablando son de amigos comunales o de trabajo, o de otros tipos. Lo importante aquí, es la educación que una persona reciba para comunicarse con los demás y cómo la ejerza.
La gran pregunta viene cuando se nos dice que en una sociedad como la nuestra donde la corrupción es el pan nuestro de cada día, donde la pobreza es apabullante y donde la vida vale menos que una entrada a cine, cómo es posible la comunicación si a cada uno le interesa únicamente lo que le puede quitar a los demás sin interesarse en lo que les pueda pasar. “Lo mas importante en mi vida soy yo mismo” es la expresión más popular. Mientras yo este bien lo demás no importa. Sin embargo, qué tanto me va a durar ese estar bien si lo que esta a mi alrededor tiende a dañarse y a corromperse todos los días? Realmente muy poco. O qué tan capaz soy yo de solucionar el problema de mis necesidades básicas? La respuesta es en la medida de que sea capaz de relacionarme con los demás (típico de comunicadores y Periodistas).
En la casa, con los amigos, en el barrio, en el colegio, en el trabajo, todos tenemos la obligación de ser buenos comunicadores como ciudadanos que somos. Si no se ejerce la ciudadanía es como estar absolutamente sólo en el mundo.

EL COMUNICADOR URBANO, FACILITADOR SOCIAL.
Puede haber desde los puntos de vista sobre la Comunicación urbana, una persona que se encargue de ejercerla como profesional? En que consistiría este ejercicio si supuestamente todos somos comunicadores?
Hemos detectado que uno de los principales problemas que generan el conflicto es el desconocimiento del otro. Esto por un lado, por el otro, cómo se le pide al ciudadano común que abandone el curso normal de su vida y participe en la construcción de sociedad. El ya construye sociedad desde su vivencia en sus propios espacios de socialización. Pero entonces cómo conectar estos espacios entre sí.
Debe existir y de hecho existe, una persona que se encarga de esta Comunicación. Es el Comunicador alternativo o comunitario. El problema es que se le ha metido demasiada cientificidad al asunto y no parece que cualquier persona lo pueda ejercer. Aunque no desconozco que la información apropiada para el ejercicio es insustituible, también enfatizo que siendo la comunicación inherente a la sociedad, sus instrumentos también le son inherentes[xiii], es sólo que se ha hecho un uso inapropiado de él.
Por una parte se ha querido reproducir los esquemas de medios y por el otro se ha visto al comunicador popular únicamente como un productor de medios locales. El mismo problema de los comunicadores profesionales. Y no se le ha permitido abandonar esa cárcel conceptual (Radio Latacunga. Ecuador).
Mario Kaplún nos habla de que existen tres modelos de Comunicación: de contenido, de efecto y de proceso.
En el de contenido lo que hacemos es difundir un saber, llenar un espacio con una información que por lo general se queda en el vacío. En el de efecto conseguimos que las personas que reciben la información realicen un “algo en especial”. Pero en la de proceso se destruyen los limiten entre quien informa y es informado y se convive dentro de una cotidianidad que le permite al comunicador popular no únicamente informar, sino orientar, es decir: dilucidar con el perceptor, fomentar y divulgar, los elementos y los instrumentos para la revalución y reconstrucción de su propia realidad. La de ambos. Y esto no esta circunscrito en un medio de Comunicación.
Debe el Comunicador Popular, entonces ser un líder capaz de orientar los procesos comunitarios, los procesos ciudadanos desde el punto de vista de la construcción de la sociedad. Para dar así solución a las innumerables problemáticas que se suscitan a raíz de la carencia y de la convivencia.

LA POLÍTICA, EL CONCEPTO DEL SIGLO XXI.
Desde todos los puntos de vista que hemos recorrido, se ha enfatizado en que hoy en día se ha vuelto muy fuerte el proyecto individual como proyecto de sociedad. Desde donde decir entonces que se nos permite convivir y hacernos parte de la sociedad, recordando a Rouseau, si no participamos siquiera de la vida de la comunidad y donde las formas de cohesión antiguas, como la plaza pública no producen otras reacciones que las de repudio por la estigmatización delincuencial que posee el funcionario público. Sin embargo estamos todos los día sufriendo las decisiones de las cuales no participamos y nos quejamos, muy calladamente, claro está.
Esta manera de observar el asunto tiene sus raíces en elementos antes mencionados como la violencia sobre todas las formas de protesta y la falta de una educación histórica y política que permita estructurar un pensamiento crítico y amplio sobre lo que sucede en el estado por ejemplo.
Es inútil preguntarle a cualquier transeúnte sobre Estado, Gobierno, soberanía ni ninguna de esas pendejadas que no dan para comer. Entonces como hacer que una persona se preocupe realmente por defender su situación y su futuro como ciudadano, ante toda la maquinaria estatal y paraestatal?
La respuesta todavía no la dan los pensadores de este asunto, pero lo que si podemos constatar es que los intereses de cada individuo, sólo pueden ser defendidos por él mismo, pues es él mismo el responsable de su presente y de su futuro.
Hoy en día la gente cree muy poco en la representatividad y para que hablar de las crisis de los partidos. Sin embargo como se concibe un estado sin habitantes. Se deben buscar entonces nuevas maneras de hacer política. Pero que se entiende por política?

POLÍTICA, LA POLÍTICA Y UNA POLÍTICA.
Para Tomas Moro en su libro Utopías, política es la defensa acérrima de las ideas, por encima de todas las consideraciones y puntos de vista. Para un político tradicional, la política no es otra cosas que el “arte de gobernar” y para cualquier administrador la política es el criterio que se establece para la toma de decisiones.
Cómo debemos entonces los ciudadanos entender la política y qué tiene que ver esto con Comunicación.
Si pensamos en una persona que trabaja todo el día, hace de comer, atiende a su familia, ve la televisión y todos sus días se convierten en una rutina que apenas si le permite interaccionar con sus semejantes por fuera de su familia, y que su noción de política esta muy vinculada a la de corrupción, es seguro que poco le podríamos pedir sobre su participación en política.
Pero si orientamos una educación que nos permita pensar que política es tan sólo el establecimiento de unos criterios para tomar las decisiones que le interesan a nuestra vida y la defensa de nuestros ideales, podríamos volver a caer en cuenta que todos somos un “zoom Politicom” , seres políticos por naturaleza, como por naturaleza también somos comunicadores. Todos los días hacemos política cuando escogemos el pancoger para el almuerzo o simplemente la ropa que vamos a llevar. Así como nadie puede ir al baño por nosotros, nadie puede hacer política por nosotros y por supuesto nadie debe tomar decisiones por nosotros.
Por supuesto que el gran número de habitantes hace necesario que exista una representatividad, un contrato por el cual todos podamos convivir para no caer en cierto tipo de anarquía incontrolada. Pero eso tampoco significa que debamos hacernos los de la vista gorda con las decisiones que pueden, y de hecho lo hacen, afectar nuestra vida.
La nueva manera de hacer política, y que no es tan nueva es la de vigilar las acciones que el aparato gubernamental ejecute como representante de una comunidad. Los instrumentos hace rato que están dados, lo que falta es la educación suficiente para utilizarlos.



Cuarto: CONCLUSIONES

De qué se trató este esfuerzo? Es sólo un búsqueda de ubicación frente a una carrera profesional que cada día sufre toda serie de calificaciones, justificadas unas y otras salidas de la realidad.
Estamos hablando de una profesión que se autodenomina Comunicación Social, pero que de fondo tiene muy poco de Comunicación y menos de Social. Sabemos ya que todos, como seres humanos pertenecientes a una sociedad, somos comunicadores, entonces dónde esta nuestro quehacer. Simplemente en la información. Somos ante todo profesionales de la información, pero información de dónde, para quién información?
Tenemos planteado ya el esquema de un periodismo nacional totalmente oficialista, en el cual la función de pensar la sociedad le fue castrada a los periodistas convirtiéndolos en simple repetidores de las fuentes oficiales, y dejando esta responsabilidad supuestamente a profesionales de otras áreas.
Cuáles han sido entonces las consecuencias de ese no pensar la sociedad en lo que nos concierne como lo son las relaciones del hombre con sus semejantes, viendo en este acto un contrato social que nos permite juntarnos, para, más que sobrevivir, convivir éticamente.
Hoy en día se ha producido un ciudadano muy particular: El Transnacional Individualismo. Dos conceptos que no se niegan ni se rechazan y que nos permite saber que está aconteciendo el mundo y en sistema político - económico oficialista del país y no conocer al vecino.
Es en estas relaciones entre el individuo y sus semejantes donde se materializa la Comunicación, dentro de un espacio y de un tiempo dado y desde las cuales se construye sociedad. Esta dinámica le da también un punto de partida, a la concepción de la Ética del hombre en su diario vivir y le da también un objeto de estudio a la Comunicación. Las relaciones entre el hombre y sus semejantes.
Pero tampoco podemos dejar de lado, por estas mismas ideas, al ciudadano como comunicador en si mismo y su realización de lógicas comunicativas cotidianas.
Es necesario plantear que se hace urgente el inicio de un nuevo proceso social pedagógico como el único el elemento capaz, en algunos años, de verificar una convivencia ciudadana mediante unos conocimientos viscerales de Comunicación, como un nuevo proyecto de, vida que nos permita continuar con nuestra individualidad, pero cumpliendo con nuestras tareas como hombres y ciudadanos.



[i] Moles Abraham, Teoría Estructural de la Comunicación y la Sociedad. Página 13.
[ii] Lacán, Jaques, Escritos Uno: Función de la palabra en el Psicoanálisis. Página 98.
[iii] Rouseau, Juan Jacobo. El Contrato Social. Página 19.
[iv] Neuropsicología Clínica de Ardila y Roseli, capítulo: Apraxias y Agnosis.
[v] Notas de clase. Periodismo del Tercer Milenio. Profesor Jaime Peralta. Septiembre 1995.
[vi] Mario Madrid - Malo Garizábal. Revista el defensor. Abril 1995.
[vii] Quinto Encuentro de Concertación Ciudadana. Alcaldía de Medellín. 1995
[viii] Congreso Internacional de Medios de Comunicación y Resolución de Conflictos
[ix] Morales, Manuel José. La Proxemia Urbana de Medellín. Universidad de Antioquia. 1996.
[x] La Cuestión Urbana. Manuel Castells. Ediciones Siglo XXI. México 1974.
[xi] Miralles Ana María. Mesa de Comunicación Urbana. Marzo de 1996. Profesora de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín - Antioquia - Colombia.
[xii] La Información como Derecho. Desantes Guantier, José María. Editora Nacional. Madrid. 1974.
[xiii] Alternativas de Comunicación. Mar de Fontcuberta, J.L.Gómez Mompart. Editorial Mitre. España 1983.


lunes 18 de febrero de 2008

Anotaciones sobre Medios...

Hay que superar el lenguaje sexista

En la mayoría de medios de comunicación, radio, televisión y prensa escrita, continúa en auge el lenguaje sexista o androcéntrico, una de las herencias de la antigua sociedad patriarcal que cada generación ha recibido y transmitido a través de la familia, la religión y las instituciones educativas, entre otras instancias más.

No obstante, y más allá del correcto dominio lingüístico acorde a los nuevos tiempos, existe el compromiso planetario de erradicar toda forma de discriminación contra la mujer, lo que indudablemente involucra a todo el conjunto social. Así las cosas, profesionales de las comunicaciones (publicistas, locutoras y locutores, etc.), periodistas y medios de comunicación, tienen una enorme tarea al respecto pues escribir o hablar ignorando a la mujer es una forma de discriminación que la invisibiliza.

En los medios de comunicación es frecuente leer o escuchar noticias, editoriales, artículos de fondo, espacios publicitarios, etc., supuestamente dirigidos a una comunidad integrada por personas de ambos sexos, pero en los que predomina el lenguaje masculinizado aun cuando a veces se dirigen exclusivamente a las mujeres.

Citemos un ejemplo: “Los habitantes de la referida colonia protestaron por el hecho”. Pero en la imagen solo aparecen mujeres. En este caso, la redacción pudo ser: “Mujeres que viven en la colonia protestaron por el hecho”. Y si habían hombres y mujeres en la protesta, algunas opciones pudieron ser: “Personas que habitan…”, “Representantes de familias que residen …”. O bien: “Residentes de la referida colonia protestaron por el hecho”.

Otros casos cotidianos en medios de comunicación son: “Buenos días, amigos, gracias por estar con nosotros”; “Estimado oyente, gracias por habernos acompañado”. ¿Dónde está la mujer? Pareciera que no está oyendo ni viendo televisión, lo que es una contradicción pues las diversas encuestas indican que los públicos de radio y televisión están constituidos por mujeres, en su mayoría. Además, no debe olvidarse que en países como el nuestro la mayor parte de la población está constituida por mujeres. Y, en todo caso, lo importante es erradicar esa forma discriminación.


Medios: una definición

Este texto forma parte del Léxico de la política compilado por Laura Baca Olamendi, et. al., para el Fondo de Cultura Económica y otras instituciones y publicado en 2000.

Raúl Trejo Delarbre [1]

Todos entendemos qué son los medios. Los presenciamos, sintonizamos, recibimos, padecemos y disfrutamos o sobrellevamos todos los días. Son parte insustituible de la sociedad contemporánea, de la cultura de masas y de la política moderna: ninguna de las tres podría entenderse, ni ser lo que han llegado a ser, sin los medios de comunicación. Pero con los medios ocurre, por esa misma omnipresencia y por la familiaridad que les tenemos, algo similar a lo que nos sucede con el aire, o con el sol: todos los conocemos, pero en definiciones se rompen géneros.

Cuando nos referimos a los medios, aludimos a los espacios de comunicación de masas que propagan mensajes a grandes públicos: prensa, cine, radio y televisión. Los medios implican audiencias y éstas, a su vez, recursos técnicos para recibir los mensajes a través de aquellos instrumentos de propagación masiva.

El término viene del latín medium, pero es de uso frecuente el vocablo media, empleado según la acepción inglesa, que se refiere a la comunicación que llega a auditorios numerosos, o a las técnicas modernas de difusión masiva. En el sentido anglosajón, a los medios se les entiende fundamentalmente como los mecanismos de difusión “que alcanzan al público en general y que contienen publicidad” [2]. En otros contextos culturales, se les prefiere definir como “los mecanismos de distribución de las obras del espíritu o los instrumentos de comunicación entre los hombres” [3].

Como quiera que sea, a los medios se les ubica como portadores de mensajes. “Los medios de comunicación masiva --explicó Janowitz--. comprenden las instituciones y técnicas mediante las cuales grupos especializados emplean recursos tecnológicos para difundir contenidos simbólicos en el seno de un público numeroso, heterogéneo y disperso” [4]. Dicho de manera directa, un medio de comunicación es “todo instrumento o soporte de mensajes” [5].

Los medios conducen mensajes entre una entidad que los produce y sus destinatarios, que los reciben. Cuando son de comunicación de masas, los medios llevan mensajes propagados por empresas de información a públicos amplios: unos pocos, difunden para muchos más. En todo caso, se les entiende, precisamente, como intermediarios en esa diseminación (que no intercambio) de contenidos. Son el continente que difunde tales mensajes. De esa manera, a los medios se les define: a) por su carácter de intermediarios en el proceso de la comunicación y b) por los recursos tecnológicos que hacen posible la propagación de tales contenidos en las sociedades de masas.

Los medios masivos son “canales artificiales que el hombre ha creado para llevar sus mensajes a auditorios representativos” [6]. Su existencia misma, indica un desarrollo tecnológico y además, un funcionamiento corporativo o empresarial. Los medios, así: “Por lo general necesitan para su desarrollo de organizaciones estables, profesionales y complejas. En otras palabras, se requiere de vigilancia financiera, de considerable personal humano especializado en diversas áreas y de controles normativos y administrativos” [7]. Pero más allá de esos reconocimientos, hay autores que consideran prioritario el mensaje, por encima del medio mismo. El profesor venezolano Antonio Pasquali, advierte contra la tendencia a conceder demasiada importancia a los medios en sí, incurriendo en el error de “creer que el desarrollo tecnológico de los modernos medios de comunicación es el factor desencadenante de un problema de comunicaciones antes inexistentes... Las nuevas tecnologías sólo han expandido una función, la de comunicarse, que es esencial, permanente e inherente a la naturaleza social del hombre. Los nuevos medios... sólo han venido a ampliar una capacidad preexistente y a facilitar una función esencial, no a engendrarla” [8]. Para ese autor, “el problema esencial sigue siendo el de la comunicación humana y no el de los medios o de su desarrollo”.

Es difícil disociar a los medios, de los contenidos que comunican. Con frecuencia, unos y otros se confunden, difuminando la importancia de los mensajes. Y estos, a su vez, suelen tener formatos e intencionalidades que dependen de las concepciones y los intereses de las organizaciones (empresas o instituciones) capaces de difundir mensajes de manera masiva. López Veneroni ha explicado que: “En efecto, los medios masivos, en sí mismos, sólo entrañan una sustancialidad tecnológica. Lo que los hace objeto de interés social es su uso; éste... está determinado por las condiciones económicas y sociopolíticas de las formaciones sociales en las que aquellos emergen. De ahí se sigue que lo que en verdad se estudia, desde una perspectiva social, es su uso económico, político, educativo, psicológico, la estructuración de mensajes y el régimen legal en el que los medios están circunscritos” [9].

De hecho, la intensa circulación de capital que hay en y alrededor de las industrias de la comunicación, ha propiciado la creciente aglomeración de medios de diversos géneros en corporaciones mediáticamente versátiles y capaces de trascender fronteras. Los grupos multimedia, en ocasiones con capitales asentados en varias naciones, son la expresión más reciente e influyente del ascendiente ideológico, comercial y político de los medios.
Los medios de comunicación de masas son un fenómeno del siglo XX. El cine y la radio alcanzaron una presencia social intensa en los años veintes y treintas y la televisión, cuando ya se había cumplido la primera mitad del siglo. Los medios, de esa manera, han tenido un crecimiento paralelo al desarrollo económico y cultural de las sociedades contemporáneas. Mientras mayores son la circulación de capital y la riqueza financiera de un país, mayor suele ser el acceso de sus habitantes a los medios. Ello no significa que, por sí solos, los medios sean productores de bienestar material en las sociedades para las cuales difunden sus mensajes.

Autoritarios, paternalistas, comerciales y democráticos.- Los medios contribuyen a moldear el contexto político en el que se ubican pero, antes que nada, ese contexto determina limitaciones o garantías para la libertad de expresión. El especialista británico Raymond Williams, llegó a considerar que la principal distinción entre medios de comunicación se reduce a si están controlados, o son libres. En realidad, siempre existen controles sobre los medios: perspectivas profesionales o políticas de quienes trabajan en ellos, intereses de las empresas de comunicación y de quienes contratan espacios en ellas, presiones de los diversos actores del sistema político, regímenes jurídicos, convicciones éticas, exigencias o inercias de parte de los públicos. Esas y otras condiciones, determinan las condiciones para la expresión a través de los medios. Pero de acuerdo con la condición que guarde la siempre tirante cuerda entre control y libertad, Williams clasificó cuatro tipos de sistemas de medios: A) Autoritario, en donde los medios “son considerados como una parte del engranaje total mediante el cual una minoría gobierna a una sociedad”; B) Paternalista, que es “un sistema autoritario con una conciencia, es decir, con unos valores y unos objetivos que están más allá del mantenimiento de su propio poder”; C) Comercial, en donde “en lugar de decir que estos medios sirven para gobernar o dirigir, se declara que los hombres tienen el derecho de poner a la venta cualquier tipo de trabajo, y que todo el mundo tiene el derecho de comprar todo lo que se le ofrece” y D) Democrático, que en su sentido más pleno “sólo podemos discutirlo e imaginarlo” y que: “Está en firme oposición al control autoritario de lo que puede decirse, y contra el control paternalista de lo que debería decirse. Pero también es contrario al control comercial de lo que puede decirse con beneficio, porque esto también puede ser una tiranía” [10].


Medios fríos y calientes.-
En 1964, el canadiense Marshall McLuhan clasificó a los medios según la intensidad con que sus mensajes son percibidos por los públicos: “Existe un principio fundamental que distingue un medio cálido, como lo es la radio, de otro frío, cual la televisión. Es un medio cálido el que prolonga o amplía un solo sentido en ‘alta definición’. Alta definición es el estado del ser bien abastecido de datos. Visualmente, una fotografía es de ‘alta definición’. Una caricatura es una ‘definición baja’, por la sencilla razón de que proporciona muy poca información visual... los medios cálidos son de poca o baja participación, mientras que los medios fríos son de alta participación, para que el público los complete” [11]. La radio es un medio cálido porque ofrece mucha información y entonces sus escuchas tienen un comportamiento pasivo. La televisión sería, en esos parámetros, un medio frío en tanto que la información que transmite es fragmentaria y, visualmente, de menor calidad que el cine.
Si bien discutible y en muchas ocasiones refutada por la cambiante realidad de la comunicación de masas, la teoría de McLuhan sobre los cálidos y fríos tuvo el mérito de reconocer la importancia sustantiva de los medios desde comienzos de los años sesenta. A diferencia de otros enfoques metodológicos que atendieron más al proceso de comunicación, ese pensador canadiense puso el énfasis en el carácter sustantivo de los medios y aquilató su importancia de acuerdo con la capacidad que tienen para conmover a las sociedades de masas y a los individuos que las integran. De allí derivó su también polémica fórmula el medio es el mensaje, para decir que los rasgos de un medio moldean al contenido que se transmite a través de él.

Los juicios de Marshall McLuhan ha sido insistente y duramente cuestionados. Pasquali los ubica en una dimensión ideológica conservadora y advierte que: “La tesis de que el medio predetermina fatalmente el mensaje y la relación de comunicación, haría de esta última una función dependiente y accesoria del aparato tecnológico –supuestamente dotado de leyes autónomas de funcionamiento-- y está destinada a encubrir la dimensión antropológica, social y política del problema” [12].

Calidad de los mensajes.- Las sociedades contemporáneas se desarrollan, cohesionan, divergen, se movilizan, manifiestan o dejan de exteriorizar consensos, a través de y delante de los medios. Estos, son fuentes de mensajes culturales, educativos, de esparcimiento y/o informativos. Una de las más frecuentes polémicas al respecto, es sobre la calidad de los mensajes que suelen propagar los medios. Por un lado, los medios son industrias culturales que no acostumbran desempeñarse según el interés o el beneficio público, sino para hacer negocio. La calidad de los mensajes, así, suele quedar subordinada a los costos de producción y, al mismo tiempo a la complacencia de los públicos, que no es frecuente que sean perspicaces, exigentes o participativos.

Otra discusión no resuelta, es la de la posible influencia de los medios en las conductas de la sociedad. Con insistencia se dice que las actitudes individuales o colectivas de disrupción del orden institucional suelen ser propiciadas por los medios, especialmente la violencia en las ciudades. Cuando cumple 18 años, un joven estadounidense promedio ha visto en la televisión cerca de 200 mil actos de violencia, incluyendo 16 mil asesinatos [13]. Sin embargo, no hay suficientes evidencias de que la violencia en los medios provoque, por sí sola, conductas violentas entre sus receptores. Lo que sí es altamente posible, es que los contenidos agresivos influyan de manera especialmente catalizadora sobre individuos o incluso grupos proclives a comportamientos impulsivos. La discusión sobre si los medios “inyectan” conductas determinadas en sus públicos, como si fueran una aguja hipodérmica, ha sido de las más frecuentes en el examen académico de la comunicación. Una de las vertientes menos investigadas en ese campo, es la de los efectos reales de los medios sobre los lectores, radioescuchas o televidentes.


Industrias culturales. Manipulación y liberación.- El del contenido que propagan, es el asunto más polémico cuando se estudia a los medios. Los autores de o ubicados en la tradición de la Escuela de Frankfurt (especialmente Theodor Adorno y luego Herbert Marcuse) identificaron contenidos ideológicos clasistas en los medios, a los cuales prefirieron denominar industrias culturales. Los medios, así entendidos, funcionarían como aparatos ideológicos de Estado (el término fue promovido por Louis Althusser) para legitimar al sistema capitalista y reprimir así la toma de conciencia de las clases subordinadas. Esa concepción de las industrias culturales como instrumentos intencional y devastadoramente manipuladores, fue muy útil para desmitificar la concepción de los medios como propagadores inocentes de mensajes, especialmente de entretenimiento. Pero ha tenido limitaciones, al oscilar entre el pesimismo paralizador y la magnificación totalizadora de las aptitudes de los medios masivos.

Emparentada críticamente con esa vertiente, pero buscando un sesgo que no fuese fatalista, Hans Magnus Enzensberger reconoció capacidades “manipuladoras” y “liberadoras” de los medios de comunicación. El uso “represivo” de los medios masivos, comprendería a) Programación controlada centralmente; b) Un transmisor, muchos receptores; c) Inmovilización de individuos aislados; d) Conducta pasiva del consumidor; e) Despolitización; f) Producción a cargo de especialistas y g) Control de capitalistas o burocracia. De la misma forma, un uso “liberador” de los medios masivos, implicaría: a) Programación descentralizada; b) Cada receptor un transmisor potencial; c) Movilización de las masas; d) Interacción de aquellos involucrados, retroalimentación; e) Un proceso de enseñanza política; f) Producción colectiva y g) Control social por organización autónoma [14].


Cultura para el mercado.-
La disputa por los medios se ha convertido en propósito de todas aquellas fuerzas –políticas, financieras, ideológicas, religiosas— que quieren influir en las sociedades contemporáneas. Pero además, la masificación de los mensajes ha propiciado nuevas formas de creación y propagación de la cultura. Para Umberto Cerroni, “Con los mass media la industria cultural adquiere dimensiones inusitadas, es decir, la producción intelectual destinada principalmente al mercado, o la producción de mercancías de contenido no comercial... La televisión ha concentrado y vuelto esenciales las teorizaciones de la industria cultural y ha sido por tanto golpeada por la crítica por su difusión hoy universal, consuetudinaria, doméstica. En la otra vertiente el producto televisivo ha tratado de poner barricadas para defender su dignidad detrás de la especificidad de sus técnicas y de su mercado valiéndose de la coartada del índice de agrado” [15]


Videopolítica.- Legitimados por el rating y omnipresentes en las sociedades contemporáneas, los medios son instrumentos y –también— actores en la política de nuestros días. Giovanni Sartori denominó videopolítica [16] a la enorme influencia de los medios en la definición de las relaciones políticas en la actualidad: “es la fuerza que nos está modelando”. De manera paralela a la decadencia de los partidos, los medios de comunicación se erigen en los espacios privilegiados para procesar consensos, propagandizar aspiraciones y sobre todo, consolidar a la vez que abatir figuras políticas. La imagen desplaza a las ideas y las técnicas del marketing al discurso político al menos tal y como hasta ahora se le había concebido, en virtud de la preponderancia de los medios.

En regímenes autoritarios, el uso de los medios tiende a reforzar actitudes despóticas o absolutistas. “La videopolítica no es una prerrogativa de la democracia. El poder del video también está a disposición de las dictaduras” [17], reconoció más tarde ese politólogo italiano. Pero los medios, no hay que olvidarlo, son a la vez protagonistas e intermediarios de los acontecimientos públicos. De la misma forma que empleados con criterios de arbitrariedad e intolerancia pueden reforzar posiciones autoritarias, el efecto que tienen al propagar experiencias de las sociedades abiertas ha sido definitorio en la abrogación de regímenes dictatoriales. En la antigua Europa del Este la difusión de los medios occidentales, especialmente la televisión, fue definitiva para propiciar las condiciones que llevaron a la caída del Muro de Berlín.


Verosimilitud e información.- La principal función política de los medios, es como canales para transmitir informaciones. “En una sociedad de masas –estiman Blake y Haroldsen— los medios masivos se consideran fuentes de noticias verificadas. Así, si bien las noticias difundidas por quienes actúan dentro de una organización compleja que se conoce como medios masivos tal vez de hecho, sean falsas, lo importante es que el relato pueda rastrearse a su fuente. En gran medida esto asegura a la sociedad, bajo amenaza de desenmascaramiento, que los relatos tenderán a ser verídicos o que los miembros del auditorio, al conocer la fuente, podrán identificar en ellos ciertas tendencias (intentos de manejar a otros) o censura” [18].

Uno de los indicadores de la madurez o del desarrollo cívico de una sociedad, es su capacidad para discriminar entre unos y otros medios. Cuando están en condiciones de distinguir entre diferentes formatos e intencionalidades en los mensajes de los medios que tienen a su alcance y así, de favorecerlos con su preferencia o sancionarlos con su indiferencia, los públicos están en posibilidad de influir sobre los contenidos que difunden las empresas de comunicación. Ello supone que haya competencia entre los medios que difunden mensajes delante de una sociedad determinada. Sin embargo, como en la economía, en el terreno de los medios la competencia perfecta es más una aspiración teórica que una posibilidad frecuente.

Para que exista un auténtico mercado de mensajes capaz de auto-moldearse en correspondencia con las necesidades y exigencias de la sociedad, se requiere no sólo de empresas mediáticas en condiciones de equidad tales que puedan balancear mutuamente sus respectivas influencias sino, también, de espectadores con niveles de información, discernimiento y crítica suficientemente aguzados para interactuar con esos medios. El reputado investigador Ben H. Bagdikian, conocido cuestionador de los excesos corporativos de los medios, ha escrito que: “La dimensión apropiada para los medios en un país es cuando, a través del examen y el reportaje, incrementan el entendimiento de las realidades importantes y cuando, a través de la presentación del espectro de pensamiento y análisis más amplio posible, crean una adecuada reserva de conocimientos al interior del proceso social. Los medios pueden producir entretenimiento y vender mercancías pero si, además, no crean un fértil mercado de ideas y de información seria, fracasan en una función cardinal. La diversidad y la riqueza en los medios no son adornos de una democracia, sino elementos esenciales para su sobrevivencia” [19].


Legislación y autorregulaciones.- Desde 1952, una Subcomisión de las Naciones Unidas dedicada a la evaluación de los medios y sus consecuencias sociales y políticas, propuso un Código Internacional de Ética Periodística. Iniciativas similares han sido presentadas, desde entonces, en numerosas naciones. En algunos países y regiones, hay códigos con normas que se sugieren para propiciar la escrupulosidad, la veracidad y el respeto a garantías individuales en la cobertura y publicación de informaciones en los medios. Esos códigos, suelen ser instrumentos de autorregulación por parte de los operadores o trabajadores de los medios.

De manera paralela, se han conocido y en algunos casos promulgado como leyes específicas, iniciativas para regular la propiedad de empresas de comunicación, el respeto a la privacía de los ciudadanos y el acceso al derecho a la información. En 1980 se dio a conocer el Reporte McBride, auspiciado por la Unesco [20], que fue el eje de una extensa pero inacabada discusión internacional sobre los nuevos desafíos jurídicos y éticos que implican el desarrollo corporativo y tecnológico, así como la influencia pública, de los medios de comunicación.

Medios alternativos.- Como respuesta a las dificultades de distintos grupos sociales para tener acceso a los medios de carácter eminentemente comercial y en ocasiones con el propósito explícito de enfrentarlos, en algunos casos se han creado medios alternativos, o que pretenden serlo. Cine marginal, radios libres, prensa alternativa o redes de video no convencionales, han sido algunos de los recursos frecuentados por grupos de activistas sociales o políticos, con resultados muy variados y con una eficacia casi siempre efímera. Tesis como las de Enzensberger antes mencionadas, otorgaron respaldo conceptual a esas experiencias, sobre todo en la década de los años 70. Su principal limitación, radicaba en la fortaleza institucional y tecnológica de los grandes medios ante la cual, casi siempre, acabaron por desaparecer esos medios alternativos.


Nuevos medios. La Internet.- El desarrollo tecnológico ha permitido la existencia y propagación de formas de comunicación que no obedecen, al menos en todos sus rasgos, a las definiciones convencionales y cuya trascendencia social y política es aún incierta. La red de redes de cómputo Internet, se desarrolló en los años setenta inicialmente como un proyecto militar de los Estados Unidos pero más tarde las comunidades académicas y luego otros sectores de la sociedad se apropiaron de ella, hacia el comienzo de los 90. La Internet ha tenido un crecimiento geométrico, pero el acceso a esa colección de sistemas informáticos todavía es privilegio de las naciones más desarrolladas y de las élites que, en otros países, tienen recursos suficientes para conectarse. Las cifras al respecto son variables, pero se estima que para el año 2000 habrá en todo el mundo unos 80 millones de usuarios de la Internet y quizá 10 millones de páginas web, de entre las cuales varios millares estarán dedicadas a publicitar y discutir asuntos de carácter político. Hay quienes discuten que la Internet sea un medio de comunicación de masas. De hecho sirve para propagar, pero con destinatarios casi siempre inciertos, mensajes de toda índole, todavía con una versatilidad y una libertad que no existen en los medios convencionales. En la red de redes, además, hay una posibilidad de interacción que es poco frecuente en los grandes medios masivos como la radio y la televisión. Pero también allí, las grandes corporaciones y especialmente los grupos multimedia tienden a ganar espacios y audiencias, por encima de los esfuerzos de individuos y grupos ciudadanos.


Espejos de la realidad.- En otro sitio hemos concluido una discusión sobre los efectos políticos de los medios, anotando que ellos, valga la insistencia, son precisamente eso: instrumentos que pueden ser empleados en uno u otro sentido, intermediarios. No sustituyen a la política; le dan cauces, ritmos y formas nuevas, pero por mucho que se hayan impuesto a los partidos, los candidatos e incluso a los gobernantes, lo que propagan son intenciones para moldear de una manera o de otra, a la realidad. Por eso es de la mayor importancia no olvidar que los medios son espejos de la vida, no la vida misma [21].



Los Medios de Comunicación Social

Comunicación masiva Tres términos que los expertos utilizan para describir la forma en que las personas se comunican son: comunicación intrapersonal, comunicación interpersonal y comunicación masiva. La primera se refiere a la comunicación dentro de una persona (la comunicación consigo mismo mediante el discernimiento personal); la segunda, es la comunicación con otros seres humanos utilizando gran parte de sus cinco sentidos (compartir directamente una experiencia entre dos o más personas); y la tercera, es la que se realiza entre un individuo o grupo de individuos a través de un dispositivo transmisor (un medio) para audiencias numerosas.

En el ámbito de la comunicación masiva podemos distinguir dos modelos básicos: el que pone su énfasis en el emisor (unidireccional) y el que propugna por una relación dialéctica entre emisor y receptor de tal manera que ambos pueden ser alternativamente emisores y receptores (bidireccional).La comunicación unidireccional El modelo clásico de comunicación masiva describe un proceso que comienza con el emisor (E), o fuente, que envía un mensaje (M) mediante un canal (C), o medio, el cual lleva el mensaje hacia el receptor (R). Se califica a esta comunicación como unidireccional porque fluye predominantemente en una sola dirección, en una única vía: del emisor al receptor o perceptor como también se le suele llamar para hacer referencia a cierto papel activo que éste juega en el proceso de comunicación.

En este modelo la comunicación consiste en la transmisión de informaciones, ideas, emociones, habilidades, etc., mediante el empleo de signos y palabras. El comunicador o comunicadora emite su mensaje (su artículo periodístico, su programa de radio, su impreso, su vídeo, etc.) desde su propia visión, con sus propios intereses y contenidos, a un lector, oyente o espectador al que no se le reconoce otro papel que el de receptor de informaciones o consumidor de cosas e ideas.

El esquema clásico se ha visto matizado por el denominado esquema de comunicación persuasivo que reconoce un papel relativamente activo al receptor (perceptor), pero sin lograr superar su carácter vertical. En efecto, en este modelo sigue habiendo un emisor (E) protagonista, controlador del proceso comunicativo, que envía un mensaje (M) a un receptor (R), el cual, por consiguiente, continúa reducido a un papel secundario, subordinado, dependiente; pero ahora aparece una respuesta o reacción del receptor, denominada retroalimentación (r) o, en inglés, feedback, la cual es recogida por el emisor. Con este nuevo elemento parecería atenuarse la unidireccionalidad del modelo tradicional e insinuarse una cierta bidireccionalidad . Sin embargo, no se debe olvidar que estamos ante una comunicación persuasiva cuyo objetivo es el de conseguir efectos. En tal contexto, la retroalimentación es tan sólo la comprobación o confirmación del efecto previsto, es decir, la reacción del sujeto ante una propuesta. Ella puede ser positiva si el individuo acata la propuesta o negativa si la rechaza.

En este último caso, le sirve al emisor como instrumento de verificación y control: puede ajustar los próximos mensajes, regularlos, hacerles cambios para obtener el propósito prefijado. No hay, pues, real participación ni incidencia del receptor en la comunicación. Sólo hay acatamiento, adaptación, medición y control de efectos. La retroalimentación no es sino el mecanismo para comprobar la obtención de la respuesta buscada por el comunicador. Dos buenos ejemplos de este mecanismo son: la publicidad comercial (cuyo feedback consiste en la comprobación posterior del aumento de ventas logrado por la campaña publicitaria) y los famosos rating de lectores o de audiencia que promueven los medios masivos, para afirmar luego que es el público el que escoge “libremente” determinados contenidos o programaciones. La retroalimentación o comunicación de retorno no es en sentido estricto una comunicación bidireccional, sino más bien un elemento del proceso de condicionamiento de los receptores: primero se los condiciona en su conducta, sus actitudes y sus hábitos, y luego se verifica si dan la respuesta para la cual han sido condicionados. El tipo de comunicación masiva que limita, prefija o anula la incidencia del perceptor en los procesos comunicativos, es predominantemente unidireccional. En tal sentido algunos autores prefieren denominarla difusión masiva.La comunicación bidireccional El carácter dialógico, la prealimentación y la empatía son tres notas básicas de este modo de comunicación. Describámoslas brevemente:
En primer lugar, lo dialógico hace referencia al hecho de que en sentido estricto el proceso de comunicación debe realizarse de modo que dé a todos la oportunidad de ser alternativamente emisores y receptores. Y esto es así, porque en una situación de real comunicación nunca estamos ante gente preparada exclusivamente para recibir mensajes, sino ante personas que emiten y perciben a la vez y que están insertas en un rico proceso mucho más complejo que el esquema simplista de un emisor que emite y un receptor que recibe. Esa emisión y percepción permanentes se hacen siempre desde un contexto socio-cultural con sus propias concreciones históricas. De ahí que se afirma que la comunicación es cuestión de cultura y no sólo de medios, canales y mensajes. Es cuestión de los actores sociales (emisores y receptores simultáneamente) y no sólo de estructuras comunicativas. Lo dialógico es condición de posibilidad para que el medio masivo pueda constituirse en un espacio de participación y expresión ciudadana, dando lugar a la respuesta y al análisis crítico de los destinatarios.

En segundo lugar, la bidireccionalidad supone prealimentación, esto es, insertarse en la realidad (política, social, cultural, económica, religiosa, etc.) de los destinatarios. El objetivo central de esta inserción no es sólo conocer los problemas, necesidades, identidades e intereses de los que ahora más que receptores son interlocutores, sino también, saber lo que tiene que comunicarse, cómo debe hacerse y qué lenguajes son necesarios para establecer una verdadera comunicación.
El esquema tradicional (emisor-mensaje-receptor) nos acostumbró a poner al emisor al inicio del proceso comunicativo, como el que determina los contenidos del mismo y las ideas que quiere comunicar. En tanto el destinatario está al final, como simple receptor, recibiendo el mensaje. La comunicación bidireccional plantea que si se desea comenzar un real proceso de comunicación, el primer paso debe consistir en situarse en la realidad concreta del destinatario. Antes de plantearse un hipotético feedback o retroalimentación, se incorpora y valora un componente de la comunicación del que casi nunca se habla: la prealimentación. Es decir, recoger las experiencias colectivas de los destinatarios, seleccionarlas, ordenarlas y organizarlas y, así estructuradas devolvérselas, de tal modo que ellos puedan hacerlas conscientes, analizarlas y reflexionarlas.

En tercer lugar, la empatía implica saber valorar a aquellos con los que tratamos de establecer comunicación. Es la capacidad de “pensar en el otro”, en sus intereses, sus preocupaciones, sus necesidades, sus expectativas. A esa capacidad de entender al destinatario, de ponernos en su lugar, de identificarnos con él o con ella, la psicología la denomina “empatía”. En buena medida la eficacia de la comunicación depende de la capacidad empática, de la capacidad de apertura “al otro”. Desde este rasgo podemos decir que la verdadera comunicación no comienza por la emisión sino por un esfuerzo consciente para ponernos en el lugar de nuestro interlocutor a fin de establecer una corriente de comunicación.

Con la aparición del Internet y las nuevas tecnologías de la información (ver Medios de comunicación masivos) parecen abrirse novedosas posibilidades no sólo para acceder a gran cantidad de información, sino para desarrollar una comunicación bidireccional. Los más entusiastas se atreven a afirmar que por esta razón el tiempo del monopolio de la producción y difusión de mensajes ha llegado a su fin. Sin embargo, nos parece que esa es una afirmación muy apresurada. Desde el tercer mundo hay que recordar que el Internet es un medio que no supera la barrera del analfabetismo. Pero hay todavía algo más contundente: una gran parte de la población no tiene, ni tendrá acceso a Internet. Actualmente, en los países pobres el uso del Internet sólo alcanza al 0.2 por ciento de la población, mientras que en los países ricos llega al 93 por ciento. En este terreno, como en muchos otros, la llamada globalización resulta ser selectiva y excluyente.



Internet y su origen militar

Internet suele ser citada como el paradigma de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, pero pocos saben que en realidad tiene varias décadas de vida. La historia poco contada de la Red.

Por Mariano Wiszniacki

Internet está hoy incorporada en nuestra vida cotidiana. La utilizamos para trabajar, para comunicarnos con nuestros amigos, para establecer contactos con personas de otras partes del mundo, para comprar, para estudiar y para muchísimas otras actividades que forman parte del día a día.

Sin embargo, y a diferencia de otras tecnologías que nacen al calor de las necesidades de abrir nuevos mercados, Internet fue durante muchos años un proyecto, y una realidad, no comercial sino fundamentalmente militar. Su origen no está relacionado con el proceso de globalización, como se cree habitualmente, sino con la trama posterior a la Segunda Guerra Mundial, en particular con la Guerra Fría. Durante ese período histórico, las potencias económicas y militares del mundo, en particular los Estados Unidos y la Unión Soviética, desarrollaron una carrera armamentista, política e ideológica poniendo al mundo al borde constante de una guerra nuclear.

Así, ante el avance tecnológico-militar soviético, el Departamento de Estado norteamericano crea en 1958 una agencia de investigación denominada A.R.P.A. (Advanced Research Projects Agency) que tendrá como misión desarrollar tecnologías de avanzada de Defensa y Seguridad y donde participarán importantes científicos de ese país. Comenzada la década del ´60 A.R.P.A. comienza a pensar cómo comunicar a las autoridades militares en caso de una guerra nuclear. De ocurrir un bombardeo atómico, las computadoras centrales de la Defensa norteamericana serían las primeras en ser destruidas, razón por la cual era preciso pensar un sistema de información que fuese descentralizado para que pudiese seguir funcionando, a pesar de que alguno de sus nodos/ciudades/bases militares fueran destruidas, y donde cada uno de esos nodos tuviese el mismo valor para producir y recibir mensajes. La intención era poder acceder a la información militar desde cualquier computadora del sistema.

Según el teórico español Manuel Castells, la participación militar fue sólo inicial y para la financiación del programa. Luego los científicos que participaban de A.R.P.A utilizaron los fondos para desarrollar estudios informáticos y crear redes tecnológicas. Durante los ´60 diferentes investigaciones realizadas tanto por el MIT (Massachusetts Institute of Technology), como por otras universidades norteamericanas, y por el National Physical Laboratory de Gran Bretaña, realizarán aportes con el objetivo de construir una red de computadoras que, además de evitar el peligro antes citado de la guerra nuclear, permitiese compartir datos y programas en tiempo real en diversas partes del mundo, pudiendo acceder desde diferentes ordenadores.

Tengamos en cuenta que en aquel momento el precio de las computadoras (que no eran PCs sino grandes equipos) sólo podían ser costeados por los Estados y fundamentalmente por el Pentágono. Los ordenadores eran producidos por distintos fabricantes y funcionaban de modo distinto. Por lo cual era necesario, para el Departamento de Estado norteamericano, estandarizar el trabajo de los equipos estableciendo una red. A fines de la década nace la primera red, que tomará el nombre de ARPANET.

Aunque existe una extensa polémica acerca de si fue o no al principio un proyecto pensado para la Defensa, no es un dato menor que recién en 1983 se separa el aspecto militar de ARPANET para construir su propia red, denominada MILNET. Por otra parte, le llevó varias décadas a Internet ser considerada como una herramienta de comunicación masiva y comercial. Castells cuenta que en 1972 el Pentágono le ofreció a la empresa ATT el proyecto ARPANET, para que lo desarrollara, pero lo rechazaron porque no lo veían rentable. Similares opiniones tenían otras grandes compañías como IBM.

Probada la idea de conmutación de paquetes informáticos (que es como aún hoy funciona Internet) aparecen a principios de los ´70 varias otras redes que interconectarán distintas universidades norteamericanas y europeas. Cuenta la anécdota que en ese momento, los directores de las investigaciones comprobaron que la mayoría del tráfico producido entre las terminales/computadoras de las universidades era básicamente comunicaciones y mensajes personales. Los científicos de los distintos institutos que formaban parte de esas redes compartían y debatían, más que sobre temas científicos, sobre hobbies o intereses en común, como por ejemplo la ciencia-ficción. Aparecían las primeras formas del e-mail e incluso nacían las listas de correo masivas. La red de redes, cuyo germen habían sido las políticas de seguridad, era ahora reapropiada por los científicos para comunicarse, establecer contactos e incluso debatir.

En este sentido, el origen de Internet permite plantear el interrogante de si una herramienta tecnológica define naturalmente su carácter o si es la apropiación que de ella se haga lo que puede determinar su rumbo.



La Propaganda en las Campañas Electorales

El papel de la propaganda

La propaganda es un medio idóneo para mantener la cohesión popular e informar a la sociedad de las actividades del partido político. Permite realizar acciones más consecuentes con el objetivo estratégico de alcanzar el poder político, con repercusiones inmediatas en el ámbito nacional, regional y mundial. Al no existir una eficiente propaganda, las actividades políticas y electorales pueden ser ignoradas por la población apta para el sufragio.

La propaganda tiene a bien, entre otros: mantener la cohesión de las unidades políticas y de la base social; Formar una conciencia política favorable al partido; además, ganar y quitarle adeptos y simpatizantes a la institución política adversaria, por eso, se cree indispensable convencer a la población, a partir de hechos evidentes y de una argumentación teórica simple, es decir, de fácil acceso y comprensión para la población.

En la campaña electoral se considera a la propaganda como arma estratégica y puede llegar a ser más eficaz que cualquier “misil”, pero su éxito depende principalmente de los recursos humanos, de los medios y de la utilización apropiada de éstos. El éxito comienza a ser palpable cuando algunos de los objetivos de la propaganda se cumplen, por ejemplo: haber formado una opinión pública favorable o militante; haber creado confusión entre los miembros del partido adversario; haber producido desconfianza y minado la moral del oponente.

La propaganda siempre debe estar a la ofensiva. A la vez, no tiene que ser sólo permanente, debe ser agitadora y agresiva. En la campaña electoral no se puede hacer una distinción entre información y propaganda, porque todo acto político consumado o a punto de realizarse es un acto de propaganda.

Cualquier actividad política, por pequeña que sea y sin que importe la relevancia ni la trascendencia de ésta, se debe dar a conocer y hacer creer que se trata de una gran actividad de vital importancia. Esta táctica es, por lo general, subestimada o no to­mada en cuenta por algunos políticos, debido fundamentalmente a su desconocimiento del impacto psicológico que se puede lograr entre la población, y porque otros dan más o única importancia a las grandes actividades electorales; Cuando esta situación es sintomática es porque se ha caído en o se privilegia la propaganda sensacionalista.

La propaganda, al ser falaz, pierde credibilidad ante la población, algunas personas consideran que ciertos embustes podrán ser magistralmente utilizados y que únicamente se emplearán como último recurso y en casos verdaderamente excepcionales, con el fin de confundir al partido adversario. Es necesario destacar que la desinformación tiene por objeto engañar al enemigo en lo que concierne a su apreciación de las acciones electorales, y para lograrlo se le presentan falsas pistas e informaciones ficticias, pero con la intención de hacerle creer que son auténticas y fidedignas.

Por otro lado, la contra-propaganda apunta a disminuir el efecto de la propaganda enemiga. Se debe tener en cuenta que los partidos que disponen de grandes recursos económicos, tienen a su favor los medios de comunicación sofisticados y modernos, mientras que los de los partidos populares por lo general son artesanales y rudimentarios. En una campaña electoral, la creatividad y la imaginación pueden ser más potentes que la tecnología de punta.

En efecto, las técnicas y métodos populares son poderosos siempre y cuando se utilizan mesuradamente, de acuerdo con un plan propagandístico, el cual será el cuaderno de bitácora que dirigirá el combate contra todos los objetivos escogidos y que, a la vez, sea flexible para que se pueda incorporar la planificación de ataques contra blancos que aparezcan en el transcurso de la campaña. Asimismo se suele conjugar las técnicas de contra propaganda y desinformación, porque éstas son idóneas y efectivas para dividir, crear la envidia, la discordia, el descontento y para desmoralizar al partido adversario.

Se distingue tres tipos de propaganda: Blanca, Negra y Gris. Las más importantes son, sin embargo, las dos primeras.

La propaganda blanca

Es la oficial del partido y emplea, entre otros, boletines, periódicos, revistas, transmisiones de radio, televisión, etc. Se encarga de mantener a la población informada, asimismo de restar clientela electoral a los demás partidos.

Este tipo de propaganda —cuando es abundante y variada— es utilizada para intoxicar, es decir, proporcionar falsas pistas y erróneas informaciones a los partidos políticos rivales. La intoxicación consiste en hacer creer al adversario lo que es necesario que él crea para ser siempre sorprendido por el suceso, por la realidad, para que tenga constantemente una vista falsa de la situación, a fin de que ella lo induzca a llevar su guerra política ciega, luego paralítica1.

La propaganda negra

Siempre trata de parecer auténtica, pero en esencia es todo lo contrario. En apariencia no emano del partido que la patrocina, sino de sectores independientes o de grupos anónimos que trabajan para el partido, es decir, que emana de fuentes clandestinas o de órganos aparentemente independientes. ARENA, por ejemplo, se sirvió del ILYD, de Kirio Waldo Salgado, para hacer la propaganda negra contra el FMLN y su fórmula presidencial en 1994. De esa manera ARENA hacía la blanca y el ILYD la negra.

Por otra parte, para que durante el desarrollo de la campaña electoral la propaganda sea verdaderamente un arma estratégica, es primordial, entre otros, tener una organización donde la estructura sea, de preferencia, de pequeños equipos, de fácil movilización. La cual sería saludable que la conformaran cinco militantes partidarios, cada uno con sus propias responsabilidades bien definidas, por ejemplo, perifoneo, pinta, pegas, distribución de volantes, calcomanías, etc. Cada uno debería, además, auxiliarse con todos los colaboradores que se requieran.

En la organización debe reinar un espíritu de cuerpo, para hacer posible el trabajo, es preciso fomentar la crítica y la autocrítica, no sólo en los equipos de propaganda, también es necesario efectuarla en todos los niveles partidarios. Además, el trabajo realizado por los equipos debe ser evaluado regularmente, a fin de mejorarlo cada vez más.

La propaganda, por otra parte, es un medio que garantiza el mantenimiento de la unidad y la cohesión del partido. La propaganda debe ser elaborada según el sector, gremio, capa o clase social, etc., al cual se dirige, tomando en cuenta también la coyuntura particular y concreta. La forma o estilo (fundamentalmente el discurso) debe cambiar de acuerdo con la situación vigente y con los blancos escogidos, pero el contenido original no se modifica, debe ser el mismo. De tal suerte que la propaganda pueda responder más adecuadamente a los objetivos iniciales.

La campaña de propaganda proselitista debe ser permanente y planificada de manera objetiva y con minuciosa precaución. Los que consideran que la propaganda sólo se justifica en tiempos de guerra y de elecciones políticas cometen un grave error estratégico, debido, entre otros factores, a la formación litar o proselitista electoral de quienes así piensan. El partido político debe estar siempre dispuesto a contrarrestar la desinformación.

La agitación

Es un recurso auxiliar e imprescindible en la propaganda. A diferencia de ésta, que puede difundirse a través de los medios de comunicación, la agitación es por excelencia una acción que se ejecuta de viva voz ante grupos numerosos.

Los estudiosos afirman que el propagandista —en parte porque se ubica en los niveles superiores de la organización política— domina todas las ideas de la campaña, es decir, el todo y las partes de la estrategia y, en su momento, las comunica a pequeños grupos de colaboradores, que luego las hacen públicas.

Los agitadores, en cambio, dominan una idea o un conjunto muy reducido de ideas, correspondientes a la táctica de cada momento, proporcionadas por los propagandistas, y las comunican a grandes conglomerados, mediante acciones en la calle o en la plaza pública. La actividad agitadora permite alcanzar efectos propagandísticos apreciables, siempre que el partido cuente con las personas idóneas, en número suficiente para actuar con rapidez y efectividad entre la población.

Hay una relación de complementariedad entre propagandistas y agitadores. Los primeros planifican la estrategia y la táctica de la propaganda y formulan los mensajes para cada período y momento; los segundos divulgan entre todos los estratos de la población las consignas y las líneas específicas de las informaciones y orientaciones que al partido le interesa poner en conocimiento de todos los posibles votantes. Para las organizaciones políticas, cuyos recursos económicos son limitados, la labor de agitación puede asegurar buenos resultados a bajo costo.


miércoles 13 de febrero de 2008

Sociología de la TV

De la sociología de la televisión a la sociología de la pantalla. Bases para una reflexión global.

Roger Silverstone

La televisión está cambiando. Hubo un tiempo en el que fue «el trasto del rincón», un objeto de madera y vidrio, plástico y alambre, que al pulsar un botón o con un rápido movimiento del interruptor hacía aparecer escenas, voces y sonidos que le llegaban a través del éter. Ahora, y pronto para la mayoría de las sociedades industrializadas, se está convirtiendo en el centro del entretenimiento doméstico y de los sistemas de información; elegante, en un negro mate, plana y con la misma forma que las pantallas de cine, nos transmite datos y diversión a través de numerosos satélites, cablevisión y canales de video; una tecnología doméstica omnipresente, que se enlaza, social y técnicamente, con el ordenador y con el teléfono.

Nuestras preocupaciones cotidianas y académicas en torno a la televisión están también cambiando. En cierta ocasión, la televisión, como todos los nuevos medios, fue juzgada como un fenómeno positivo (por ejemplo, la preocupación de Lord Reith en torno a que la BBC debía «informar, educar y entretener») y una amenaza. Fue esta última la que inspiró las primeras investigaciones que se centraron en el poder de los medios para influenciar, y en la vulnerabilidad de la audiencia para ser persuadida. Por supuesto, ésta es todavía la preocupación fundamental, ya que la nueva proyección de la tecnología televisiva -a través del video (la «video antipatía») y a través del satélite (pornografía y la pérdida de la identidad nacional)- trae consigo un breve ataque de histerismo colectivo, un pánico moral que la propia televisión comunica a las diversas naciones y a los públicos. Pero al mismo tiempo, la voz académica e institucional habla de mercados globales y de la «aldea global”; por lo tanto, internacionalmente se reconoce que la elección es del consumidor y de una audiencia activa y perspicaz.

La televisión no ha sido todavía objeto de estudio para la sociología como tal. El medio ha sido apenas estudiado, pero el por qué de esta situación parece ser razonablemente obvio. Los mass media no estaban todavía muy presentes en los grandes años de la organización sociológica. Y después, mientras la televisión permaneció siendo un medio aislado, pudo ser estudiada, si es que lo fue, dentro de una sociología de la cultura que tendió a analizarla como el verdugo de los calores culturales contemporáneos, o, cada vez en mayor cantidad, como un instrumento de dominación hegemónica. La televisión pudo ser estudiada dentro de una psicología social que, a través de experimentos y de modelos inadecuados, intentara desentrañar los hilos de sus pros y sus contras en la influencia social sobre los individuos, especialmente en los niños. O podría ser incluida por ejemplo, dentro de la línea central da la sociología como un medio entre otros muchos; como un elemento insignificante en las estructuras políticas y económicas del capitalismo avanzado; una variable dependiente en el creciente poder del Estado, en la aparición de industrias culturales, en los cambios estructurales del trabajo y el ocio y las movedizas relaciones entre lo público y lo privado.

Quizás incluso ahora no debería existir una sociología de la televisión. La convergencia de las tecnologías del video y de la información en cuanto a producción y consumo; su mutua mediación en las esferas pública y privada; la fusión entre la fantasía y la realidad, la información y el entretenimiento que ambos fomentan; la imagen poco precisa de actividad y pasividad que la cablevisión, el ordenador y el video generan; y por encima de todas, las tecnologías incorporadas a nuestro mundo cotidiano. Todos estos elementos apremiantes y demostrables del complejo e insólito lugar que ocupa la televisión en la cultura doméstica contemporánea requieren una nueva sociología: la que podríamos sugerir como sociología de la pantalla.

¿Qué trae consigo esta nueva sociología de la pantalla? ¿En qué consiste? Al proponer una sociología como ésta, soy perfectamente consciente de que tan sólo puedo aportar un esquema, que siendo ya demasiado, no será sino un esbozo incierto e incompleto. Sin embargo, me atreveré a bosquejarlo.


LA PANTALLA

La pantalla es, y lo será de forma creciente, el lugar, el foco de la vida social y cultural del hogar. Más que el «corazón de la familia», más incluso que la misma televisión, la pantalla transmitirá las emisiones terrestres y vía satélite, con el horario cambiado o en cintas de video previamente grabadas, imágenes por computadora (juegos, datos), teletextos, compras u operaciones bancarias interactivas, y gracias a sus vínculos con la telefonía (con o sin el videoteléfono), la comunicación personal también entra dentro de ella.
A través de la pantalla, los hogares o los miembros de los hogares estarán en contacto (en el sentido sinestético de MacLuhan) con un mundo cada vez más manipulable de imágenes, ideas, palabras y dibujos. Con la televisión como el «objeto dominante»2, la pantalla se convertirá en el umbral, en la puerta a un mundo público de oportunidades y ocasiones simbólicas y materiales. La pantalla es el punto en el que las culturas pública y privada se encuentran, el punto de intercambio, una especie de crisol en el que se funden la información y el entretenimiento, las identidades individuales y sociales, la fantasía y la realidad.

Sin embargo, nada de esto es necesariamente determinante. Si lo fuera, no habría ninguna necesidad de una sociología. La sociología de la pantalla requiere el compromiso de pensar en la pantalla no sólo como un objeto material, un producto de la tecnología o un marco, sino un objeto social y simbólico: como el foco no sólo de una serie de prácticas de comunicación, sino como parte de la cultura del hogar, una cultura privada y doméstica que a su vez está inserta en la más amplia cultura de un vecindario y de una nación. La sociología de la pantalla tiene como punto de partida, desde luego, su condición de objeto físico y de elemento clave en toda la red de tecnología doméstica; pero tiene como punto final, con la misma certeza, las relaciones sociales que se establecen tanto alrededor de la pantalla como de su red. Relaciones que, en sentido estricto, conceden de hecho a la pantalla y a la red todo su significado.

Desde luego, incluso con la creciente viabilidad de las tecnologías basadas en la pantalla, nada hay garantizado. Igual que con una puerta que nos puede ser abierta o cerrada, la pantalla puede excluir tanto como incluir, aislar tanto como integrar. Igual que un umbral, la pantalla puede ser definida como una frontera significativa y potencialmente ritualizada (por ejemplo cuando una familia se reúne para ver la retransmisión de un hecho de relevancia nacional o la emisión de una película recientemente estrenada) o casi como una frontera invisible, cuando sus mediaciones y comunicaciones se han convertido en algo que se da por supuesto (o están disponibles siempre que se quiera). Y justo como cualquier otra comodidad, la pantalla será adquirida en diferentes formas y distintos grados, dependiendo, entre otras cosas, de la posición socio-económica de la familia o del hogar.

Por lo tanto, la pantalla se convierte en el foco de esta sociología por tres razones. La primera por su papel central en la cultura del hogar. La segunda, por su papel central en el sistema de tecnologías domésticas, particularmente dentro de las tecnologías de la información y la comunicación. La tercera, por su doble articulación. La pantalla (la televisión, el ordenador) tiene tanto sentido como objeto (comprado y colocado en el hogar como objeto de consumo), como transmisor de significados/intenciones/propósitos que son también consumidos. En ambas articulaciones se convierte en el fulcro de la integración (o desintegración desde) de hogar en el mundo público3.

EL HOGAR

La familia -el hogar- es el punto de partida para esta sociología de la pantalla la familia -el hogar- es donde las rutinas y las fórmulas de la vida cotidiana se forman y se sostienen, y donde la identidad individual y la seguridad están fijadas en el espacio y el tiempo. La pantalla es una parte esencial en todo esto. Las tecnologías que se representan y que dependen de ella han de ser adaptadas al hogar: deben ser llevadas a la excéntrica cultura doméstica, asignadas al complejo mundo de las clases sociales y de la manifestación de un estatus determinado, de cotidianas reafirmaciones de la autoridad, la propiedad y la identidad. Es también el lugar en el que, con la diferencia de la edad, género y posición social, aprendemos a generar intenciones alrededor de lo que consumimos: lo cual incluye, entre otras cosas, los objetos y los símbolos de la pantalla basados en la comunicación y en la información que genera la tecnología.

Estas tecnologías están implicadas de forma crucial en el logro de lo que podemos llamar nuestra seguridad ontológica, «expresando con ello una autonomía del control corporal dentro de unas rutinas predecibles»4. La seguridad ontológica es tanto un logro como algo que se da por sentado. Está asegurada tanto por nuestra rutina cotidiana en el tiempo y en el espacio, como disfrazada por esa misma rutina. Esa rutina, y su perturbación, están firmemente asentadas en el espacio y el tiempo.

El tiempo en la vida doméstica es múltiple. Nos enfrentamos al tiempo del calendario -el tiempo de la nación según sus períodos estacionales y rituales-; nos enfrentamos con el tiempo de todos los días -el tiempo de la rutina, del trabajo, del ocio y del sueño, el tiempo libre y el comprometido-; nos enfrentamos con el tiempo de la vida -el tiempo de una biografía, de la memoria y del mito, de las esperanzas futuras y de nuestros temores-. Los programas de televisión nos ofrecen una vía de acceso a pasados y futuros: los nuestros y los de otros5. El ordenador ofrece la promesa de acceso al compromiso con el futuro (y con el presente) en la nueva era de la información.
Sin él nos quedaríamos atrás. La programación de las emisiones diseñada para acoplarse al patrón de un día determinado, programas de computadora que hacen posible el establecimiento de un ritmo regulador de trabajo y a la vez el que pueda ser controlado y cambiado, el video que posibilita al telespectador el llegar siempre a tiempo –cada una de estas pantallas basadas en las tecnologías están implicadas de forma crucial en nuestra forma de administrar el tiempo, y en nuestra necesidad y deseo por situarnos nosotros mismos en la dimensión temporal.

El espacio en la vida doméstica es igualmente múltiple. El hogar en sí mismo es un espacio privado compuesto por acciones trascendentes e intrascendentes, por objetos insignificantes e importantes. La geografía física del hogar se extiende y se realza según las actividades e intereses de sus miembros. El hogar se desborda en el ámbito familiar y en los más o menos seguros alrededores espaciales del vecindario. Pero nuestras relaciones con el espacio y con el lugar no son sólo físicas o materiales. La separación de la comunicación con respecto a los medios de transporte, fenómeno que comenzó con el telégrafo en el siglo XIX, nos ha capacitado para conquistar tanto el espacio como el tiempo6. Ha extendido nuestros horizontes, capacitándonos para hacer nuestro lo que nos era familiar y lo que habíamos experimentado parcialmente, para ir llevándolo hacia el terreno de la seguridad doméstica, de lo conocido y de lo confortable. El tiempo público se ha sobrepuesto al tiempo privado, el espacio público al espacio privado. La televisión es precisamente uno de los instrumentos de esa superposición; el ordenador, el teléfono, las redes y sistemas de comunicación e información cuya elaboración gira en torno a su convergencia traen consigo, todos juntos, un marco potencial o real para nuestra localización y administración del tiempo y del espacio, y para la información de nuestro propio sentido de integración en ellos.

Por lo tanto, la sociología de la pantalla requiere estar bien asentada en la fenomenología de la vida cotidiana y del entorno doméstico. Pero también requiere algo más. Requiere una preocupación por la tecnología y por el proceso de mediación, consumo y regulación, todos los cuales juntos definen los parámetros de la importancia de la pantalla en y para la administración de la vida cotidiana.


TECNOLOGÍA

Trabajos mucho más recientes centran su atención en los complejos y contradictorios caminos que las nuevas tecnologías han seguido al exigir (o dejar de exigir) un lugar para ellas en el mundo moderno. Las tecnologías domésticas –las tecnologías del hogar, y las tecnologías electrónicas cada vez más basadas en la pantalla- no son una excepción.

La aparición de las tecnologías del hogar y su adaptación a los usos domésticos tienen una historia fascinante que no se detiene en una determinada tecnología o en un determinismo tecnológico, sino en intereses que compiten entre sí y en presiones socioculturales. Lo que ahora damos por sentado en nuestro uso de la televisión o del teléfono, y cada vez más con el ordenador, tiene que ser percibido como un logro que ha requerido tanto una formalización social de la producción de la tecnología en sí misma, como una formalización de su comercialización y su uso. La televisión, como sostiene Raymond Williams7 podría haberse desarrollado (lo mismo que la radio habría podido) como un medio más interactivo que de difusión; el teléfono podría haber sido utilizado (como lo fue significativamente en Budapest durante cierto tiempo, y ahora parece ser de nuevo utilizado en ese sentido) como un difusor. Debimos haber sido educados en cómo incorporar la televisión a nuestra rutina doméstica así como en los espacios domésticos8. El ordenador en casa, en Gran Bretaña por lo menos, comenzó su andadura como una tecnología sin un propósito, y se compraba más por lo que era que por lo que podía hacer9. El video no fue en su origen diseñado para liberar a su comprador de las tiranías de la programación y de contenidos ya grabados10. La historia de las tecnologías de la información y de la comunicación está salpicada de fracasos y de inicios frustrados: como el video-disco, por mencionar un ejemplo.

La sociología de la pantalla necesita tener en cuenta, por lo tanto, las formas en las que las tecnologías han sido socialmente (política y económicamente) configuradas. Es necesario comprender cómo tanto su producción técnica como su comercialización han contribuido a su estatus no sólo de objetos materiales con funciones específicas y significados o valores sociales o culturales, sino también como esa configuración, esa obra, se continúa en consumo y en uso. El medio no es el mensaje, porque ni el medio ni el mensaje en la formulación de McLuhan tiene estatus como productos sociales o como logros. Las tecnologías de la comunicación en particular, no son sólo objetos materiales con funciones definitivas previamente. Son también objetos simbólicos que están constantemente sujetos a una reconstrucción, a la afirmación o al rechazo y a una articulación múltiple, ya que su importancia y su propósito aparecen con su utilización cotidiana en los hogares, diferentes entre sí por la cultura, la clase social, la composición o la geografía.

MEDIACIÓN Y CONSUMO

El telespectador –el consumidor de televisión- es una entidad problemática. Tratado injustamente por aquellos, tanto desde la derecha como desde la izquierda, que han visto en el telespectador el receptor pasivo de mensajes que él o ella han sido demasiado débiles para resistir, el telespectador es considerado de forma creciente como un participante activo de los temas y traumas de la televisión. Los resultados son inevitablemente complejos11. El contenido de la televisión es recibido en una gran variedad de familias (e incluso en lugares públicos) y por individuos de diferentes entornos culturales, clases sociales diferentes, géneros distintos y con intereses diversos. Su compromiso activo con la televisión –actividad que recorre la gama completa desde el que apaga la televisión hasta el que se queda pasmado mirándola; desde el que olvida, hasta el que discute o aprende algo una vez que ha terminado un programa- proporciona un reto importante no sólo para la investigación académica sino también para la investigación de audiencias televisivas cuyo objeto sería asesorar a los realizadores de programas (y sus publicitarios) sobre lo que ocurre enfrente y en los alrededores de la pantalla.

Comprender la situación del que mira la televisión es complicado porque los lugares en los que se realiza este acto poseen un entorno complejo -el hogar-, que está al mismo tiempo inserto en un mundo más amplio de redes y relaciones; en un mundo aún mayor de limitaciones y oportunidades económicas y sociales. Ver la televisión implica un compromiso, una adaptación a la cultura pública. Uno de los resultados de esta adaptación (el hacer nuestras algunas noticias/asuntos de los contenidos televisivos, un episodio de un serial radiofónico, un detalle de alguna noticia) es que nos capacita para entrar de nuevo en el mundo público con una moneda intercambiable: algo sobre lo que discutir, algo de lo que cotillear, o con lo que concertar con otras personas. En este proceso de consumo y de intercambio de significados, la televisión está totalmente imbricada en la vida cotidiana.

Sin embargo, una vez más la cambiante calidad de la tecnología y de la cultura tecnológica que rodea al televisor, la creciente movilización de la vida sociocultural en torno a la pantalla, ha elevado los problemas de comprensión de la dinámica y la trascendencia de este proceso a niveles nuevos. Consumimos los significados que la televisión y otras tecnologías de la información y la comunicación generan de forma activa. La actividad consiste en la negociación y transformación de aquellos significados, pero de manera creciente también incluye su creación y su control. El video y los programas informáticos interactivos son los primeros enclaves para el ejercicio de la creatividad y del control en lo que respecta al consumo.

Pero un mejor entendimiento del consumo de los significados/propósitos de la televisión (y de los demás medios) no puede ser divorciado de un entendimiento de la dinámica del consumo como una globalidad dentro de la sociedad moderna12. La pantalla es no sólo el lugar desde el cual se transmiten los significados, sino que por sí misma está llena de sentido. Consumimos tanto los temas como las tecnologías. Los televisores y los ordenadores son adquiridos tanto por su estética como por su funcionalidad; las antenas parabólicas y los teléfonos portátiles, tanto por cierto exhibicionismo y por la demostración de una posición social, como por su utilidad cotidiana. Los programas se ven, los juegos informáticos se juegan tanto por disfrute en privado como por exhibición de una colectividad de grupos y redes fuera del hogar.

Nuestra habilidad para apropiarnos de temas y tecnologías -de hacerlas nuestras- depende tanto de su propia maleabilidad o resistencia como objetos (existen límites variables en lo que podemos hacer con los objetos tanto materiales como simbólicos una vez que los llevamos a casa), como de la trascendencia social y cultural que deseemos o seamos capaces de levantar alrededor de ellos.

La sociología de la pantalla debería tener en cuenta la compleja dinámica sociocultural de la acción alrededor del televisor y alrededor de las tecnologías a las que está vinculado y que vinculan a él, tanto cuando está encendido como cuando está apagado. Sobre todo debería tenerse en cuenta la naturaleza integral del acto de ver la televisión; integración que se realiza dentro de los complejos patrones de la mediación y del consumo que articulan y definen nuestra posición, nuestro estatus como actores del mundo moderno.


PRODUCCIÓN Y REGULACIÓN

Es un lugar común el observar la creciente integración de la posesión y del control de los medios y de las industrias basadas en ellos tanto a nivel nacional como internacional. La sociología de la pantalla también requiere aquí de una contextualización de la televisión dentro de la dinámica de una integración vertical y horizontal de las industrias de los medios, y dentro de la creciente complejidad y competitividad de los diferentes sistemas de distribución de la televisión y sus diferentes estándares. Pero una vez más las preguntas no son simplemente técnicas ni están exclusivamente relacionadas con la televisión o con la emisión televisiva. La transmisión por cable o vía satélite proporciona no sólo un cambio cuantitativo, potencialmente por lo menos, sino cualitativo a la capacidad de la televisión para llevar a los hogares el entretenimiento y una variedad de posibles servicios de consumo interactivo. Los ordenadores y las tecnologías CD-ROM, junto con la televisión de alta definición y los nuevos servicios de telecomunicación realzarán, para muchos (o quizás para pocos) toda su cultura basada en la pantalla. Esto hará posible que los datos y la diversión sean integrados en la cultura doméstica en nuevas formas muy poderosas, y afectarán, en potencia por lo menos, al estatus del hogar como unidad social, socialmente aislada pero tecnológicamente integrada.

Pero igualmente las nuevas libertades para elegir tanto entre una amplia gama de contenidos como de tecnologías y la capacidad de cambiar y alterar no sólo el tiempo de recepción de televisión, sino, con el video, también la capacidad de crear los propios contenidos, tanto colectivos como individuales, define una vez más un nuevo reto para la sociología de la pantalla. ¿Qué tipo de libertades, para quiénes, bajo qué circunstancias y con qué consecuencias serán generadas gracias a este entorno cambiante y a los usuarios que en número creciente utilizan con más frecuencia de forma amistosa y con mayor facilidad las tecnologías de la comunicación y la información? Estas son preguntas importantes que la sociología de la pantalla necesitará algún día formularse: preguntas que se dirigen a asuntos de identidad cultural e individual, así como a detalles de la administración de cada día; preguntas que apuntan al ejercicio del poder tanto en el dominio público como en el privado, así como a los detalles del consumo de medios y de software.

Las pretensiones de la sociología de la pantalla son las mismas que aquellas que posee todo acercamiento al estudio de la vida social contemporánea, el cual no pone de relieve ni a la televisión ni a una noción amorfa de la cultura, pero que insiste en tomar como punto de partida la posición cultural y tecnológica de la pantalla para un análisis de las estructuras y de los procesos de la mediación de la vida cotidiana.


Traducción: Mar Hernández de Felipe
(Este ensayo ha sido tomado del N° 22 de TELOS).


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

1. Agradezco los útiles comentarios que Eric Hirch y Marie Gilespie hicieron a un anterior borrador del artículo. No hace falta añadir que todos los fallos que aún existan en el texto son responsabilidad mía.
2. La idea de un «objeto dominante» tecnológico pertenece a Henri Lefevre, quien describe el coche como el objeto dominante del capitalismo: ver Lefevre, Henri: Every day in the Modern World, Harmondsworth, Penguin, 1971.
3. Para una mayor discusión en torno a estos aspectos, ver Silverstone, R. y Morley, D. et. al. Families, Technologies and Consumption, Discussion Paper, Center for Research into Innovation, Culture and Technology; Brunnel University, Uxbridge, 1989.
4. Giddens, A.: The Constitution of Society, Oxford, Polity Press, 1984, p.50.
5. Para una importante discusión de las implicaciones de la radiodifusión en la organización del tiempo ver Scannell, P. «Radio Times: the temporal arrangements of broadcasting in the modern world», en Drummond, P. y Paterson, R. (eds.): Television an its Audience: International Perspectives, London, British Film Institute, 1988.
6. Las implicaciones de esta trascendencia del tiempo y del espacio con que los nuevos medios parecen ser facilitados están frecuentemente sujetas a exageración y romanticismo. Desde una perspectiva más serena, ver Ferguson, M.: «Electronic Media and the Redefining of Time and Space» en Ferguson, M (ed.) Public Communication: the New Imperatives, London, Sage, 1990, pp. 173-189.
7. Williams, Raymond, Television: Technology and Cultural Form, London, Fontana.
8. Lynn Spigel en una serie de artículos y en un libro de próxima publicación ha explorado con detalle la forma en que la televisión
fue creada para la audiencia, principalmente femenina, de las revistas de los años cuarenta y cincuenta en U.S.A.: eg. en «The Domestic Economy of Television Viewing in Postwar America», Critical Studies in Mass Communication, December 1989.
9. Haddon, Leslie «The Home Computer: the Making of a Consumer Electronic», Science as Culture, 2, pp.7-51, 1988.
10. Keen, Ben, «Play it Again, Sony: tha Double Life of Home Video Technology», Science as Culture, 1, pp.2-42, 1987.
11. Para una reciente discusión sobre algunos de estos resultados, ver Morley, D. y Silverstone, R. «Domestic Communication- Technologies and Meanings», Media, Culture and Society, 12, 1, pp.31-56, 1990; y Moores, S. «Texts, Readers and Contexts of Reading: developments in the study of media audiences», Media, culture and Society, 12,1. pp.9-30.
12. Miller, D. Material Culture and Mass Consumption, Oxford, Basil Blackwell, 1987.


y en el mes del amor...
TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
Mario Benedetti

martes 12 de febrero de 2008

Barcelona y Real Madrí...




El reflejo del deporte en los medios de comunicación en España

Manuel E. González Ramallal
Universidad de La Laguna

1. INTRODUCCIÓN

La influencia mediática del deporte no sólo ha sido estudiada desde la política o la economía como ámbitos de referencia más tradicionales, sino que en el último cuarto de siglo su incidencia ha sido también abordada en relación con los modernos estilos de vida: ocio, educación, salud, moda, etc. Sin embargo, una vez reconocida la manifiesta trascendencia que la información deportiva tiene en diferentes ámbitos sociales, echamos en falta una serie de investigaciones sistemáticas que, desde la perspectiva sociológica, se centren en los elementos de significación contenidos en el mensaje mismo y en sus consecuencias. En parte, esto puede deberse a que el deporte como objeto de estudio por parte de la sociología es de un interés relativamente reciente y, aunque hoy en día se acepte que el deporte es un área más dentro de la teoría y métodos propios de la sociología, tradicionalmente esto no ha sido así.
El análisis de la dimensión espectacular del deporte moderno constituye el objetivo general de esta investigación, que forma parte de un estudio mucho más amplio, objeto de mi tesis doctoral, en torno al análisis del deporte en la sociedad.


2. ASPECTOS TEÓRICOS DE LA INVESTIGACIÓN

La dimensión espectacular es la más «visible» del deporte, y vincula a éste con la información y, más concretamente, con los medios de comunicación. Sin embargo, si nos proponemos hallar una definición única de deporte estaríamos abocados al fracaso, ya que encontraríamos tantas como autores se han referido a él. Nos encontramos, pues, ante una paradoja, ya que el deporte es una palabra y un fenómeno comprendido por todos, pero que nadie puede definir correctamente (J. J. Barreau y J. J. Morne, 1992: 92). Se hace necesario, pues, aclarar de qué deporte hablamos cuando hablamos de deporte ya que éste tiene, a grandes rasgos, varias caras y es lo que es, no lo que se pretende que sea.
Una definición de deporte amplia, flexible e inclusiva, fundamentada en tres elementos esenciales la ofrece García Ferrando (1990: 31): actividad física e intelectual humana, de naturaleza competitiva, y gobernada por reglas institucionalizadas. Esta amplia definición del deporte constituye un punto de partida para sistematizar el fenómeno deportivo moderno, entendido como un fenómeno social total, proceso que ha de enmarcarse necesariamente en el contexto social general en el que el éste está inmerso ya que el deporte ha dejado de ser un sistema autónomo y se ha convertido en un sistema abierto con escasa identidad propia y estrechamente conectado a otros sistemas como el económico, el político, el educativo y el de los medios de comunicación (N. Puig y K. Heinemann, 1991). El fenómeno deportivo ha cambiado, produciéndose una ruptura con el modelo deportivo tradicional.
De las diferentes dimensiones del deporte la que nos interesó analizar fue la dimensión espectacular del mismo, caracterizada por su teatralidad y puesta en escena, donde, aplicando el símil teatral (E. Goffman, 2001; L. Zurcher, 1985), nos encontramos indefectiblemente con una obra representada por diferentes actores que desempeñan su papel para un público en unos escenarios altamente formalizados.


3. ASPECTOS EMPÍRICOS DE LA INVESTIGACIÓN

La hipótesis central manejada en este estudio fue la siguiente: «la información deportiva textual, verbal y visual distribuida por los medios de comunicación españoles más representativos configura una realidad deportiva predominantemente futbolística centrada en dos protagonistas principales: el Real Madrid Club de Fútbol y el Fútbol Club Barcelona», de modo que «comparativamente, el reflejo del resto de realidades y protagonistas deportivos es inferior a la realidad presentada mayoritariamente por los medios». Esta polémica cuestión, al cabo de la calle, ha sido también objeto de análisis empírico (J. Rodríguez y J. J. Sánchez, 2001) aunque, en la mayoría de la literatura que hemos revisado, de manera colateral y escasamente centrada en los principales aspectos que realmente conforman el debate, y que nos son otros que el propio deporte y los medios.
Por lo que se refiere a faceta metodológica y técnica de la investigación señalar que mediante la técnica del análisis de contenido (L. Bardin, 1996, K. Krippendorff, 1997) se analizó la información deportiva publicada y emitida en los tres medios de comunicación más representativos de España en cada uno de los soportes, esto es, los diarios matutinos Marca, El País y El Mundo; los informativos de televisión del mediodía de la Primera Cadena de Televisión Española (Telediario Primera Edición), Antena 3 (Noticias 1) y Tele 5 (Informativos Telecinco 14:30); y los programas deportivos radiofónicos nocturnos de la Cadena Ser (El Larguero), Onda Cero (SuperGarcía) y Radio Nacional de España - Radio 1 (Radio Gaceta de los Deportes).
El período de tiempo que se analizó lo constituyeron quince días que podemos caracterizar como representativos de la información deportiva «típica» en España (1 al 15 de abril de 2002). Por ello, se buscaron quince días en los cuales no se produjesen, —en la medida en que ello es posible—, acontecimientos deportivos que pudiesen distorsionar nuestro estudio, como por ejemplo, un Campeonato Mundial de fútbol o de baloncesto o un Tour de Francia.
La unidad a registrar y codificar mediante la técnica del análisis de contenido la constituyó lo que denominé «unidad de información deportiva» que, tal y como se entiende en esta investigación, es una unidad portadora de información que alude al hecho, suceso o referente del cual dan cuenta los medios de comunicación, y cuyos límites los establece en la mayoría de los casos la propia fuente. Cada unidad de información deportiva, cuenta con sus correspondientes titulares, también de diferentes tamaños, antetitulares y subtitulares, protagonistas principales y secundarios tanto de la información textual como de la información gráfica, y así hasta un total de 42 posibles variables (dependiendo del soporte) que se podían extraer de cada una de las unidades de información deportiva consideradas y que se fueron plasmando en una plantilla de datos. En los 126 documentos analizados se identificaron 4.940 unidades de información deportiva, de acuerdo con la definición antes señalada, de manera que ya nos encontrábamos en disposición de sistematizar y estructurar un material a priori no estructurado.


Aproximadamente tres cuartas partes de las unidades de información deportiva contenidas en los medios, versan sobre el acontecimiento fútbol, siendo especialmente significativo el caso de la televisión, donde el fútbol acapara casi un 85% de su contenido.
Y es que como apunta Díaz Nosty, hemos pasado del «fútbol es fútbol» al «fútbol es televisión» (Díaz Nosty: 2001: 250). El resto de modalidades deportivas se distribuyen el escaso remanente de protagonismo.
Respecto a la hipótesis central de esta investigación, ésta se ha cumplido en todos sus extremos y es que, a pesar de la gran cantidad de actores posibles en los medios de comunicación, los dos grandes protagonistas de la información deportiva son, según se aprecia en la tabla 2, el Real Madrid y el Barcelona. El resto de los actores protagonistas se ubican significativamente por debajo de ambos clubes y, únicamente, ocho actores más aparecen en los medios con una frecuencia superior al 1%. Esta dinámica se reproduce de manera similar en todos los soportes informativos analizados.

Nos encontramos, pues, ante un modelo informativo que podemos denominar clásico (por ser el más típico), que hace referencia a la preeminencia informativa del Real Madrid y el Barcelona. Pero, además, atendiendo a estos datos apreciamos otros tres modelos informativos.
El modelo competicional europeo, que alude al éxito deportivo y a la trascendencia que tiene participar en la más importante de las competiciones futbolísticas continentales, la Champions League. De ahí que el Deportivo de La Coruña, —que junto al Real Madrid y al Barcelona, participa en la Champions League—, sea el tercero de los actores protagonistas. Asimismo, los clubes que se enfrentan a estos equipos españoles tienen, por esa razón, una importante cuota de protagonismo.
El tercero de los modelos de información deportiva es el modelo competicional doméstico, que tiene dos vertientes. Una, la exitosa, lleva al Valencia a ser uno de los clubes con mayor protagonismo, no en vano se situó a lo largo del período de estudio como líder de la Liga española, acontecimiento que supuso que se viese reflejado en los medios en un sentido positivo. La otra cara de la moneda, la calamitosa, lleva a que ciertos clubes aparezcan como protagonistas relacionados con algún acontecimiento deportivo de carácter negativo. Este es el caso del Athletic de Bilbao, por sus derrotas acumuladas, o del Betis, por la clausura de su estadio.
Finalmente, el cuarto modelo informativo es el que hemos denominado modelo nacional, debido a la destacada presencia que tiene la Selección Española en los documentos deportivos analizados, circunstancia que se percibe claramente tanto en la emisora pública Radio Nacional de España como en Televisión Española, donde la Selección en sus diferentes modalidades deportivas se sitúa incluso en niveles de atención cercanos a los que merecen el Real Madrid y el Barcelona.
En definitiva, el carácter multifacético inherente al deporte que lo vincula a diferentes ámbitos sociales (ocio, educación, salud) no se ve en absoluto reflejado en los medios de comunicación españoles, cuya orientación unilateral hacia la competición y hacia el espectáculo, hacia el dato y hacia la anécdota, les lleva a prescindir casi absolutamente de una visión más amplia y más acorde con la realidad social y acontecimental del deporte.
Señalar, finalmente, que aunque algunos resultados puedan parecer bastante obvios, hasta el momento no se había llevado a cabo un estudio que permitiese contrastar en que medida el proceso de información deportiva se desenvuelve en una situación de centramiento.

La publicidad en el fútbol
José G. Arribas
Rebelión

El 16 de junio pasado, unos aficionados de la selección de fútbol de Holanda tuvieron que ver el partido en calzoncillos. Y no fue por estar más fresquitos ni por hacer alarde de su disponibilidad sexual, sino porque no habían acudido al campo convenientemente vestidos, según la FIFA. Este organismo internacional, en principio deportivo, consideró que los pantalones naranjas que vestían (el color de la selección holandesa) no podían considerarse adecuados para asistir al encuentro, porque en ellos iba estampada de forma demasiado visible una marca de cerveza que no es la que patrocina el espectáculo, y consideró preferible que los aficionados asistieran al encuentro en paños menores antes que permitir semejante ultraje a la sociedad de mercado.El partido en cuestión fue el celebrado en Stuttgart entre Holanda y Costa de Marfil, y la noticia no ha pasado de ser tratada en los medios de comunicación masivos como una mera anécdota. La FIFA ha defendido su postura aduciendo el dinero que los patrocinadores del mundial se han gastado en la organización del evento, unos 700 millones de dólares, y que los aficionados actuaban en connivencia con la empresa publicitada. La libertad de las personas de poder vestir como quieran ya sabemos qué precio tiene. ¿Cuántas más libertades pueden obviarse a fuerza de cheque? En un alarde de caballerosidad los responsables del expolio permitieron a las mujeres conservar sus pantalones, por lo que la medida disciplinaria sólo se aplicó a los aficionados masculinos. Ante el sesgo machista de la situación, no tardarán en llenarse los estadios de faldas y "tops" publicitarios.Parece ser que las personas son libres de usar su cuerpo como anuncio viviente sólo si las cámaras de la televisión no están cerca, pues queda claro que la prohibición no afecta a las inmediaciones de los estadios sino sólo al recinto interior, allí donde las empresas han pagado por exhibirse o ser exhibidas. La clave de este asunto, lo que lo convierte en algo más que una anécdota risible es precisamente eso. El espectáculo y por lo tanto el negocio no está delimitado por los bordes del terreno de juego, sino que se extiende más allá, hasta allí donde llegan las cámaras que lo retransmiten. Cuando una persona acude a un campo de fútbol, por lo tanto, no acude sólo a presenciar un espectáculo deportivo que le gusta, sino a representar (en el sentido literal de ser actores ) los intereses de las grandes compañías. Aparecer aunque sea de lejos o de forma difusa en el "gran ojo" televisivo hace que las personas dejen de serlo y pierdan todos sus derechos, convirtiéndose en una parte más del "atrezzo" publicitario. Si sales en la televisión ya no eres una persona, eres un anuncio.Convertir a las personas en anuncios, hacer de las gradas cubiertas de gente un enorme panel publicitario, es otra de las canalladas del sistema capitalista de mercado, convertir el deporte en un negocio. Esta mercantilización de las personas y del espectáculo ha calado tan hondo en la sociedad, tiene tal fuerza alienadora, que hace que incluso muchos de los enfervorizados asistentes se esfuercen por obtener su instante de gloria, su propia promoción pública individual, a base de comportarse de la forma más estrambótica o exagerada posible, ya sea luciendo sus encantos si son mujeres o demostrando que son más burros que nadie si son hombres. Todo vale con tal de aparecer en la televisión y lograr esa notoriedad momentánea y global, esa ínfima migaja publicitaria.Asimismo, la utilización publicitaria del fútbol es claro que no se realiza solamente por interés comercial. Países con una identidad nacional digamos que difusa, gobiernos mantenidos artificialmente por aristocracias impresentables o nuevos estados creados "ad hoc" por conveniencias de la geopolítica norteamericana o europea utilizan también el desaforado despliegue de enseñas patrias para afirmar, confirmar o inventarse (según el caso) su realidad y cohesión nacional, utilizando también el encuentro deportivo como mero anuncio de sus "marcas" nacionales. Esto hace pensar, pues, que también los estados habrán colaborado, económica o políticamente, en el espectáculo, pues de otra manera tal vez no les dejarían exhibirse. No es raro que una de las primeras reivindicaciones de los partidos nacionalistas sea la de contar con selecciones nacionales de fútbol propias.Hace tiempo un amigo me comentó que él, aficionado al fútbol desde su infancia, había dejado de serlo por razones políticas. Me habló de los intereses desplegados por aquel entonces para que todas las autonomías tuvieran un equipo en la primera división, y de cómo el fútbol se había convertido en el principal escaparate y sostén de la nueva realidad autonómica española. En aquel entonces me pareció algo exagerado su razonamiento, pero visto lo que se está viendo en este mundial, creo que ciertamente mi clarividente amigo tenía razón. El mundial de fútbol de Alemania y el fútbol en general ya no son más que pan y circo. El opio del pueblo ya no se fuma en las iglesias, ahora prefiere los estadios.
Contra la guerra o la fiesta
Eduardo Galeano. La Jornada.


En los conflictos en el mundo, el futbol es el único instrumento de conciliación que no ha fracasado El año pasado murió el hombre más viejo de Inglaterra. La vida de Bertie Felstead había atravesado tres siglos: nació en el siglo 19, vivió en el 20, murió en el 21. El era el único sobreviviente de un célebre partido de futbol, que se jugó en la Navidad de 1915. Se enfrentaron en ese partido los soldados británicos y los soldados alemanes. Una pelota apareció, venida no se sabe de dónde, y se echó a rodar, no se sabe cómo, entre las trincheras. Entonces el campo de batalla se convirtió en campo de juego, los enemigos arrojaron al aire sus armas y saltaron a disputar la pelota, todos contra todos y todos con todos. Mucho no duró la magia. A los gritos, los oficiales recordaron a los soldados que estaban allí para matar y morir. Pasada la tregua futbolera, volvió la carnicería. Pero la pelota había abierto un fugaz espacio de encuentro entre esos hombres obligados a odiarse. El barón Pierre de Coubertin, fundador de las olimpiadas modernas, había advertido: "El deporte puede ser usado para la paz o para la guerra". Al servicio de la guerra mundial que estaban incubando, Hitler y Mussolini manipularon el futbol. En los estadios, los jugadores de Alemania y de Italia saludaban con la palma de la mano extendida a lo alto. "Vencer o morir", mandaba Mussolini, y por las dudas la escuadra italiana no tuvo más remedio que ganar la Copa del Mundo en 1934 y en 1938. "Ganar un partido internacional es más importante, para la gente, que capturar una ciudad", decía Goebbels, pero la selección alemana, que lucía la cruz esvástica al pecho, no tuvo suerte. La guerra de conquista vino poco después, y el delirio de la pureza racial implicó también la purificación del futbol: 300 jugadores judíos fueron borrados del mapa. Muchos de ellos murieron en los campos alemanes de concentración. Años después, en América Latina, las dictaduras militares también usaron el futbol, al servicio de la guerra contra sus propios países y sus peligrosos pueblos. En el Mundial de 70, la dictadura brasileña hizo suya la victoria de la selección de Pelé: "Ya nadie para a este país", proclamaba la publicidad oficial. En el Mundial de 78, en un estadio que quedaba a pocos pasos del Auschwitz argentino, la dictadura argentina celebró "su" triunfo, del brazo del infaltable Henry Kissinger, mientras sus aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar. Y en 80, la dictadura uruguaya se apoderó de la victoria local en el llamado Mundialito, un torneo entre campeones mundiales, aunque fue entonces cuando la multitud se atrevió a gritar, por primera vez, después de siete años de silencio obligatorio. Rugieron las tribunas: "Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar..." Hay partidos que terminan en batallas campales, hay fanáticos que encuentran en el futbol un buen pretexto para el ejercicio del crimen y en las gradas desahogan los rencores acumulados desde la infancia o desde la última semana. Como suele ocurrir, es la civilización la que da los peores ejemplos de barbarie. Entre los casos de más triste memoria se podría citar, por ejemplo, la matanza de 39 hinchas italianos del club Juventus a manos de los hooligans ingleses del Liverpool, hace poco menos de 20 años. Pero, ¿eso da para decir que el futbol incuba huevos de serpiente? En 1969, se llamó "guerra del futbol" a la matanza entre hondureños y salvadoreños, porque la primera chispa de ese incendio se había encendido en los estadios. Pero la guerra venía, en realidad, de mucho antes. Y su nombre mentiroso logró ocultar una historia larga: la guerra fue la trágica desembocadura de más de un siglo de rencores entre dos pueblos vecinos, entrenados para odiarse mutuamente, pobres contra pobres, por sucesivas dictaduras militares fabricadas en la Escuela de las Américas. El espejo no tiene la culpa de la cara, ni el termómetro tiene la culpa de la fiebre. Casi nunca proviene del futbol, aunque casi siempre lo parece, la violencia que a veces hace eclosión en los campos de juego. Es revelador lo que está ocurriendo en la Argentina. La locura de las "barras bravas" no tiene nada de nuevo; pero se han multiplicado los líos, los balazos y los garrotazos, desde que se desencadenó esta última crisis que ha precipitado al país a una caída en picada y ha dejado a los argentinos pataleando en el aire. Los estadios de futbol son los únicos escenarios donde se abrazan los etíopes y los eritreos. Durante los torneos interafricanos los jugadores de esas selecciones consiguen olvidar por un rato la larga guerra que periódicamente rebrota entre sus países. Y después del genocidio que ensangrentó a Ruanda, el futbol es el único instrumento de conciliación que no ha fracasado. Los hutus y los tutsis se mezclan en las hinchadas de los clubes y juegan juntos en los diversos equipos y en la selección nacional. El futbol abre un espacio para la resurrección del respeto mutuo que reinaba entre ellos antes de que los poderes coloniales, el alemán primero y el belga después, los dividieran para reinar. En Medellín, una de las ciudades más violentas del mundo, nació y se desarrolló el proyecto Futbol por la Paz, que durante algún tiempo funcionó con milagroso éxito. Mientras duró demostró que no era imposible cambiar balazos por pelotazos. El futbol resultó ser el único lenguaje alternativo para las bandas armadas de los diversos barrios, acostumbradas a dialogar a tiros. Jugando al futbol los enemigos empezaron a conocerse entre sí, al principio de muy mala manera y en cada partido un poquito mejor. Y los muchachos empezaron a aprender que la guerra no es el único modo de vida posible. Antes de cada partido, en cada Copa del Mundo, los jugadores escuchan y tararean sus himnos patrios. Por regla general, salvo algunas excepciones, los himnos los invitan a matar y a morir. Esos cánticos marciales profieren terribles amenazas, convocan a la guerra, insultan a los extranjeros y exhortan a hacerlos picadillo o con gloria sucumbir en heroicos baños de sangre. Ya vamos para el campeonato mundial número 17. A lo largo de las Copas del Mundo se ha visto que no faltan los jugadores dispuestos a actuar como obedientes soldados, siempre dispuestos a castigar con feroces patadas a los enemigos de la patria y, sobre todo, a los que cometen la imperdonable ofensa de jugar lindamente. Pero, la verdad sea dicha, la gran mayoría de los jugadores no ha hecho caso a las órdenes que sus himnos imparten, ni a los delirios épicos de ciertos periodistas que compiten con los himnos, ni a las instrucciones carniceras de algunos dirigentes y directores técnicos, ni a los clamores guerreros de unos cuantos energúmenos en las gradas. Ojalá los jugadores, o al menos la mayoría de ellos, se sigan haciendo los sordos en el Mundial que viene. Y que no se confundan a la hora de elegir entre la guerra o la fiesta.











Los medios de comunicación como vehículos de la ideología dominante


René Naba
Rebelión
Traducido por Caty R.


El desarrollo de la transmisión por satélite, la multiplicación de las cadenas transfronterizas y otros canales de difusión como Internet, correo electrónico, blogs y también el fax o el teléfono móvil, llevó a los sociólogos y analistas políticos a celebrar la llegada de una “sociedad de la información” como la marca característica del siglo XXI, el fracaso del totalitarismo y el fin de la democracia neoliberal.

No obstante, el aumento del control de los vectores de información por parte de los grandes conglomerados industriales, la importancia que han adquirido las estrategias de comunicación en detrimento de la información propiamente dicha, la endogamia creciente entre los medios de comunicación y la política, así como la interactividad entre los protagonistas de estos sectores, tienden a relativizar esa primera afirmación hasta el punto de que se plantea la cuestión de la viabilidad de un debate democrático en una sociedad donde los principales vectores de información están dominados por los poderes del dinero y la promoción de intereses privados.

En este contexto la lengua, medio de comunicación e intercambio por excelencia, se convierte en una marca de identidad cultural según la terminología o el acento utilizados por el locutor.

El hundimiento de la ideología de dimensión humanista, útil contrapeso de la hegemonía capitalista, aceleró esta evolución hasta el punto de que hoy el lenguaje aparece como un temible instrumento de selección y discriminación, de dominación y exclusión.

I. EL DEBATE DEMOCRÁTICO ANTE LA PROFUSIÓN DE INFORMACIÓN. LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN O LA ALDEA GLOBAL

En la historia de la humanidad la información nunca ha sido tan abundante e instantánea, hasta el punto de que la información globalizada, al suprimir las fronteras físicas y lingüísticas, ha transformado el planeta en una “aldea global”.

Todos los grandes acontecimientos mundiales se viven casi en una comunión universal, (Mundial de fútbol, Juegos olímpicos, grandes catástrofes naturales como el Tsunami en Asia en diciembre de 2004 y el huracán Katrina del verano de 2005 al sur de Estados Unidos, las dos guerras de Iraq en 1990 y 2003, y el derrocamiento de la estatua del presidente iraquí Sadam Husein en abril de 2003).

Desde la revolución tecnológica que se operó hace veinte años los canales de información continua han sustituido a las cadenas generalistas (CNN en Estados Unidos, LCI y France Info en Francia) desarrollando programas interactivos con intervenciones de los telespectadores en los debates políticos, induciendo antes del fin de las emisiones a un debate participativo.

En Francia el ejemplo más evidente se desarrolló en TF1 con motivo del debate sobre el referéndum constitucional, en abril de 2005, entre el presidente Jacques Chirac y un grupo de jóvenes, así como en la campaña presidencial francesa de 2007, también en TF1, con la emisión “tengo una pregunta para usted”, donde el candidato a la elección presidencial se enfrentaba durante 90 minutos a una muestra representativa de la población francesa.

Incluso la prensa escrita ha introducido un cambio y ha añadido a su publicación de papel una edición electrónica, dando así la posibilidad de que un grupo de lectores más amplio, más allá de los océanos, acceda a la información del diario.

En Francia, por ejemplo, los grandes periódicos parisinos se pueden consultar electrónicamente desde África o Asia, soslayando la censura generalmente en vigor en los países autoritarios. En el mundo árabe, donde la censura es la norma, el periódico Al-Qods Al-Arab, diario crítico del mundo árabe, brinda diariamente la hospitalidad de sus columnas a algunos de los principales intelectuales árabes proscritos y así evita, desde Londres, las restricciones decretadas por los gobiernos.

Del mismo modo, junto a la prensa de pago, se ha desarrollado en los países occidentales una prensa gratuita que amplía la oferta de información. Además se instituyó un servicio de mensajería a la carta para los usuarios de teléfonos móviles.

A. ¿Sobreinformación o desinformación?

Pero, ¿la concertación mediática y la profusión de información contribuyen sin embargo a un mejor conocimiento de los problemas? ¿A una mejor difusión del conocimiento? ¿Contribuyen a una mejora del debate democrático? ¿La sobreinformación favorece la información o desemboca en la desinformación?

En los años ochenta, cincuenta megacompañías dominaban el panorama mediático en Estados Unidos, pero menos de diez años después ya no permanecían más que veintitrés para un dominio similar. “La ola de enormes mercados concluida en los años noventa y la rápida globalización dejaron la industria mediática centralizada en nueve conglomerados internacionales: AOL-TimeWarner, Viacom CBS) News corporation, Bertelsman (Alemania), General Electric (NBC), Sony, ATT-LIBERTY Media y Vivendi Universal France).

Cuatro de ellos (Disney, AOL Time Warner, Viacom y News corporation) controlan todo el ciclo de la producción (películas, libros, revistas, periódicos, programas de televisión, música, vídeo y juegos) y la distribución (radio, cable, grandes superficies y multicines)” (1).

Pero esta concentración mediática, por muy impresionante que sea y con las inmensas posibilidades de difusión que guarda, ¿contribuye a una mejora de la información al ciudadano y al debate democrático?

La respuesta sólo puede ser parcial a juzgar por los disgustos registrados, tanto por Estados Unidos como por Francia, en dos momentos claves de su historia contemporánea: la guerra de Iraq para Estados Unidos y el referéndum sobre la Constitución Europea para Francia.

B. Estados Unidos y la guerra de Iraq

Estados Unidos se dio un baño de fervor nacionalista basado en el horror de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra los símbolos de la hiperpotencia estadounidense, las Torres Gemelas (Twin Tower) en Nueva York y el Pentágono en Washington. Ese entusiasmo, por otra parte, se fomentó por los medios de comunicación con una amplia difusión de las escenas de horror y los comentarios consecuentes.

La unanimidad nacional alcanzó su paroxismo durante la guerra de Afganistán, en octubre-noviembre de 2001, emprendida por Estados Unidos con la fianza de la ONU y percibida por la opinión estadounidense e internacional como la represalia por los atentados del 11 de septiembre.

Esa unanimidad se reprodujo con el mismo entusiasmo durante la guerra de Iraq emprendida dos años más tarde, en marzo de 2003, gracias, especialmente, al trabajo de movilización de la prensa estadounidense, aunque la guerra de Iraq se acometió sin el apoyo de las Naciones Unidas. Los grandes medios de comunicación de Estados Unidos retransmitieron durante mucho tiempo las tesis de la administración neoconservadora estadounidense antes de reconsiderar sus posiciones por los sinsabores militares de EEUU sobre el terreno: el saqueo del Museo de Bagdad, las torturas en la prisión de Abu Ghraib y las revelaciones de las mentiras de la guerra (ausencia de armas de destrucción masiva o relación del régimen de Sadam Husein con la organización Al Qaeda).

La periodista estrella del New York Times Judith Miller, una de las propagandistas más activas de la falsa tesis de las armas de destrucción masiva en Iraq, ha sido despedida de su periódico y grandes diarios como el Washington post y el citado New York Times han reconocido públicamente sus errores.

Eso no impide que durante la guerra de Iraq los medios de comunicación estadounidenses fueran cómplices de la mayor mistificación de la opinión pública retransmitiendo, sin la menor contención y durante un largo período, la propaganda de guerra del presidente George Bush jr.

La guerra de Iraq ha mostrado públicamente la connivencia entre el poder político y el mundo mediático en detrimento de la democracia.

C. Francia y el referéndum de la Constitución Europea

Los dirigentes de las principales formaciones políticas y casi la totalidad de los comentaristas importantes de los grandes medios de comunicación se pronunciaron a favor de la Constitución Europea tachando de arcaicos a sus opositores, aunque el texto sometido a referéndum fuera largo, denso, confuso e inaccesible para el lector de a pie.

Los partidarios del Sí -grandes magnates de la prensa e importantes dirigentes políticos- fueron rechazados de forma ostensible, pero no se pusieron en entredicho sus métodos de funcionamiento.

En el caso de Francia, aunque la connivencia es tan manifiesta como en Estados Unidos, la desaprobación está más marcada.

Al contrario que en Estados Unidos, los grandes medios de comunicación franceses como Le Monde o TFI nunca han formulado la menor autocrítica, ni por la guerra de Iraq, ni por la campaña del referéndum europeo o por la cobertura de la anterior campaña presidencial francesa, la de 2002 donde, contra todo pronóstico, el jefe de la extrema derecha francesa, Jean Marie Le Pen, líder del Frente Nacional, desbancó, en la primera vuelta de las elecciones, al Primer Ministro Lionel Jospin, candidato del partido socialista, eliminando a la izquierda de la primera competición importante del siglo XXI.

El diario Le Monde nunca dio una explicación sobre la sonora frase publicada por su ambicioso director según la cual “todos somos estadounidenses” tras los atentados del 11 de septiembre. Tampoco nadie le pidió explicaciones por erigirse en portavoz de todos los franceses sin que nadie lo eligiera. Seis años después de esa profesión de fe, mientras Estados Unidos se atasca en el cenagal iraquí, el Sr. Colombani ha cesado en su cargo, en junio de 2007, por un voto de desconfianza de los periodistas de su empresa que se han opuesto a la prórroga de su mandato.

Anteriormente se demostró la manipulación de Patrick Poivre d’Arvor, presentador estrella de TFI, la cadena de televisión más importante de Europa, sin que eso le haya acarreado el menor descrédito. Poivre d’Arvor se atribuyó abusivamente una entrevista del dirigente cubano Fidel Castro sustituyendo su imagen por la del entrevistado y reformulando las preguntas con el fin de dar a la entrevista un sello personal.

Jean Marie Colombani y Patrick Poivre d’Arvor fueron citados en los procesos relacionados con el asunto Pierre Botton, ex yerno del antiguo diputado chiraquiano de Lyon Michel Noir, sin que tampoco eso obstaculizara sus fulgurantes carreras. Poivre d’Arvor incluso fue condecorado con la insignia de caballero de la orden del mérito, en marzo de 2007, por el ministro de Cultura Renaud Donnedieu de Vabres, sin duda como reconocimiento por su contribución a la deontología del periodismo.

Por su parte Serge July, fundador del antiguo diario de izquierda Libération, en vez de preguntarse por su falsa percepción de la sociedad francesa, permanece clavado en su despacho tras el fracaso del referéndum constitucional europeo de mayo de 2005, acusando de todos los males a sus compatriotas, sin la menor crítica hacia los dirigentes que redactaron un texto largo y complejo, sin molestarse en hacer ninguna pedagogía política sobre el alcance y significado de la construcción europea e incluso sin la pretensión de cuestionar al presidente Jacques Chirac por su demagógica maniobra que instrumentalizó la apuesta europea y el referéndum constitucional para recobrar popularidad en la escena política local después de sus amarguras electorales.

Así, dos veces en cinco años, la clase político-mediática francesa ha sido desaprobada sin que eso implique una reforma de las relaciones entre el poder político y los medios de comunicación, hasta el punto de que, a juzgar por el número de emparejamientos cruzados entre políticos y periodistas, parece que se está desarrollando una tendencia a la endogamia.

Los medios de comunicación franceses se declaran y se consideran un “contrapoder” , pero “la prensa escrita y audiovisual está dominada por un periodismo servil, por grupos industriales y financieros, por un pensamiento mercantil, por redes de connivencia (…) Entonces, en un perímetro ideológico minúsculo, se multiplican las informaciones excluidas, los participantes permanentes, las notoriedades indebidas, los enfrentamientos artificiales, los servicios recíprocos (…) un pequeño grupo de periodistas omnipresentes –que consolidan el poder mediante la ley del silencio- impone su definición de la información-mercancía en una profesión cada vez más debilitada por el temor al desempleo. Estos alguaciles del orden son los nuevos perros guardianes de nuestro sistema económico” . Esta acta demoledora se vincula por momentos con la realidad. Ha sido elaborada por un periodista del mensual Le Monde diplomatique, Sarga Halimi, en un opúsculo de título devastador, Les Nouveaux Chiens de Garde (Los nuevos perros guardianes) (2).

El colmo de la coincidencia del periodismo con el poder político es el periodismo embedded , literalmente “en la misma cama”, durante la guerra de Iraq. Esta proximidad fue juzgada malsana por un buen número de miembros de la profesión, ya que falseaba el espíritu crítico en la medida en que se incorporaba al periodista literalmente con respecto a su observación, sin el menor distanciamiento. Con la inmersión total en el planteamiento y el combate de su coinquilino de tanque, inevitablemente se deterioraba su capacidad de valoración. Esta técnica consiguió retrasar, sin cancelarla completamente, la valoración objetiva de una política, como fue el caso en la invasión estadounidense de Iraq en marzo de 2003.

II. LAS CIFRAS DE LA PUBLICIDAD Y EL NEUROMARKETING (*)

La comunicación tiende sustituir a la información y sus derivados nos devuelven a la propaganda básica de los regímenes totalitarios que los países democráticos se supone que combaten. Spin doctor’s, es el nombre que se da en Estados Unidos y Reino Unido a sus “maestros del engaño” encargados de gestionar la opinión pública.

A finales de los noventa el presupuesto estadounidense de la industria de las relaciones públicas sobrepasó el de la publicidad. Según un estudio de John Stauber y Sheldon Rampton, considerados los mejores especialistas de la profesión y coautores de una notable obra sobre la cuestión: Toxic sludge is good for you (La intoxicación es buena para ti, N. de T.), Common Courage presse 1995, el número de empleados de las agencias de relaciones públicas (150.000) sobrepasa el de los periodistas (130.000).

En Estados Unidos el 40% de lo que se publica en la prensa se reproduce directamente, sin alteraciones, en los comunicados de “Public relations” afirma Paul Moreira, productor de la emisión de referencia de Canal+ y autor de la documentada obra Les nouvelles censures -dans les coulisses- de la manipulation de l’information (Las nuevas censuras -entre bastidores- de la manipulación de la información), Ed. Robert Laffont, febrero 2007.

Dos cifras bastan para caracterizar al imperio de los medios de comunicación: viven dos tercios de la publicidad y gastan cada año el doble del presupuesto del estado francés. A escala mundial el volumen de negocios de la televisión, aparte de las subvenciones, se acercó a 220.000 millones de dólares en 2006, de los cuales alrededor de 160.000 millones se financiaron por la publicidad, lo que representa el 70%. El volumen de negocios mundial de los diarios y revistas se acercó en 2006 a 275.000 millones de dólares, de los cuales unos 175.000 millones corresponden a la publicidad, lo que representa un 65%, y subiendo, con un máximo del 88% en Estados Unidos. Si añadimos las emisoras de radio, tendremos unos 540.000 millones de dólares al año, o sea, casi el doble de los gastos anuales del estado francés.

Entertainment (entretenimiento) como herramienta y advertising (publicidad) como finalidad. El objetivo no es informar, sino llamar bastante a la atención para colar el verdadero producto: la publicidad. La “información” que va incluida no es más que un excipiente cuyo objetivo no es informar sino llamar a la atención y transportar mensajes publicitarios. La información se convierte en infotainement, una información de entretenimiento, lo que explica que en Francia las grandes emisiones políticas de las décadas anteriores, como la “Hora de la verdad” en France2, hecha por periodistas desde hacía tiempo, cedió el lugar a las emisiones de entretenimiento. Los políticos prefieren, y con mucho, pasar por los animadores Michel Drucker o Marc Olivier Fogiel para promover sus ideas

El “tiempo de cerebro humano disponible” (**) del lector o telespectador engulle cada año mensajes interesados por valor de 400.000 millones de dólares, ¿emitidos por quién? De los 360.000 millones que proporciona la publicidad a los antiguos medios de comunicación, según un documento del grupo Lagardère, 160.000 millones, lo que representa un 44%, “son asignados” por los siete primeros grupos de publicidad, que hacen un volumen de negocios directo de cerca de 50.000 millones.

La captación del imaginario y el condicionamiento psicológico de los consumidores se hace a una edad cada vez más precoz. Según un estudio de un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford (California), el 48% de los niños entre 3 y 5 años están condicionados por la publicidad en su gusto alimentario. El director del equipo, el Doctor Thomas Robinson, jefe del departamento de pediatría de la Facultad de medicina de Stanford, cuyas conclusiones se publicaron en agosto de 2007 en la revista The Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, recomienda “controlar e incluso rechazar la publicidad y la comercialización de productos altos en calorías y de escaso valor alimenticio o prohibir toda comercialización dirigida directamente a los niños”, ya que los investigadores consideran que esa publicidad es “esencialmente desleal” (inherently unfair), porque “los menores de 7 u 8 años son incapaces de comprender los objetivos persuasivos de la publicidad”.

Con el lanzamiento de la campaña presidencial francesa en 2007 los publicistas han afinado sus investigaciones y sus objetivos. Se han volcado en el neuromarketing, una técnica para determinar la combinación ideal de medios de comunicación que permita mejor la penetración del mensaje. En resumen: “qué medios de comunicación elegir para que mi publicidad penetre bien en la cabeza del consumidor”. En la jerga profesional, el estudio puede determinar el impacto de un anuncio en la “memoria explícita” (la memoria consciente) así como en la “memoria implícita”, lo que el cerebro registra a espaldas de la persona.

Ciertamente la multiplicación de las fuentes de información es la garantía de la democracia, ya que permite la formación de una opinión libre cotejando los conocimientos. Pero la profusión de los vectores hegemónicos en su enfoque globalizador (con el control del continente, el contenido, la producción y la distribución), lleva en sí misma el riesgo de una desviación de la democracia por las manipulaciones que los operadores del campo mediático pueden intentar para la satisfacción de objetivos personales que pueden revelarse, por repercusión, nefastos tanto para la libertad de pensamiento como para la democracia.

III. LA LENGUA COMO MARCADOR DE IDENTIDAD CULTURAL O LA GUERRA SEMÁNTICA

La lengua es un marcador de identidad cultural lo mismo que las huellas digitales, el código genético y las medidas antropométricas son marcadores biológicos y físicos. El acento, el uso de los términos y el tono revelan la identidad cultural de la persona.

Bajo una apariencia engañosa (términos generales, planos e impersonales) se codifica y apacigua la lengua. Se convierte entonces en un temible instrumento de selección y discriminación. Un “plan social” remite a una realidad inmaterial contraria al doloroso término de “despido masivo”.

Al igual que “externalización y subcontratación”, operadores que funcionan fuera de las normas de la legislación social, “deslocalización”, “optimizar el rendimiento” que es la explotación salvaje de la mano de obra barata de países pobres y a menudo dictatoriales, sin la menor protección social, o por fin “privatización”, operación que consiste muchas veces en transferir a los capitalistas empresas de servicios sociales a menudo reflotadas por los caudales públicos, es decir, los contribuyentes.

Incluso en el discurso político la lengua se esteriliza hasta el punto de que el antiguo Primer Ministro socialista Pierre Mauroy acusó al candidato socialista a las elecciones presidenciales de 2002, Lionel Jospin, de borrar de su discurso la palabra “trabajadores”. En la lengua convencional se prefiere el pudoroso término “gente de condición modesta” al expresivo “pobres” así como para el tándem “excluidos” y “explotados”. O también clases (que sugiere idea de lucha) y capas sociales. Capas, como capas de pintura.

El lenguaje es connotativo. El único lícito es el LQR Lingua Quintae Respublicae (3), en boga durante la V República Francesa, aprobado y sellado. Cualquiera que recurra a una lengua personalizada forjada en un vocabulario que le sea propio, se arriesga al ostracismo, a ser señalado con el dedo, a que lo ridiculicen y lo tachen de tarado irremediable: “obsoleto”, “indeseable”, etcétera.

El lenguaje sustituye las palabras de la emancipación y la subversión por las de la conformidad y la sumisión. Se habla de flexibilidad en vez de precariedad, en un país que instituyó la renta de situación como un privilegio vitalicio, especialmente en la alta función pública. Los altos funcionarios disfrutan de una renta de situación vitalicia pero a cualquiera que se atreva a señalar esta incongruencia se le acusa de hacerle la cama al “populismo”.

Lo mismo ocurre en el ámbito diplomático: “el problema” de Oriente Próximo o “la cuestión” del Este.

Para un problema la respuesta es única, el problema abre la vía a los expertos que deben aportar técnicamente la solución. Pero la cuestión del Este es más confusa. Una cuestión sugiere respuestas múltiples e implica la ausencia de solución inmediata. Según utilicen un término u otro se les calificará de “modernos y dinámicos” o de “obsoletos”.

Un ejemplo: Le Figaro del 28 de agosto de 2004 ponía en titulares “La confesión del presidente Bush” sin precisar en qué consistía esa confesión, con respecto a qué. Diez años antes, cualquier otro diario complaciente habría titulado: “El presidente Bush admite que sus previsiones en Iraq han fracasado”. Pero si, para su desgracia, un periodista audaz hubiera titulado la verdad estricta: “Bush, el gran perdedor de la guerra de Iraq”, se le habría acusado inmediatamente de “antiestadounidense primario”.

La neolengua resulta de la presencia cada vez mayor de economistas y publicitarios, como responsables en el circuito de la comunicación, que garantizan una instalación gradual del pensamiento neoliberal.

Guerra psicológica tanto como semántica, la guerra mediática tiene por objeto someter al receptor a la propia dialéctica del emisor, en este caso la potencia emisora, imponiéndole su propio vocabulario y, más allá, su propia concepción del mundo.

Si la difusión hertziana es el arma menos contaminante en cuanto a la ecología, en cambio es la más corrosiva en cuanto al espíritu. Su efecto es a largo plazo. Las interferencias operan un condicionamiento lento para terminar por subvertir y forjar el modo de vida y el imaginario creativo de la colectividad humana específica. No hay rastros de daños inmediatos o colaterales. No son necesarios ni una intervención quirúrgica ni un golpe en la frente. En la guerra de las ondas dominan lo imperceptible, la insidia, el engaño y lo subliminal. ¿Quién se acuerda de Tal Ar-Rabih (la colina de la primavera)? Casi un siglo de emisiones sucesivas y repetitivas disipó este nombre melodioso, sinónimo de suavidad de vivir, para sustituirlo en la memoria colectiva por una nueva realidad. Tal Ar-Rabih ya se conoce en todo el mundo, incluso por las nuevas generaciones árabes, por su nueva designación hebraica, Tel Aviv, la gran metrópoli israelí. El trabajo de zapa es permanente y el combate desigual.

Lo mismo ocurre con las expresiones connotativas: el exterminio de una población debido a sus orígenes se llama en francés genocidio (genocidio armenio en Turquía, genocidio de los tutsis en Ruanda). Elegir la expresión hebraica del término bíblico de Shoah (holocausto) señala la pertenencia al campo pro israelí.

Israel nunca ha reconocido el carácter genocida de las masacres de armenios en Turquía a principios del siglo XX, seguramente para señalar el carácter único de las persecuciones de las que fueron víctimas los judíos en Europa: primero los pogromos de finales del XIX en Rusia y luego en Alemania y Francia durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

Están también los términos antisemitismo y racismo. Árabes y judíos son semitas, pero el antisemitismo sólo se refiere a los judíos para distinguirse de los otros, mientras que el racismo engloba a árabes, negros, musulmanes, asiáticos, etcétera. El propio presidente Jacques Chirac al fustigar “el antisemitismo y el racismo” en su discurso de despedida el pasado 27 de marzo, consagró en el orden subconsciente un racismo institucional.

Hasta ahora los países occidentales en general, y Estados Unidos en particular, han ejercido el monopolio de la información, un monopolio considerablemente propicio a las manipulaciones del espíritu que no obstante se rompió en dos ocasiones con consecuencias perjudiciales para la política occidental: la primera vez en Irán en 1978-79, con la “Revolución de los casetes” en los que se registraron los sermones del ayatolá Jomeini en su exilio de Francia y se comercializaron desde Alemania para levantar a la población iraní contra el Sah de Irán; y la segunda vez con motivo del Irangate en 1986, el escándalo de las ventas de armas estadounidenses a Irán para financiar a la contra nicaragüense, que estalló públicamente como consecuencia de una filtración en el diario de Beirut As-Shirah, poniendo en un serio aprieto a la administración republicana del presidente Ronald Reagan.

Salvo estos dos casos, Estados Unidos ha buscado constantemente volver inaudibles a sus enemigos, si es preciso desacreditándolos con sus poderosos enlaces locales o internacionales, ampliando al mismo tiempo su ofensiva mediática, ahogando a la audiencia en una riada de información y practicando la desinformación a través de la pérdida de referencias debida a la superinformación con el fin de convertir a los oyentes y lectores en perfectos “analfabetos secundarios”, parafraseando al alemán Hans Magnus Einsensberger (4).

“No analfabetos o incultos, sino seres etimológicamente en proceso de desorientación, psicológicamente condicionados y reorientados en el sentido deseado. Puro producto de la industrialización, de la hegemonía cultural del norte sobre el sur, de la imposición cultural como un preludio de la invasión y el enriquecimiento de los mercados, el analfabeto secundario no es digno de lástima, la pérdida de memoria de la que adolece no le hace sufrir, su falta de perspectivas le hace las cosas fáciles”.

Se produce una inversión radical del esquema económico y la ley de la oferta y la demanda deriva hacia un método radicalmente diferente: ahora la fabricación del deseo de consumo determina la actividad de la empresa. Ya no es el consumidor quien marca el ritmo de la producción, sino el productor quien orquesta el deseo de consumo. El control del aparato de producción ya tiene menos importancia que el control de la demanda de consumo.

El ciudadano activo cede así el paso al consumidor pasivo, el aventurero de espíritu al devorador de televisión, el periodista al animador de entretenimiento, el dueño de prensa al capitalista, lo que implica el deslizamiento del periodismo hacia el reino del infotainement, neologismo procedente de la contracción de información y entertainment (entretenimiento en inglés). La globalización de los flujos de información permite así la infusión intravenosa continua de noticias de la prensa y, en consecuencia, la sedentarización profesional de la información, última etapa del analfabetismo secundario.

No obstante, la violación del mundo por la publicidad y la propaganda con su profusión de sonidos e imágenes en el paisaje urbano, en las pantallas, en la prensa y en los hogares, choca con resistencias dispersas pero firmes. Así como el monopolio del conocimiento por la tecnocracia se contradice en el ámbito internacional por contrapoderes, especialmente protagonistas paraestatales (Greenpeace, Médicos sin Fronteras, Confederación campesina), multiplicando las fuentes de información no controladas, también la informática ha desarrollado en la información una esfera de autonomía contestataria contra el orden mundial estadounidense.

Cada descubrimiento tecnológico se celebró con un redoble. Al casete del tiempo de la revolución jomeinista le sucedió el fax, luego los sitios de Internet, el blog y el periódico electrónico, cuyo desarrollo se aceleró desde la guerra de Iraq y la última campaña presidencial de George Bush jr. (2004); redobles que resuenan como señales de una venganza del espíritu contestatario y de la esfera de la libertad individual, en reacción al aporreamiento de la propaganda y la concentración capitalista de los medios de comunicación.

(1) Noam Chomsky y Edward Herman The manufacturing consent-La Fabrique de l’Opinion publique, la politique économique des médias americains, Ed. Le Serpent à plumes (2003).

(2) Serge Halimi Les Nouveaux Chiens de Garde, éditions Raisons d’agir, 2ª edición, 2005.

(3) LQR «Lingua Quintae Respublicae», por Eric Hazan, ed. Raisons d’agir, 2006.

(4) «Analfabetos secundarios», expresión del alemán Hans Magnus Enzensberger, autor de Médiocrité et folie Ed. Gallimard-1991, también en Aux ordres du Nord, l’ordre de l’information de Jacques Decornoy y en el bimestral del diario Le Monde «Manière de voir» N°74 «les 50 ans qui ont changé notre Monde».

Notas de la traductora:

(*) El neuromarketing es la ciencia que permite controlar las decisiones de consumo del cliente mediante técnicas que pueden considerarse agresivas para la intimidad de las personas. La neurología y la psicología se han aliado con la gran industria para llegar a las emociones personales y orientarlas hacia productos del mercado. Se trata de la última versión de la percepción subliminal, explica Le Monde, que señala el objetivo último de neuromarketing: impregnar el cerebro de publicidad sin que la persona pueda darse cuenta.

(**) “…ahora bien, para que un mensaje publicitario sea percibido es necesario que el cerebro del telespectador esté disponible. Nuestros programas tienen por vocación hacer que esté disponible: es decir, divertirlo, relajarlo para prepararlo entre dos mensajes [publicitarios]. Lo que vendemos a Coca-cola es el tiempo disponible del cerebro humano...” (Patrick Le Lay, gerente general de la cadena francesa de televisión TF1).

viernes 8 de febrero de 2008

Sociedad, información y conocimiento

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Comunicación, participación ciudadana y medios de comunicación

Guía de alfabetización digital para periodistas, versión en español del Centro Knigth para el Periodismo en las Américas, de la Universidad de Texas.

miércoles 6 de febrero de 2008

La violencia intrafamiliar y su enfoque desde los medios de comunicación escritos

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lunes 4 de febrero de 2008

Sobre los Medios salvadoreños...

Las campañas electorales o la política como mercado

El año 1998 constituye un año preelectoral. A medida que nos vayamos acercando a 1999, los distintos partidos políticos irán afinando los componentes de la estrategia que deberán seguir para hacerse de la presidencia y vice- presidencia de la República. Cada partido político diseñará la campaña propagandística que crea le va a redituar los mejores resultados. No cabe duda de que en el interior de las estrategias político-partidarias las campañas propagandísticas ocupan un lugar de primera importancia. Y es que los resultados electorales dependen, aunque no exclusivamente, del tipo de campaña diseñado; es decir, de la habilidad y sagacidad de los partidos para promoverse con un marketing que los haga atractivos para los electores.

Cualquiera diría que al comportarse de esa forma, los partidos políticos se comportan como vendedores y los votantes como compradores, y ciertamente ello es así, al menos en la concepción predominante de la política en nuestros días. En efecto, en la actualidad, distintos politólogos defienden la idea de que la política funciona según las reglas del mercado; esto es, que los partidos son instituciones que compiten entre sí por el voto de los electores, quienes "compran" con este voto el proyecto que les es ofrecido como mercancía durante cada período electoral. Los partidos hacen una oferta política y los votantes deciden si la compran o no; el partido que logra vender mejor su producto es el partido de mayor éxito, el partido que ve maximizados sus beneficios.

Por supuesto que para vender un producto hay que promocionarlo; y los partidos dedican buena parte de sus recursos para ello. Se trata de hacer que el proyecto político ofrecido (el producto) sea atractivo para los electores, para lo cual es importante la imagen del mismo. Una imagen que guste, que impacte los sentidos, que sea fácil de recordar e identificar por el segmento del mercado al que se quiere acceder. Pero también se trata de promocionar un producto apelando a su calidad, sobre todo en un mercado saturado de ofertantes. Y la calidad del producto ofrecido por los partidos (es decir, los proyectos políticos) se mide por el contenido de los mismos, la claridad para plantear los principales retos de la sociedad, la estrategia para enfrentarlos y los costos que ello va a suponer.
En otras palabras, la mercancía política para venderse requiere de una forma y un contenido. Dependiendo de cuán buenos sean ambos --de cuán superiores sean a los ofrecidos por los competidores-- así será su posibilidad de ser adquirida por los compradores de proyectos políticos. De aquí que sea una preocupación de primera importancia dedicar esfuerzos (invertir) en mejorar tanto la calidad del producto como su imagen.

En buena medida, todos los partidos tienden a aceptar esta lógica mercantil; y si no, allí están los reveses electorales que los hacen caer en la cuenta de esta realidad tan poco digna de esa actividad que se consideró, entre los griegos, como una de las más nobles. Quien en la política contemporánea no asume con un mínimo de consecuencia las reglas del mercado está condenado al fracaso; quien piensa que basta con un proyecto sustantivo de gobierno y que la forma en que el mismo se presenta no cuenta, pues sencillamente está compitiendo mal. Al igual que lo hace quien pretende vender puras imágenes, por atractivas que sean, y se olvida de presentar proyectos con algún tipo de viabilidad económica, política y social.
En El Salvador, los partidos políticos lentamente han comenzado a asumir --y no sin resistencias-- la competencia por el voto de los ciudadanos como una realidad de mercado. En la década de los setenta, la exclusión de competidores de izquierda y el fraude descarado impidieron que se pudiera desarrollar la lógica del mercado en la política. Durante los ochenta, pese a que esa lógica comenzó a ganar algún espacio, la guerra civil y la, en ese entonces vigente, exclusión de la izquierda no permitieron su avance más allá de lo que toleraban las exigencias de la guerra. Después de la firma de los acuerdos de paz, las cosas comenzaron a cambiar notablemente. Así, en 1994, hubo un ejercicio de competencia entre los principales proyectos ideológico-políticos (la izquierda, el centro y la derecha) y, de alguna manera, los competidores se asumieron como tales: como vendedores de proyectos político económicos.

Ciertamente, hubo partidos que no fueron totalmente coherentes con la opción mercado, aunque hubiesen accedido a jugar con ella. Y ello porque o manejaron una concepción reduccionista de lo que es pensar la política como mercado, o porque no contaban con la experiencia y habilidad para ello. El FMLN --y los demás partidos de izquierda que se vincularon a él en la coyuntura electoral de 1994-- compitió, pero no compitió; llevó ante los electores un proyecto poco claro, sin una agenda de problemas por enfrentar y, por ello, sin una propuesta de solución factible. Pero lo que es peor, lo que ofrecía el FMLN fue ofrecido mal, con poco atractivo, con una imagen pésimamente concebida.

ARENA, con más experiencia, con recursos casi ilimitados, asumió las elecciones, en 1994, como una competencia de mercado. Pero, en su perspectiva, de lo que se trataba era de promover única y exclusivamente la imagen del producto (su proyecto político económico), dejando totalmente de lado la promoción de su contenido y, en consecuencia, su calidad. De este modo, muchos de quienes compraron el producto ofrecido por ARENA lo hicieron motivados por el bonito envase de presentación del mismo, y no por lo que éste llevaba en su interior.

Del resto de partidos que participaron en las elecciones de 1994 --el MAC (ya desaparecido), el MSN, el Partido de Conciliación Nacional y el Partido Demócrata Cristiano-- cabe decir que no sólo fueron incapaces de hacerse de una imagen que fuese atractiva para un número suficiente de votantes, sino que además fueron incapaces de elaborar una propuesta que pudiera ser evaluada por éstos.

En la coyuntura electoral de 1997, el mercado político tuvo ofertas del FMLN, ARENA, PCN, PDC, MU, MSN, CD, el PD y el PRSC. Es decir, hubo productos de derecha, del centro y de izquierda; del centro derecha y centro izquierda. Cada uno quiso venderse mejor; esto es, cada uno pretendió ser comprado por un mayor número de votantes. Y, por supuesto, para alcanzar ese objetivo hicieron esfuerzos denodados por promoverse publicitariamente. En los resultados de ese evento electoral fue importante la imagen que cada uno logró forjarse, la cual ciertamente dejó a ARENA y al FMLN como los mejores oferentes políticos.

La "envoltura", como lo demostró ARENA en 1994, es clave para atraer compradores; incluso puede ser tan decisiva que haga obviar el contenido del "frasco". Pero también es un dato inobjetable que los "clientes" en la política (al igual que en otros ámbitos del mercado) se preocupan también por la calidad, y que ésta puede ser decisiva para que un producto pueda ser nuevamente adquirido o rechazado en una nueva oportunidad de compra. Eso también lo demostró, por la vía negativa, ARENA en 1997, pues su fiasco electoral puso de manifiesto que la calidad del ejercicio político está en la mira de los electores. Estos pueden ser "manipulados" infinidad de veces por la imagen (la forma), pero ello no será siempre así. También es importante la calidad (el contenido) de lo que se propone o hace. Cabría esperar que ambas cosas --imagen y calidad-- fuesen componentes esenciales en las estrategias de los partidos políticos en la campaña electoral de 1998-1999.

Por lo demás, los procesos electorales --con todo lo que tienen de publicidad y promoción de imágenes-- son parte esencial de la instauración de un ordenamiento democrático. Pero esa afirmación, dicha así sin más, puede dar lugar a graves equívocos porque puede entenderse que basta con que hayan eventos electorales relativamente transparentes y periódicos para tener garantizado el avance en la institucionalización democrática. Sin embargo, la periodicidad de las elecciones y su transparencia --suponiendo que ambas cosas están garantizadas-- poco o nada dicen sobre la seriedad con que los contendientes políticos asumen su papel como representantes de los intereses ciudadanos, o sobre lo sustantivo de sus proyectos y propuestas electorales. Una visión meramente mercantil de la democracia respondería a esta objeción diciendo que si las debilidades apuntadas son importantes para los electores como compradores de proyectos políticos, el mercado se encargaría de orientar sus preferencias hacia ofertas más acordes con las mismas, haciendo que en la competencia política prevalezcan los partidos que sí satisfacen las expectativas ciudadanas.

En política, pues, el mercado --al igual que en la esfera económica-- haría posible que la mejor oferta se impusiera en el gusto de los consumidores. Según los propugnadores de la extensión de la lógica del mercado a la política, esto sería lo más justo y equitativo, pues no respondería a más interés que al de los consumidores, a quienes no se puede privar del derecho a decir la última palabra en cuanto a sus preferencias.

A estas alturas de las discusiones en ciencias sociales, no puede negarse que en muchos aspectos la política --los partidos, los candidatos, la propaganda-- se rige siguiendo una lógica de mercado; es decir, por muchos motivos, la política no es ajena a las leyes de la oferta y la demanda. Pero, al igual que en la economía, esas leyes no operan en estado puro, sino que son interferidas por una sinnúmero de factores que distorsionan la "asignación óptima de recursos" y que conllevan a que no siempre el consumidor se quede con --o adquiera-- el mejor producto. Y ello no como un caso aislado, lo cual en definitiva sería eliminado por la contundencia del mercado, sino como hecho generalizado en las relaciones entre compradores y vendedores. Porque, curiosamente, en las economías de mercado realmente existentes lo que predomina es la interferencia --estatal o privada-- en la lógica del mercado, sea a nivel nacional o a escala internacional. Por consiguiente, no se puede apelar a ésta para legitimar la existencia de determinadas mercancías o esperar a que, por un automatismo del mercado, las mismas, si son deficientes o de baja calidad, van a desaparecer y ser reemplazadas por otras de mejor calidad. En muchas ocasiones, los consumidores adquieren determinados productos haciendo resistencia a interferencias estatales o privadas que acompañan permanentemente el quehacer económico.

Pues bien, si en un terreno como el económico el mercado no tiene un dominio absoluto, mucho menos lo tiene en el ámbito político. Más aún, mucho menos lo puede tener en un país como el nuestro donde las manipulaciones más burdas son algo cotidiano. Confiar en que la lógica del mercado pondrá a los empresarios más aventajados e innovadores a la cabeza del quehacer económico es ignorar las redes de poder y el proteccionismo existente entre los grupos económicos y la élite que gestiona el aparato estatal. Confiar en que el mercado va a dejar fuera de la competencia y sin posibilidad de gobernar a aquellos partidos políticos que no ofrezcan nada sustantivo es ignorar que las preferencias de los ciudadanos no sólo no apuntan a la mejor calidad de los productos políticos, sino que están mediatizadas por toda suerte de elementos, entre los cuales las falsas promesas, la frustración y la manipulación distorsionan la asignación óptima de recursos en política.

En nuestro país, en su gran mayoría, los partidos políticos existen y seguirán subsistiendo no porque impere una lógica de mercado en la política, sino por las limitaciones que la misma encuentra para imponerse. De los defensores a ultranza del mercado --muchos de ellos dirigentes políticos de alto rango-- habría que esperar mayor coherencia con lo que profesan, pues de lo contrario se exponen a ser devorados por el Dios al que rinden culto sin cumplir con los sacrificios que impone.

Luis Armando González




¿Hacia dónde va la prensa escrita nacional?

En el transcurso de la semana recién pasada se hizo público que cuatro ejecutivos de redacción del matutino La Prensa Gráfica renunciaron a sus cargos. Según la información divulgada en las páginas del rotativo sobre el hecho, los ejecutivos inconformes habían pedido dos cosas a la junta directiva del periódico: reestablecer la independencia editorial y dotar al medio de prensa de un efectivo liderazgo. Al parecer, la primera petición fue aceptada; no así la segunda, lo que llevó a Flavio Villacorta (Jefe de Redacción), Ricardo Chacón (Jefe de Información), Luis López Portillo y Ernesto Vázquez (sub jefes de información) a presentar su renuncia irrevocable.

Más allá de estas parcas noticias, es bien poco lo que se sabe sobre la situación interna de La Prensa Gráfica. Antes de esta crisis ya se habían filtrado rumores acerca de supuestas diferencias en el seno de la familia Dutriz sobre la orientación del periódico en la posguerra. Incluso no faltó quien viera en los espacios concedidos a figuras como Salvador Samayoa una muestra del cambio del rotativo hacia la moderación y la tolerancia. Al fin, decían los más optimistas, una de las empresas periodísticas más poderosas se mostraba dispuesta a contribuir en serio al proceso de democratización del país; y lo hacía desde lo profundo: abriendo sus páginas a las contribuciones de opinión de las personalidades que antaño sólo sabían del exterminio recíproco.
Esta era la imagen que La Prensa Gráfica se estaba labrando. Pero, obviamente, tenía mucho —demasiado quizás— de imagen. Y es que en las coyunturas difíciles por las que ha pasado El Salvador desde 1992 —especialmente cuando los desmovilizados se lanzaron a las calles o los trabajadores del MOP se tomaron la Catedral de San Salvador— el periódico no dudó en asumir la perspectiva del gobierno, pese a los indudables sesgos antidemocráticos de la misma. De aquí la ambigüedad del periódico; de aquí su incapacidad para posicionarse con claridad ante los problemas nacionales.

Los ejecutivos que ahora renuncian manifiestan su malestar ante el "mercantilismo" en el que ha desembocado el matutino. No puede pasar desapercibido que es esa la misma crítica que hacen Alfredo Mena Lagos y Orlando de Sola al grupo Cristiani. ¿Será que los intereses del sector financiero están influyendo en la marcha de La Prensa Gráfica? ¿O se trata de un malestar ante la sumisión casi absoluta del periódico a los anunciantes y a las agencias de publicidad? No son evidentes las respuestas a esas interrogantes; tampoco se trata de preguntas con respuestas excluyentes. Por el momento, sólo los involucrados en el conflicto saben qué es lo que está en juego en la renuncia del jefe de redacción y del jefe y sub jefes de información.

Una cosa es indiscutible: la imagen de La Prensa Gráfica como un medio de comunicación comprometido con un proyecto democratizador se comenzó a desdibujar desde mucho antes de esta última crisis. También desde mucho antes eran palpables no sólo la inexistencia de un proyecto periodístico claro, los compromisos editoriales con el gobierno de ARENA y la falta de liderazgo, sino también la sujeción del periódico a la publicidad. Lo raro es que sea hasta este momento que quienes fueron parte sustantiva de esos males (no se sabe si con anuencia o con reservas) lo lamenten y hagan de ello motivo suficiente para abandonar una empresa que no pudo llegar a ser lo que es sin su aporte, por ínfimo que éste fuera.

Ciertamente, cualquier empresa periodística cuyo eje central fuera el trabajo informativo se hubiese ido a pique ante la salida en bloque de sus mandos medios de redacción e información. Pero ese no es el caso de La Prensa Gráfica, cuya mayor parte de páginas está plagada de anuncios y propaganda. Inserto en esta dinámica, el periódico sobrevivirá con o sin un equipo de redacción e información formalmente establecido.

Entre tanto, El Diario de Hoy parece estar inmerso en una transición difícil, pero de mayor alcance que la pretendida en algún momento por La Prensa Gráfica. Sin dejar de ser un periódico con una identidad conservadora —decir identidad de derecha es cada vez más problemático—, está asumiendo en serio el reto de hacer del trabajo periodístico riguroso el eje de su quehacer cotidiano. El sesgo ideológico es inevitable, pero legítimo, siempre y cuando se asuma consecuentemente y sin ambigüedades. Más aún, es legítimo e incluso merecedor de respeto cuando reconoce a los demás el derecho a defender sus propios sesgos ideológicos. El problema, pues, no es defender valores de derecha (o conservadores), sino absolutizar esos valores y abanderar, en nombre de ellos, el exterminio de quienes proclaman valores distintos.

Hubo un tiempo en el que El Diario de Hoy estuvo dominado totalmente por esa lógica perversa. Desde hace un tiempo para acá, el periódico ha dado señales de estar en camino de romper con ella, aunque sin ser totalmente consecuente con ese propósito, como lo muestra el reportaje dedicado a los sucesos del 19 de abril en la Villa de Ataco, en los que pobladores del lugar, acompañados del diputado del FMLN, Humberto Centeno, se manifestaron en contra de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA). Estos son los titulares que dominan en la edición del día 20 de abril: "Instigan a la violencia contra ANDA" e "Instigan masas contra la ANDA en villa Ataco". Y al pie de este titular se dice lo siguiente: "como en los peores años de la subversión, varios militantes de izquierda instigaron ayer al pueblo en contra de las instituciones..."

Se trata de una nota informativa; sin embargo, está dominada, más que por el afán de cubrir ampliamente los hechos, por la intención expresa de desprestigiar al FMLN, induciendo a los lectores a leer las acciones del partido de izquierda como "subversivas" (a la vieja usanza) y como manipuladoras de las "masas". Por supuesto que quienes trabajan en El Diario de Hoy pueden estar en contra del FMLN, pero para eso es que el periódico tiene un espacio editorial, en el cual caben las valoraciones y las tomas de partido ideológicas. ¿Están dispuestos los propietarios del matutino a llevar a sus últimas consecuencias la separación entre un trabajo periodístico profesional y su línea editorial o continuarán oscureciendo los frutos de la primera con la parcialidad propia de la segunda?

En el difícil reto de reconvertir a la prensa escrita para su sintonía con el orden democrático en construcción, las juntas directivas de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica han enfrentado y enfrentan problemas no sólo en lo que se refiere a la concreción de un trabajo periodístico profesional, sino en lo que se refiere a las relaciones de ese trabajo con los compromisos ideológicos de los propietarios. ¿Cómo se resolverán esos problemas? No se sabe a ciencia cierta. Lo que es indudable es que de su solución depende el que la prensa escrita siga siendo la misma de siempre o que se transforme al ritmo de los cambios del país.

Una identidad ideológica definida y una trabajo periodístico riguroso y objetivo independiente de aquélla: estos son los dos ejes en torno a los cuales debe girar la prensa salvadoreña si quiere estar en sintonía con el proceso de democratización del país. Ambas cosas deben ser asumidas con seriedad y responsabilidad, pues sólo por ellas la prensa escrita puede llegar a merecer el respeto de los actores de la sociedad salvadoreña. No basta con que tal o cual periódico se proclame adalid de la democracia; no basta con reclutar para la planta de redactores a personas vinculadas en el pasado a grupos políticos con los que no se simpatiza. Se trata que el compromiso con la democracia se exprese en un trabajo periodístico de altura, no atado a los compromisos políticos e ideológicos de los propietarios del medio o dependiente de las presiones de los empresarios que pagan la publicidad. Se trata de que los que presuntamente han ganado un espacio para la expresión de ideas y planteamientos distintos a los oficiales en verdad lo hagan y no sólo se dediquen a congraciarse acríticamente con el gobierno y la empresa privada, pues con ello lo único que hacen es crear una ficción de pluralismo y tolerancia.

Mal que bien, desde la firma de los Acuerdos de Paz las principales instancias de poder en El Salvador han sido puestas en la mira de la crítica pública. Con los medios de comunicación —especialmente con la prensa escrita— todavía no ha sucedido tal cosa. Quizás ha llegado la hora de que los periódicos nacionales comiencen un proceso de discusión interna acerca de su pasado, su presente y su futuro. La situación de La Prensa Gráfica —aun con lo poco que se sabe al respecto— obliga hacerse cargo del problema de los medios en una sociedad en proceso de democratizarse.
Delincuencia y medios

Hace dos semanas se publicó en Proceso (Nº 851) una nota bajo el título "¿Enfermedades sociales o patologías individuales?". El planteamiento allí expuesto pretendía llamar la atención sobre la fuerte tendencia de la opinión pública y de ciertas instituciones del Estado a asumir los hechos violentos como casos aislados, contribuyendo así a soslayar que la violencia en El Salvador responde a un problema estructural más que remitirse sólo a casos particulares. Interesaba en el texto aquel resaltar otras "violencias", distintas de la violencia delincuencial. Pero ello no significaba que el análisis no pudiera contemplar a esta última. Muestra de ello es la presente coyuntura, marcada por la atención que el país entero ha volcado sobre el delincuente juvenil conocido como "El Directo".

También los hechos delincuenciales padecen de la simplificación que la marcada tendencia a particularizarlos conlleva. Ciertamente, y contrario a lo que sucede con otras manifestaciones de violencia, la delincuencia es por todos reconocida como un problema social; pero sólo en cuanto afecta a la mayor parte de la población y no en tanto es la estructura social misma la que facilita el surgimiento de personas que delinquen. Es decir, en el discurso oficial, la delincuencia ha alcanzado el status de "problema social" porque es predominantemente considerada desde el punto de vista de las víctimas y no del de los victimarios. Para los medios de comunicación y para los entes encargados de impartir justicia no suele existir más que un sujeto —el delincuente— que asesina o viola y que, por ende —y ay de quienes se atrevan a cuestionar esa obviedad—, merece ser castigado con las más duras penas.

Ese es justamente el caso de Gustavo Adolfo Parada Morales, alias "El Directo". Con él ha quedado demostrado, una vez más y de manera contundente, el poder que tienen los medios para manipular la opinión de toda una nación. Nadie podría negar que el hecho de que un delincuente juvenil de alta peligrosidad se fugue de su centro de rehabilitación es grave y amerita cobertura periodística. Lo que si puede ponerse en duda es que la manera en la que el caso ha sido tratado haya sido la más adecuada. Desde el inicio, la polémica empezó a girar alrededor del aspecto legal. La mayor parte de los comentaristas y redactores están de acuerdo en que la Ley del Menor Infractor es demasiado blanda y, por consiguiente, está poco ajustada a la realidad de una sociedad en donde los menores infringen continuamente la ley.

Amparados en lo inadecuado que, según su criterio, resulta dicho precepto, prensa, radio y televisión se dieron a la tarea de publicar la mayor cantidad posible de fotos del imputado y de crear un aspaviento pocas veces visto antes. Ahora la controversia se centra en el interés de las jueces que atienden el caso en demandar a los medios, pues éstos, al hacer público el rostro de "El Directo", habrían violado la normativa. Ante tal posibilidad, los medios han puesto el grito en el cielo argumentando que, ante los peligros que corre la ciudadanía con jóvenes asesinos como este, pretender que la Ley garantice la "intimidad personal" del menor es un sin sentido.

Una primera pregunta salta a la vista: ¿interesa realmente a los medios "el bienestar de la ciudadanía"? Difícilmente se podría dar un "sí" a esta pregunta. En primer lugar, ¿en dónde estaba ese interés por la ciudadanía cuando, durante los crudos años de la década pasada, asesinos y torturadores hacían de las suyas a lo largo y ancho del territorio salvadoreño sin que ninguno de los medios de comunicación se pronunciara al respecto? Eran otros tiempos, dirán muchos para contrarrestar este cuestionamiento. Tiempos que, según parece, justificaban el hecho de que los mismos directores de cadenas de radio, prensa y televisión que ahora claman a los cuatro vientos el derecho de la ciudadanía a estar informada, se callaran deliberadamente los nombres de los responsables de horrendas masacres, el paradero de los niños desaparecidos y todo tipo de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

En segundo lugar, no se ve nada claro que a los mass media les importe proteger a la ciudadanía cuando, sin ningún escrúpulo, publican a diario imágenes de niños maltratados completamente desnudos o preguntan a una mujer que acaba de ser víctima de una violación cosas tan absurdas como "¿cómo se siente?". De la misma manera, la preocupación de los medios por el bien común resulta dudosa cuando a crímenes tan condenables como los que se le atribuyen a "El Directo" no se le dan la misma cobertura, debido a que personalidades influyentes se hallan involucradas en ellos. Si los rotativos y demás medios de difusión están tan interesados en defender los derechos de la población ¿no deberían dar igual cobertura a todos los hechos delictivos? ¿Por qué unos parecen tener para ellos más relevancia que otros?

La respuesta a esta última interrogante es sencilla: sensacionalismo. Antes que la bienintencionada preocupación por la ciudadanía está el interés impostergable de ensanchar las arcas. En el caso concreto en cuestión, que la población debía identificar el rostro del joven delincuente para tomar precauciones y contribuir a su captura es un argumento válido y sostenible, pero para ello hubiera bastado una foto de tamaño regular o una exposición de algunos segundos en televisión. No era necesario llenar las primeras páginas de los diarios con fotografías del acusado desde todos los ángulos posibles durante tres días. Por otra parte, que la fuga de "El Directo" y los crímenes que se le atribuyen causen aspaviento es lógico; no puede ser menos que alarmante que una persona tan joven haya cometido diecisiete asesinatos y que, además, la probabilidad de que sus delitos queden impunes sea tan grande.

Pero ¿no sería más propio de alguien que dice estar interesado por el bienestar de los salvadoreños indagar sobre las motivaciones de los delincuentes juveniles o realizar investigaciones que permitan ir vislumbrando modos de prevenir y enfrentar este tipo de casos, más que dedicarse a explotar el morbo de la audiencia con el único fin de no quedarse atrás en la competencia en la que los medios se hayan insertos?

No es satanizando a cada delincuente como los medios de comunicación van a contribuir a mejorar la crítica situación de la seguridad pública en El Salvador. No es explotando la tendencia general de la gente a quedarse en el lado superficial y llamativo de las cosas como esas entidades encargadas de informar van a cumplir la función pedagógica que les es inherente y que debería ser anterior a sus intereses económicos. No es tratando los hechos como casos aislados como los periodistas van a encarnar el rol crítico y comprometido que su oficio les demanda.

Mientras los mass media continúen cayendo en la superficialidad y el sensacionalismo que cada vez les es más característico difícilmente podrán aportar algo a la democratización del país y al bien común. No se trata aquí de justificar a quienes delinquen apelando a la cuota de responsabilidad que todos tenemos en la situación del país. Quien comete un crimen tiene que sufrir las consecuencias de haberlo hecho. Pero la realidad nunca es tan sencilla. Vivimos en una sociedad cuya configuración produce diariamente decenas de "directos". Sacudirnos de la pasividad y el individualismo que nos impide comprometernos más a fondo con los problemas del país es una tarea en la que los medios podrían jugar un papel decisivo, si los colones importaran menos que el bienestar de la mayoría.


Publicidad que cosifica

Hace ya varios años que la publicidad dejó de ser un simple instrumento complementario en los medios de comunicación. Actualmente, tiene vida propia y cuenta con cualidades específicas. Su función en la sociedad va más allá de persuadir para la compra de productos o servicios, aun cuando es este su propósito primordial. La publicidad se ha convertido en objeto de reconocimiento, al grado de que aquellos productos publicitarios considerados como "los mejores" son premiados por las academias y los críticos. En otras palabras, la publicidad, sea cual sea su índole, ha creado su propio mundo.

A ésta se le otorgan otras cualidades, a parte de la meramente utilitaria: es capaz de entretener, crear y reforzar estereotipos, prejuicios, formas determinadas de comportamiento, y, sobre todo, da la pauta al individuo de la "idea que debe tener de sí mismo". Esto se debe a que la publicidad es, sin duda, un "aparato ideológico", cuya situación global le permite mover las piezas de la sociedad a su antojo y a su conveniencia. "La publicidad tiene el imperativo de la gestación permanente y masiva de consumidores: es preciso maniobrar para fabricar consumidores, estilos de vida para masas de consumidores y, en última instancia, una cultura centrada en el consumo".

Lo que la publicidad genera es, pues, toda una manipulación socio-cultural que, lejos de ser inocente, tiene una serie de estrategias deliberadamente diseñadas para cumplir con sus objetivos. El propósito constante de crear consumidores desprende a su vez las demás características ideológicas de la publicidad. Esto se traduce en un atentado latente a la salud y el respeto de los seres humanos, en especial contra el género femenino. La publicidad se convierte en peligrosa en la medida en que juega con los humanos y sus roles sociales para cumplir con sus propósitos. Una muestra palmaria de ello son los anuncios de carácter sexista.

Aunque algunas empresas han optado por otro tipo de mensajes y otras los han modificado en forma y fondo, la utilización de la publicidad sexista alrededor del mundo se da en grandes proporciones y El Salvador no es la excepción. La mujer es el punto central del sexismo publicitario. De una forma sutil, subliminal y hasta agradable en algunas ocasiones, la mujer es inducida a desempeñar un determinado rol social y familiar, a adoptar una imagen específica y a relacionarse de una manera precisa con las personas a su alrededor. Esto acompañado, por supuesto, de la compra de un producto o servicio, vinculado, de una forma u otra, a esa adscripción social que la mujer "debe" cumplir.

Este tipo de publicidad es más compleja de lo que aparenta ser. En primer lugar, el sexismo puede estar oculto o descubierto en el lenguaje, en las imágenes, en el uso del texto, etc.. En segundo lugar, ha sido diseñada de tal forma que se reparta tanto a hombres como a mujeres de todas las edades, pero que cada uno lo interprete de una manera especial. Es decir, la publicidad sexista, cuando se dirige a los hombres, presenta a las mujeres, básicamente, como un objeto de conquista o como una pertenencia masculina. Se utiliza la imagen de la mujer, de formas incluso degradantes, para promover productos que poco tienen que ver con las dimensiones más propiamente humanas de ella.

Por otro lado, cuando la publicidad sexista se dirige a las mujeres, lo hace con base a una clasificación. Así, puede distinguirse publicidad para mujeres amas de casa; para la mujer obesa o que pretende "mantener su figura"; para la mujer profesional; para la esposa, la madre de familia y para las adolescentes. Pero todos los anuncios, sin excepción, tanto los que se emiten para los hombres como los destinados a las mujeres, refuerzan o aluden a un rol y a un estereotipo de género. La publicidad le otorga un determinado "valor" a la mujer que corresponde al cumplimiento de cánones impuestos: de belleza, de juventud, de maternidad, de amor, de esposa, de dedicación familiar. Al hombre le impone modelos de admirado, responsable económico del hogar, intelectual, aventurero, fuerte y seguro de sí.

Esto significa que lo que se está vendiendo es más que un producto: se promueven valores. Al comprar un artículo se compra un concepto, elaborado por la publicidad, del cual mujeres y hombres "deben ser parte". Se podría pensar que el riesgo de la publicidad sexista radica en que se presenta al sexo femenino como un objeto, pero la realidad es, evidentemente, mucho más compleja. Y es que los productos presentados apelan a diferentes instintos humanos, por lo que la respuesta de los consumidores es, prácticamente, predecible. En este sentido es que se da la manipulación socio-cultural que antes se mencionaba. La publicidad atrae al espectador apelando a sentimientos, valores, creencias, cánones y criterios que, aparentemente, son adoptados o cumplidos cuando se paga por determinadas mercancías.

Por ejemplo, en los últimos años, la publicidad sexista ha incluido dentro de algunos mensajes un criterio de "liberación femenina", que las consumidoras obtendrían por medio de ciertas compras. Prometen a las mujeres otorgarles independencia y emancipación al obtener productos como electrodomésticos, cosméticos, utensilios de cocina, máquinas para ejercitarse, etc. Sin embargo, de trasfondo, esta publicidad continúa acentuando los roles tradicionales femeninos para así asegurar la permanente existencia de la comunidad compradora.

Por estas y otras razones, el sexismo publicitario es considerado en muchos países, incluyendo El Salvador, como un grave problema de género en el que las mujeres son el blanco principal. No obstante, el cuerpo masculino, aunque en menor medida que el femenino, es utilizado para erotizar cierto tipo de artículos comerciales. El hombre también es objeto de la manipulación publicitaria y empieza a verse estereotipado y clasificado. El sexo masculino, pues, también es víctima de esta "cosificación" publicitaria. "Cosificar" es lo que la publicidad consigue hacer con las personas. Expande en la sociedad una conciencia de los humanos como cosas.

Internacionalmente la publicidad sexista es vista como un irrespeto y una violación a los derechos y la dignidad humana, aunque no está tipificada en las leyes como un delito. Hay que recordar que la publicidad está avalada por el derecho a la libertad de expresión. En países como España existen programas específicos para denunciar este tipo de publicidad. El mecanismo es que cualquier persona puede apelar por la censura o modificación de anuncios considerados sexistas. Esto se hace de una forma anónima y, generalmente, las empresas tienen que cambiar o retirar la publicidad denunciada, por considerar que implica una violación contra los derechos humanos.

En el Salvador, este problema ya ha sido detectado. El documento Política Nacional de la Mujer, emitido en 1997 por la administración del ex presidente Calderón Sol, establece que una de las plataformas de acción está encaminada a formular un cambio en la imagen que los medios de comunicación reproducen de la mujer. Ya que la publicidad es parte fundamental de los medios de comunicación, es necesario que este apartado del documento gubernamental sea retomado y puesto en práctica para, al menos, mitigar la continua explotación de los inequívocos patrones culturales sobre la mujer, emitidos a nivel publicitario.


Las campañas electorales

Este año es un año prelectoral. A medida que nos vayamos acercando a 1997, los distintos partidos políticos irán afinando los componentes de la estrategia a seguir para hacerse de una cuota de poder aceptable a los intereses partidarios o para hacerse del espacio necesario para poder negociar con otras fuerzas políticas. No cabe duda de que al interior de las estrategias político-partidarias las campañas propagandísticas ocupan un lugar de primera importancia. Y es que los resultados electorales dependen, aunque no exclusivamente, del tipo de campaña diseñado; es decir, de la habilidad y sagacidad de los partidos para promoverse con un marketing que los haga atractivos para los electores.

Cualquiera diría que al comportarse de esa forma los partidos políticos se comportan como vendedores y los votantes como compradores, y ciertamente ello es así, al menos en la concepción predominante de la política en nuestros días. En efecto, en la actualidad, distintos politólogos defienden la idea de que la política funciona según las reglas del mercado; esto es, que los partidos son instituciones que compiten entre sí por el voto de los electores, quienes " compran " con este voto el proyecto que les es ofrecido como mercancía durante cada periodo electoral. Los partidos hacen una oferta política y los votantes deciden si la compran o no; el partido que logra vender mejor su producto es el partido de mayor éxito, el partido que ve maximizados sus beneficios.

Por supuesto que para vender un producto hay que promocionarlo; y los partidos dedican buena parte de sus recursos para ello. Se trata de hacer que el proyecto político ofrecido (el producto) sea atractivo para los electores, para lo cual es importante la imagen del mismo. Una imagen que guste, que impacte los sentidos, que sea fácil de recordar e identificar por el segmento del mercado al que se quiere acceder.

Pero también se trata de promocionar un producto apelando a su calidad, sobre todo en un mercado saturado de ofertantes. Y la calidad del producto ofrecido por los partidos (es decir, los proyectos políticos) se mide por el contenido de los mismos, por la claridad para plantear los principales retos de la sociedad, la estrategia para enfrentarlos y los costos que ello va a suponer.

En otras palabras, la mercancía política para venderse requiere de una forma y un contenido. Dependiendo de cuán buenos sean ambos -de cuán superiores sean a los ofrecidos por los competidores- así será su posibilidad de ser adquirida por los compradores de proyectos políticos. De aquí que sea una preocupación de primera importancia dedicar esfuerzos (invertir) en mejorar la calidad del producto, así como en mejorar su imagen.

En buena medida, todos los partidos tienden a aceptar esta lógica mercantil; y si no, allí están los reveses electorales que les hacen caer en la cuenta de esta realidad tan poco digna de esa actividad que se consideró, entre los griegos, como una de las más nobles. Quien en la política contemporánea no asume con un mínimo de consecuencia las reglas del mercado está condenado al fracaso; quien piensa que basta con un proyecto sustantivo de gobierno y que la forma en que el mismo es presentado no cuenta, pues sencillamente está compitiendo mal. Al igual que lo hace quien pretende vender puras imágenes, por atractivas que sean, y se olvida de presentar proyectos con algún tipo de viabilidad económica, política y social.

En El Salvador, los partidos políticos lentamente han comenzado a asumir -y no sin resistencias- la competencia por el voto de los ciudadanos como una realidad de mercado. En la década de los 70, la exclusión de competidores de izquierda y el fraude descarado impidieron que se pudiera desarrollar la lógica del mercado en la política.

Durante los 80, pese a que esa lógica comenzó a ganar algún espacio, la guerra civil y la aún vigente exclusión de la izquierda no permitieron su avance más allá de lo que toleraban las exigencias de la guerra. Después de la firma de los Acuerdos de Paz, las cosas comenzaron a cambiar notablemente. Así, en 1994, hubo un ejercicio de competencia entre los principales proyectos ideológico-políticos (la izquierda, el centro y la derecha) y, de alguna manera, los competidores se asumieron como tales: como vendedores de proyectos de político-económicos.

Ciertamente, los partidos no fueron totalmente coherentes con la opción mercado, aunque hubiesen accedido a jugar con ella. Y ello porque o manejaron una concepción reduccionista de lo que es pensar la política como mercado o porque no contaban con la experiencia y habilidad para ello. El FMLN -y los demás partidos de izquierda que se vincularon a él en la coyuntura electoral del 94- compitió, pero no compitió; llevó ante los electores un proyecto poco claro, sin una agenda de problemas a enfrentar y, por ello, sin una propuesta de solución factible. Pero lo que es peor, lo que ofrecía el FMLN fue ofrecido mal, con poco atractivo, con una imagen pésimamente concebida.

ARENA, con más experiencia, con recursos casi ilimitados, asumió las elecciones como una competencia de mercado. Pero, en su perspectiva, de lo que se trataba era de promover única y exclusivamente la imagen del producto (su proyecto político-económico), dejando totalmente de lado la promoción de su contenido y, en consecuencia, su calidad. De este modo, muchos de quienes compraron el producto ofrecido por ARENA lo hicieron motivados por el bonito envase de presentación del mismo, y no por lo que éste llevaba en su interior. Este contenido se reservó para después, y es el que está rigiendo, para bien o para mal, la vida de los salvadoreños en la actualidad.

Del resto de partidos que participaron en las elecciones de 1994 -el MAC (ya desaparecido), el MSN, el PCN y el PDC-, cabe decir que no sólo fueron incapaces de hacerse de una imagen que fuese atractiva para un número suficiente de votantes, sino que además fueron incapaces de elaborar una propuesta que pudiera ser evaluada por éstos. Si el talón de Aquiles del FMLN y la coalición estuvo en una "campaña que tuvo problemas de fondo [y en] la falta de un mensaje común coherente e integrador " (ECA, 545-546, marzo-abril de 1994, p. 221), la astucia de ARENA consistió en que diseñó una campaña publicitaria (forma) sumamente elaborada que, a la vez que hizo atractivo su proyecto (contenido) para un número significativo de electores (651, 632 en la primera ronda y 818, 264, en la segunda ronda de votación para elegir presidente y vicepresidente), lo mantuvo " oculto " .
Para la coyuntura electoral de 1997, nuestro mercado político tendrá ofertas de los principales partidos que participaron en el 94 (FMLN, ARENA, PCN, PDC, MU, MSN, CD). Pero también habrán nuevas ofertas: el PD y el PRSC. Es decir, habrá productos de derecha, de centro y de izquierda; de centro derecha y de centro izquierda. Cada uno de ellos querrá venderse mejor; esto es, cada uno ellos querrá ser comprado por un mayor número de votantes.
Y, por supuesto, para alcanzar ese objetivo tendrán que promoverse publicitariamente. Aquí será crucial la imagen que cada uno de ellos logre forjarse, la cual ciertamente tiene que ser atractiva para los electores.

La " envoltura " , como lo demostró ARENA en el 94, es clave para atraer compradores; incluso puede ser tan decisiva que haga obviar el contenido del " frasco " .
Pero también es un dato inobjetable que los "clientes " en la política (al igual que en otros ámbitos del mercado) se preocupan también por la calidad, y que ésta puede ser decisiva para que un producto pueda ser nuevamente adquirido o sea rechazado en una nueva oportunidad de compra. Los electores pueden ser "manipulados " por la imagen, pero ello no será siempre así. También es importante su calidad.

Cabría esperar que ambas cosas -imagen y calidad- fuesen componentes esenciales en las estrategias de los partidos políticos en la campaña electoral de 1997 y en las campañas electorales siguientes.



viernes 1 de febrero de 2008

Sociología de la Comunicación de Masas...


Blanca Muñoz
Universidad Carlos III, Madrid

Dentro del conjunto de las actuales Ciencias Sociales, nos encontramos con el problema de situar el status teórico y práctico de los análisis llevados a cabo sobre Comunicación de Masas. Existe en este sentido una sensación de crisis profunda, como la refiere Franco Rositi en su libro Teoría y crítica de la Comunicación de Masas. Se percibe una cierta desestructuración teó rica motivada por la aparente novedad de los problemas. Novedad aparente ya que podríamos remontarnos a Platón y Aristóteles, e incluso a Parménides, como iniciadores de la investigación sobre el lenguaje y el acto comunicativo.
La dificultad, pues, de orientarse en el camino de la comunicación y de sus sistemas proviene de la multiplicidad de sus áreas de estudio. La interdisciplinariedad particulariza las perspectivas y las estrategias metacomunicativas. De este modo, en la producción de saberes relacionados con lo tecnológico se configuran unos principios metodológicos y teóricos que intentan analizar desde una posición instrumental las regularidades empíricas de los tres contextos: el de descubrimiento, el de justificación y el de aplicación. Como afirma Ernst Nagel: las "verdades tencológicas" poseen una lógica de investigación instrumental de metodología empírica evidente. Sin embargo, los fenómenos significativos se mueven en el desolador terreno de la conjentura o de la inferencia. Es, como afirmaba Max Weber, los problemas de la ciencia de la eterna juventud ya que avanza en múltiples direcciones.
Esta ciencia de la "eterna juventud" afecta de una manera especial al territorio y contexto científico de la comunicación, su estructura y funciones. Las teorías de mediano alcance, en terminología de Robert K. Merton, presentan una inestabilidad normativa y unos sistemas de categorización que dan lugar a interpretaciones incompatibles. Así, cada escuela y cada tendencia teórica prescinde del avance acumulativo de las otras corrientes de investigación de tales procesos sociales.
La ambigüedad metodológica y temática sobre la comunicación fluctúa entre un modelo informativo matematizado, o un tipo de discurso científico más propio del ensayo que de la investigación experimental rigurosa. Pero para llegar a la elaboración de un modelo informativo-comunicativo, la pregunta de la que hay que partir es la de fundamentar cuáles son los límites, posibilidades y extensiones de la razón comunicativa, y de la comunicación entendida desde su funcionamiento cultural masivo. En consecuencia, tratar de fundamentar una Ciencia de la Comunicación es tratar de establecer la estructura y función de ésta dentro del conjunto de las instituciones y de los sistemas normativos y simbólicos de la sociedad y de su interacción con el individuo y sus grupos.
Para lograr, no obstante, una perspectiva suficientemente precisa sobre tal pregunta se hace imprescindible. Un repaso histórico de lo que podríamos caracterizar como las dos grandes tradiciones de análisis desarrolladas en nuestro siglo sobre el significado de la Comunicación y Cultura de Masas (v.). Este repaso histórico, entonces, tratará de indagar, en un primer momento, cuáles han sido dos grandes líneas, sus metodologías y temáticas y, a la vez, de donde han extraído el "instrumental" teórico desde el que han llevado a cabo sus respectivos planteamientos.
Únicamente partiendo de una clarificación de las líneas desarrolladas, de sus instrumentos de investigación y de sus evoluciones podremos considerar la realidad o artificialidad del estado de crisis con el que a menudo se califica al estudio de la comunicación y cultura masivas.
Históricamente hay que referirse a dos grandes tradiciones de investigación en el análisis de los mass-media :
- La corriente norteamericana , surgida desde finales de los años veinte.
- Y la corriente europea que sitúa su génesis en los estudios de la "primera generación" de la Escuela de Frankfurt.
La primera tradición intentará establecer un planteamiento empírico con aspiraciones de cuantificación estadística estricta y desde una óptica global de convertir a las Ciencias de la Comunicación en una rama más de las ciencias experimentales.
La línea europea, al contrario, se interesará esencialmente por determinar los aspectos subyacentes y no explícitos de los procesos de comunicación; es decir, los aspectos ideológicos en donde el sistema de comunicación debe de enmarcarse. Por consiguiente, es fundamental hacer una revisión del "universo" temático de las dos grandes tradiciones, exponiendo sus contribuciones y sustantividad y, al mismo tiempo, detallando el contexto general desde el que hay que confrontar los hechos comunicativos con los procesos sociales, sólo así se podrá comprender una problemática teórica y metodológica tan característica del siglo XX.

La tradición funcionalista

La reflexión comunicativa norteamericana viene de la mano de las principales innovaciones tecnológicas y del inicio de la industria de los medios técnicos de comunicación, en sus dos vertientes: como mercado y como condicionamiento psicológico de las actitudes sociales.
Con el libro Propaganda Technique in the World War, obra fechada en l927, Harold D. Lasswell inicia la investigación en el análisis de las interrelaciones entre audiencias y efectos desde una marcada posición funcionalista. El viejo Pragmatismo norteamericano influye en los postulados teóricos que se desarrollarán posteriormente en la Sociología y la Comunicología estadounidienses.
Los estudios sobre comunicación masiva presentan, sin embargo, una constante: una posisicón marcadamente instrumentalista. Ese carácter instrumentalista y prgamatista es el que va a dar unidad a las interpretaciones norteamericanas. Dicha ciencia comunicológica va a seguir una línea que va desde unas primeras concepciones realizadas por sociólogos hasta desembocar en una concepción fundamentada sobre el modelo cibernético de la Teoría Matemática de la Información. Y de aquí se llegará a una etapa caracterizada por la experimentación práctica sobre efectos y audiencias , como se expondrá más adelante de un modo específico. Estas tres etapas principales se observan de una manera bastante nítida en el numeroso grupo de obras referidas a unos u otros temas en la producción intelectual norteamericana reciente.
Desde finales de la década de los años veinte, el fenómeno del surgimiento de una serie de innovaciones tecnológicas transforma vertiginosamente la gran mayoría de problemas relativos a las ciencias denominadas como "sociales". Estas innovaciones técnicas alteran la estructura social y los contenidos de conocimiento y culturales de la gran mayoría de la población. Así, los problemas relativos a las interrelaciones económicas, sociales y políticas pasan necesariamente por la articulación entre los procesos reguladores de la comunicación masiva y la relación conocimiento-cultura. La acción comunicativa mass-mediática se interpreta como uno de los hechos sociológicos más determinantes de la civilización post-industrial. Múltiples problemas humanos de la dinámica de esta sociedad proceden de las influencias derivadas de la continuada repetición de una serie de mensajes difundidos a través de los canales técnicos. Comunicación masiva que se estructura en macroprocesos y microprocesos haciendo constar, a la vez, la existencia de áreas comunicativas diferenciadas.
Ahora bien, la influencia de la comunicación masiva en procesos de estabilización o de cambios culturales o sociales, plantea una formulación de respuestas diversas. Respuestas que, desde los años treinta, se han movido en varias corrientes de análisis y que hoy en día parecen estar en una grave crisis metodológica y epistemológica.
El equilibrio estructural de la organización de la actual Sociedad de Masas, y su coordinación política, descansa sobre un tipo de discursocomunicativo que operaa partir de la categoría de referencia , categoría asimiladora de la lógica de la cultura masiva. La pregunta que surge es: ¿Cuál debe ser el enfoque metodológico adecuado que dé cuenta con detenimiento de los profundos cambios sociales, económicos, políticos y culturales en los que los mass-media inciden de un modo tan determinante?
Para responder a esta pregunta, Harold D. Lasswell establece el primer modelo comunicativo de investigación: El modelo o paradigma vendrá a estructurarse sobre los puntos siguientes: ¿Quién dice?, ¿Qué dice?, ¿A quién? ¿En qué canal?, ¿Con qué efectos?...
La interrelación entre estas preguntas permitirá conocer analíticamente las áreas comunicativos. En consecuencia, con el paradigma lasswelliano se posibilitan unos juegos combinatorios cuyas finalidades y objetivos se aplicarán con ulterioridad a la política y a la propaganda. Para Lasswell, la comunicación tecnológica comportará un conjunto de funciones como son:
a) La supervisión o vigilancia del entorno.
b) La correlación de las distintas partes de la sociedad en su respuesta al entorno.
c) Y la transmisión de la herencia cultural de una generación a otra.
Como se percibe, en el análisis de Lasswell aparecen unas equivalencias biologizantes que remiten a la Teoría Cibernética, enmarcando a la comunicación dentro de procesos informativos más que dentro de procesos sociales e históricos. Este ahistoricismo será una característica fundamental de su paradigma.
El enfoque funcionalista de Harold D. Lasswell resulta ya una excelente muestra de la forma y fondo de la investigación comunicativa de índole práctica. La comunicación se presenta como un proceso que articula los marcos de atención colectivos de las poblaciones post-industriales. Se estable de este modo una estructuración del flujo comunicativo a partir del concepto de conductibilidad, ya sea ésta total o mínima. En este punto, la gran preocupación del Funcionalismo comunicativo no deja de ser el tema de la recepción y del receptor. No es extraño que gran parte de los estudios funcionalistas van a girar sobre la elaboración de modelos comunicativos en los que las técnicas de persuasión social tengan una relevancia básica.
La pregunta entonces sobre: ¿qué hace la comunicación en el conjunto de las relaciones de la sociedad?, eslabona los primeros planteamientos metodológicos norteamericanos. Ahora bien, y como ya se ha señalado, los comunicólogos estadounidienses sintetizaron resultados recogidos en áreas teóricas tan variadas como el Conductismo, la Psicología de la Gestalt, el Funcionalismo, e incluso los hallazgos freudianos sobre lo inconsciente, tanto a nivel privado como anivel colectivo. Los sistemas de motivación con su estudio pormenorizado de los refuerzos positivos y negativos de la conducta pasan a ser el centro de las aplicaciones que sobre efectos van a tener tales planteamientos. Esta variedad teórico-metodológica permitió, en un primer momento, llegar a la aparición de unos avances acelerados y un optimismo que en los analistas europeos van a ser significativamente muy escasos.
Si Harold D. Lasswell puso los fundamentos del Funcionalismo comunicativo, quien lo llevó a su máxima expresión fue Robert K. Merton.
La distinción mertoniana entre funciones y disfunciones permite plantear una comprensión de "alcance medio", como afirma Merton, de las interrelaciones entre sociedad y comunicación. Según Merton, existe un cierto grado de adecuación entre instituciones y valores; mas, hay que tener en cuenta que la estabilidad del sistema no está tanto en la institución cuanto en la función que, a la par, puede ser cumplida por diferentes instituciones.
Función, disfunción y afunción constituyen los ejes desde los que hay que entender los postulados adaptadores y su rechazo del conflicto como fundamentos de la perspectiva funcional-estructural. Y, al mismo tiempo, Merton introduce una distinción entre funciones manifiestas y funciones latentes que posibilita una útil aplicación al estudio de los "mass-media2. Merton, conjuntamente con Felix P. Lazarsfeld , será pionero en el interés por aclarar los niveles en los que se estructuran no sólo las funciones de los "medios" y sus mensajes, sino también desde un punto de vista epistemológico la renovación temática y metodológica que la nueva Sociología de la Comunicación introduce en la Ciencia Social.
En su obra Teoría y Estructura sociales , Merton fundamenta el Funcionalismo comunicativo al enfrentarle con la "Wissenssoziologie" (Sociología del Conocimiento) europea. Para Merton, con los mass-media se abre una nueva etapa entre conocimiento y sociedad, sólo que ahora es posible el estudio de las nuevas modalidades y formas de interrelación entre conocimiento colectivo y medios tecnológicos de difusión de Masas. Las diferencias entre ambas formas de investigación, hecha por Merton, se convertirán en una referencia imprescindible a la hora de describir no sólo el tipo de temática sino, fundamentalmente, la diferente metodología utilizada en cada una de ellas.
Para la Sociología del Conocimiento, llevada a cabo por autores europeos, el problema central del análisis del papel de los "medios" y su cultura proviene del tipo de clasificaciones cognoscitivas y simbólicas que proporcionan a los grupos sociales. La interrelación entre conocimiento-sociedad es percibida desde la herencia intelectual y teórica hegeliano-marxiana; es decir, el ser social condiciona la conciencia. Las formas de conocimiento son, entonces, estudiadas como cosmovisiones históricas. La influencia del Historicismo alemán, la obra de Dilthey y Weber contribuyen de una manera directa en Scheler y Mannheim. La metodología, pues, se estructura dentro del estudio de lo ideológico. Las técnicas cualitativas y de índole histórica se encaminan hacia un paradigma encuadrado dentro de las ciencias ideográficas -históricas- frente a las nomológicas -las de la Naturaleza-, tal y como fueron enunciadas en la polémica del método de las Ciencias Sociales a principios del siglo Xx y en la que Rickert, Windelband o el mismo Weber terciaron.
Frente a la Sociología del Conocimiento europea, Merton contrapone la Sociología de la Comunicación norteamericana. En ésta, lo empírico prevalece sobre lo teórico, utilizándose una metodología en la que las técnicas cuantitativas y de Análisis de Contenido tipifican los procesos comunicativos. la Opinión pública será el fundamento desde el que se lleva a cabo una investigación específica sobre sus valores, gustos, procesos de elección, etc. El funcionalismo mertoniano, conjuntamente con Harold D. Lasswell y Paul F. Lazarsfeld, una aplicación de las funciones, disfunciones y afunciones que los medios ejercen sobre la sociedad de capitalismo avanzado. En este punto, la revisión de la interrelación entre comunicación masiva y Sociedad Post-industrial se hará no sólo en la dirección (más parsoniana) de medios para la integración y la adaptación de la población a las necesidades e imperativos del mercado, sino que también en la obra mertoniana se va perfilando un intento de análisis de la función de influencia social y persuasión que la comunicación está empezando a tener desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Esta problemática se investigará tanto en Teoría y estructura sociales como en el célebre artículo titulado Comunicación de Masas, gustos populares y acción social organizada . Resumiendo el contenido de este artículo, Merton y Lazarsfeld asignan las características siguientes a la difusión comunicativa:
- En primer lugar, los medios asignan status jerárquico a personas e instituciones. Aquí será en donde hay que inscribir su teoría del líder de opinión; esto es, aquellos sujetos que producen identificación en la audiencia. Los medios conceden poder de sugestión a quienes "conectan" con los valores del público.
- El "líder de opinión" proporciona la apariencia de individualización en una sociedad masificada y unificada. La comunicación entonces se inserta en la función de singularización y como resultado los canales privilegiados de los "mass-media" aglutinan los gustos, actitudes y valores de la multitud.
- Pero, asimismo, los aspectos simbólicos y normativos de la acción social se difundirán conformando un proceso de narcotización que está actuando en la creación de una pasividad general. Como se comprueba, cuanto más activos son los mensajes más pasivos se vuelven los receptores-consumidores.
Pese a que Merton y Lazarsfeld no dedicarán ningún estudio a la ideología, sin embargo su posición dentro del panorama de la comunicología norteamericana permanece en ciertas sugerencias críticas. no en vano Lazarsfeld colabora con los autores de la Escuela de Frankfurt antes de quedarse a vivir definitivamente en los Estados Unidos. Esta posición crítica que en Europa será la génesis del análisis sociológico de la Cultura de Masas frente a la Sociología de la Comunicación, no puede ser considerada como una constante del Funcionalismo y mucho menos del Neofuncionalismo posterior.
Se puede sintetizar, por tanto, en las obras de Lasswell, Lazarsfeld, Merton, Katz y Schramm los orígenes temáticos y metodológicos de la Sociología comunicativa de investigación empírica y estadística, así como la introducción y construcción del Análisis de Contenido (Content Analysis) como método cualitativo primordial.
Los medios de comunicación, por la misma lógica del sistema post-industrial y de consumo, se constituyen en la institución simbólico-valorativa que asienta el resto de estructuras. De esta forma, el Funcionalismo representado por los autores anteriores se va a ir sintetizando, desde mediado de la década de los años cincuenta, con los hallazgos de la Psicología Social. Es el momento en el que el Funcionalismo y el Conductismo se dirigen cada vez en mayor medida hacia el estudio de efectos y audiencias, relegando el tema de los canales y, sobre todo, el del emisor que será el gran tabú del estudio comunicológico. La unión entre sociología funcionalista y psicología conductista constituirá el modelo de investigación prevaleciente hasta nuestros días. Los problemas, empero, que van a surgir de la aplicación metodológica de ambos paradigmas estarán gravitando en la conversión de la crítica europea de la comunicación en estudio del nuevo modelo cultural derivado de ella.


La aplicación de las teorías psicológicas en el análisis de la Comunicación de Masas

La sincronización del psicoanálisis freudiano con el Funcionalismo se hacía imposible no sólo por sus contenidos conceptuales sino por su estructura metodológica. La Psicología de la Gestalt, por su lado, no era un instrumento de fácil utilización para el Funcionalismo. El Conductismo, sin embargo, aportaba un sistema de categorización en la que los componentes cognoscitivos se conciliaban con los postulados del método funcional. Pero la síntesis se produce fundamentalmente por la orientación del Conductismo hacia la temática de las necesidades y de la motivación de estas necesidades. Se entra, de este modo, en una de las metodologías en donde se adecúa lo social y lo individual a través de los mecanismos psicológicos adaptativos de la comunicación masiva.
Por tanto, en la investigación norteamericana se unifican una serie de líneas anteriores de investigaciones tales como el Asociacionismo, la Reflexeología y el Pragmatismo. A partir de la asimilación de estos planteamientos, el Conductismo se centra en un estudio del aprendizaje humano entendido desde los procesos básicos de la motivación en la conducta animal siguiendo el esquema del funcionamiento de Estimulo-Respuesta (E-R). Este esquema de la conducta animal se extrapolará de un modo un tanto simplista a la conducta humana. Todos los procesos simbólicos y valorativos son rehusados en el paradigma conductista de manera que se explica al ser humano a través de procesos de motivación en los que la modificación de la conducta se realizará mediante el uso de refuerzos positivos y refuerzos negativos que incentiven o inhiban determinados comportamientos en direcciones específicas. Así, las etapas del movimiento conductista desde sus análisis sobre el aprendizaje animal hasta sus aplicaciones seguirá la siguiente trayectoria:
1ª) La primera etapa se abre con la obra de John B. Watson y supone la enunciación experimental de los principios de Estímulo y Respuesta.
2ª) La segunda versión del paradigma conductista estuvo encabezada por Neal E. Miller, John Dollard y las investigaciones de Hovland en la Universidad de Yale.
3ª) Los autores fundamentales del Conductismo "duro" con nombres como los de George C. Homans, Albert Bandura y, sobre todo, el más conocido: B.F. Skinner.
4º) El paso del Conductismo académico a investigaciones privadas realizadas por empresas multinacionales con fines comunicativos y de consumo se lleva a cabo desde finales de la década de los años sesenta. Es la mutación de un modelo psicológico en un tipo de aplicación con objetivos comerciales y cuyo fundamento es el conocimiento de las motivaciones y efectos persuasivos elaborados de una manera artificial.
La Escuela de Yale, bajo la dirección de Carl I. Hovland, aplicará definitivamente los esquemas conductistas a los fenómenos de persuasión. Aplicando un método estadístico-experimental las conclusiones a las que llegada el grupo de Yale se pueden resumir en:
- La credibilidad colectiva que tenga un comunicador o emisor puede operar cambios constatables de actitud. Las actitudes sociales, pues, pueden ser enfocadas mediantes técnicas precisas de índole psicológica.
- El cambio actitudinal aumenta progresivamente con la credibilidad del emisor. Pero la inversa es también un hecho; es decir, a baja credibilidad el cambio se hace poco menos que imposible.
- En relación al mensaje, en sí mismo, ha de contener elementos persuasivos que induzcan al temor. Ahora bien, tales elementos si no son sopesados con métodos que reduzcan ese temor hacia estados psicológicos asimilables por los sujetos persuadidos produce el efecto contrario: el "efecto boomerang".
- Lo anterior desarrolló la investigación sistemática del método de inoculación , según el cual el auditorio puede tener posibilidades de conocer argumentos contrarios debilitados contrarios al mensaje persuasor. Así, se trata de proporcionar unos "ciertos puntos de vista contrarios" de manera que el persuadido no sienta la persuasión.
Se puede considerar, en consecuencia, que la evolución de la Sociología de la Comunicación de Masas elaborada en los Estados Unidos gira sobre la construcción de modelos psicosociológicos en donde la síntesis funcional-conductista permita un cada vez mejor entendimiento de los elementos que refuerzan o eliminan y debilitan conductas. De aquí que la lógica de la persuasión de los mensajes mediados pase a ser, conjuntamente con el uso de técnicas psicológicas, el núcleo central de las últimas investigaciones producidas en la década de los años ochenta y noventa.


El rumbo experimental y práctico de la Sociología de la Comunicación de Masas actual

Las circunstancias históricas de las últimas décadas y el paso de la sociedad post-industrial norteamericana a formación económica, política y cultural dominante en el contexto internacional mundializado ha determinado que la Comunicación de Masas se constituya en uno de los fundamentos esenciales de su hegemonía. Como comprobación empírica de esta afirmación no hay más que realizar un somero repaso a las producciones mass-mediáticas, y sus mensajes tanto manifiestos como latentes y subyacentes, desde la crisis de l973. La penosa decadencia cinematográfica, salvo honrosas y escasas excepciones, o los temibles productos televisivos son pruebas de una situación histórica en la que los mass-media poseen una significación ideológica de la que no cabe duda. Las estrategias comunicativas se vuelven imprescindibles en una sociedad en la que las Masas y la Opinión pública se convierten en factores políticos de primera magnitud. Desde las campañas de propaganda política hasta los enormes gastos publicitarios hechos por los monopolios transnacionales, pasando por las agencias de medición de la Opinión pública, se puede afirmar que la construcción de técnicas psicosociológicas no ha hecho sino ir en aumento. Por consiguiente, la investigación de efectos se muestra como la estrategia de estrategias de la actual investigación sobre la influencia de los mass-media en la sociedad de capitalismo tardío, en términos de Jürgen Habermas. Resumiendo, pues, estas estrategias pueden resumirse del modo siguiente:
* El examen y previsión de los efectos que se pretenden alcanzar y de aquellos fenómenos que provocan la correspondiente comunicación persuasiva.
* El conocimiento objetivo de las características específicas de los receptores-consumidores.
* Y, como cierre de todo el proceso, el desarrollo de mensajes apropiados que lleguen al público a través de los canales tecnológicos y que sean capaces de producir los efectos pretendidos.
En definitiva, la comunicología estadístico-experimental, en gran medida, ha variado sus objetivos académicos, y como matiza y se considera en la Sociología crítica de la Comunicación: la persuasión política cada vez se parecerá más a los contenidos y mensajes de la propaganda comercial. La modificación de actitudes y motivaciones, inspirándose en la Teoría de la Consistencia de Heider, el principio del esfuerzo hacia la simetría de Newcomb, el principio de Congruencia de Osgood y Tannenbaum y, especialmente, la Teoría de la Disonancia Cognitiva de Leo Festinger, ha conducido en la actualidad al estudio empírico y a la elaboración de modelos en los que el papel del emisor, receptor, mensaje, canal y efectos se componen, descomponen y recomponen al modo de rompecabezas y en los que se evalúan sus variaciones y consecuencias. El Neofuncional-conductismo contemporáneo, no obstante, sigue centrándose en el tema del receptor y, en especial, tanto los modelos comunicativos de Gerbner, los de equilibrio y coorientación de Newcomb, los de Wetsley y MacLean o los de Riley y Meletzke, aparte de los de tendencia transaccional y los de intercambio de metodología microsociológica y etnometodológica, como los modelos de la teoría de la Difusión (Kiefer), el nuevo análisis de actitudes (Jahoda, Warren, Malloran, Insko, etc.) y la Psicología de la Influencia Social de McGuire, representan intentos diferentes para enfocar el estudio actual de las intenciones, necesidades y objetivos de la colectividad.
Frente a las aplicaciones prácticas, comerciales e ideológicas, de la Sociología de la Comunicación neofuncional hay que referirse a la simultaneidad de otra gran corriente comunicativa de carácter crítico. Por un lado, en las posiciones europeas autores como los estructuralistas (R. Barthes, J. Baudrillard en su primera etapa, e incluso J. Lacan), neoestructuralistas constructivos como Pierre Bourdieu y semiólogos como Umberto Eco y Julia Kristeva y, por otro, las perspecivas norteamericanas como las de Noam Chomsky y Herbert Schiller desde una actitud de compromiso o las conservadoras como las de Daniel Bell, Edward Shils y, en algún sentido, Dwight MacDonald, plantean una indagación de la Comunicación de Masas orientada hacia el nuevo modelo cultural en el que los símbolos, valores y códigos de conducta son tomados de los mensajes mass-mediáticos. De este modo, la clasificación de las dos grandes Sociologías de la Comunicación, -la experimental desarrollada preferentemente en Norteamerica y la culturalista creada, sobre todo, en Europa y con clara inspiración en las obras de Marx, Freud y Saussure-, gira sobre los enfoques temáticos, epistemológicos y metodológicos que sirven como núcleo de sus análisis. En tales enfoques hay que citar necesariamente una línea intermedia entre los planteamientos norteamericanos y los europeos. Esta línea es la encabezada por Noam Chomsky y Herbert Schiller quienes, respectivamente, se acercan a la comunicación desde la Política y la Economía.
Fundamentalmente es Herbert Schiller quien en sus obras más relevantes como son: Comunicación de Masas e imperialismo yanqui, La manipulación de los cerebros, Información y Economía en tiempos de crisis y El poder informático, replantea las conexiones globales en las que se enmarcan los procesos de comunicación. En este sentido, Schiller renueva la comprensión de los medios ya que se acerca a fenómenos que habían sido minusvalorados como, por ejemplo, el papel de la industria Walt Disney en la transmisión ideológica de los valores de la sociedad norteamericana, la National Geographic como difusora de imágenes estereotipadas de los países y de las culturas o la función de las encuestas de opinión para dirigir y encauzar al votante y al consumidor. Estas contribuciones han influido en autores como Armand Mattelart (Para leer el Pato Donald ) Ariel Dorfmann y, en general, toda la Sociología comunicativa latinoamericana. Asimismo, la influencia de la Sociología económica de Schiller se percibe en la reciente posición desarrollada principalmente en Francia por P. Flichy (Las multinacionales del audiovisual) e Y. Eudes (La colonización de las conciencias). Se abre, en definitiva, una importante vía de investigación en la que las interrelaciones sociopolíticas, culturales y económicas se articulan con la comunicación de masas entendida como el aparato ideológico -en concepto de Althusser- imprescindible para el mantenimiento del neocapitalismo y sus reajustes estructurales.
Por último, no se puede olvidar el desarrollo de unas direcciones de la Sociología de la Comunicación estrechamente relacionadas con el campo de las Relaciones Internacionales. La UNESCO, con el famoso Informe Mac Bride sobre el flujo comunicativo mundial y sus centros de poder, y el CIESPAL en Latinoamerica, supusieron los puntos de inflexión de la creación de políticas comunicativas en las que imprimían nuevos giros a su control internacional. A partir de estos planteamientos se ha entrado en una búsqueda de conciliación teórica entre los presupuestos de los análisis sobre la mundialización del capitalismo desarrolladas por Immanuel Wallenstein, e incluso los estudios de Paul Sweezy sobre el nuevo desorden económico publicados en la Monthly Review, y la expansión de los mass-media considerados, a la par, como procesos ideológicos mundializados. Autores como Tapio Varis, Kaarle Nordesntreng, Osvaldo Sunkel, Karl P. Sauvant, entre otros representantes de países dependientes, resaltan los procesos supranacionales de concentración económica, política y cultural en los que la actual sociedad post-industrial se encuentra enmarcada. En suma, la variedad de propuestas teóricas frente al desequilibrio comunicativo internacional se está convirtiendo en uno de los fundamentos más sólidos de la investigación comunicativa actual.
Como conclusión provisional, se puede atestiguar que nos encontramos ante un área sociológica cada vez más dicotomizada en dos perspectivas dominantes: la de carácter práctico y experimental al servicio de finalidades comerciales e ideológicas y, frente a ésta, una posición sociopolítica que trata de explicar el conjunto de las interrelaciones globales en las que la Comunicación de Masas cumple un papel de primera magnitud.